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Venecia, la ciudad que sorprende por su magia y misterio

La Plaza de San Marcos, los palacios del centro histórico y los museos son espectaculares. Pero no todo pasa por allí. Hay una Venecia que no viene en las guías convencionales, es la Venecia de los venecianos.


El primer impacto al llegar a Venecia es mágico. "Una cosa es que te lo cuenten... y otra es vivirla en carne propia", reza el dicho popular. Pues sí, en este caso particularmente son dos situaciones radicalmente distintas. Por más que mil veces uno haya escuchado relatos de viajeros, visto fotos, películas o documentales, o haya leído novelas e historias ambientadas en la famosa ciudad de los canales, es imposible no sorprenderse al llegar. Qué decirles si arriban en tren a la estación Santa Lucía, salen a la explanada de la terminal y se topan en un abrir y cerrar de ojos con la primeva visión del Gran Canal, esa gran avenida que fuera definida como "la calle más bella del mundo", aunque curiosamente es de agua. O cómo describirles las sensaciones de aterrizar en el aeropuerto Marco Polo, en la parte continental de Mestre y a las orillas de la laguna, y trasladarse desde allí en vaporetto (una especie de colectivo acuático) hasta los hoteles de la céntrica plaza San Marcos en una espectacular travesía de una hora veinte. Créanme que esas imágenes, esas instantáneas, esos momentos son inolvidables, irrepetibles, imposibles de capturar con un puñado de palabras... Es tan fuerte lo que moviliza en el visitante que algunos hasta se animan a decir que Venecia no es una ciudad, sino un estado de ánimo. Y, sin exagerar, algo hay de cierto.
Venecia, desde su origen, convive con el agua: los primeros habitantes para escapar de las incursiones de los bárbaros se refugiaron en la laguna, y a causa del terreno pantanoso se vieron obligados a construir casas apoyadas en pilares para vivir. Estas, poco a poco, fueron convirtiéndose en una de las ciudades más singulares del mundo, que viven en torno al agua y cuya calle principal es el Canal Grande. Sus cuatro kilómetros cruzan la ciudad en forma de "S" invertida desde la plaza de Roma (el último lugar de Venecia hasta el que se puede llegar en auto) hasta San Marcos, y al navegarlo en vaporetto (ver aparte) se pueden admirar los espectaculares edificios y palacios del siglo XII al XVIII que se encuentran a ambos lados. Esta travesía es también una de las mejores maneras de observar la vida cotidiana del lugar, con las lanchas como servicios de ambulancia, correos y policía o las embarcaciones que venden pescado o frutas, y hasta incluso uno puede encontrar barcos fúnebres. Todo en Venecia está unido al agua, convirtiéndola de este modo en una ciudad singular donde el espacio, los movimientos y hasta la manera de pensar se miden de otro modo.
Venecia está integrada por 118 islas comunicadas por 150 canales y 455 puentes, situados sobre una laguna salada y pantanosa abierta al mar Adriático. La ciudad está dividida en seis barrios: Dorsoduro, Santa Croce, San Polo, San Marcos, Cannaregio y Castello. Entre las islas lagunares más grades y turísticas están Giudecca (desde donde se puede apreciar uno de los mejores atardeceres de Venecia), Murano (famosa por la producción de vidrio artístico artesanal -soplado-), Burano (destacan sus fachadas de colores y su producción de encaje de hilo) y Lido (se encuentran las playas a mar abierto de Venecia y sede del reconocido Festival Internacional de Cine). 
Pero si es la primera vez que visita Venecia le será imposible esquivar algunas atracciones obligadas y donde se concentra el turismo masivo:
Plaza San Marcos: Es el corazón de Venecia. Napaleón la definió como "El salón más bello de Europa". En ella se encuentran los edificios más representativos de la ciudad, como la Basílica de San Marcos (realice la visita a primera hora de la mañana para evitar las filas de turistas esperando por entrar), el Palacio Ducal (es el más lindo de Venecia; no se pierda la visita guiada que se ofrece en varios idiomas, incluso en español) y el famoso Puente de los Suspiros, que aunque muchos crean no es un puente dedicado al amor. Dicho puente unía los tribunales con la cárcel y cuando una persona era condenada tenía que pasar por allí para ir a la prisión y era probablemente la última vez que vería el Gran Canal y suspiraba de pena. La plaza San Marcos es el centro de la vida turística en Venecia, un lugar de encuentro donde la gente por la noche se reúne para tomar un café, curiosear en las tiendas de la zona y escuchar a las extraordinarias orquestas que actúan en las terrazas de los numerosos bares. 
Campanile de San Marcos: Es el edificio más alto de Venecia. Subiendo a su torre se tiene la mejor visión panorámica de la ciudad.
Museo Correr: Es el más importante de Venecia. Narra la historia de la ciudad desde su fundación hasta su adhesión a Italia en el siglo XIX.
Palacio Ca' Rezzonico: Es uno de los pocos palacios de Venecia que se pueden visitar en su interior, lo cual permite deambular por todos sus salones y habitaciones y hacerse una idea clara de cómo se vivía en la ciudad de los canales en el siglo XVII. Alberga en su interior al Museo del Settecento Veneziano.
Academia de Bellas Artes: Está al pie del puente Academia y alberga la mayor colección de arte veneciano del mundo. Contiene obras maestras de pintores de la talla de Tintoretto, Tiziano, Veronés, Canaletto y Bellini.
Museo Guggenheim: Está ubicado en el Palacio Venier dei Leoni sobre el Gran Canal. Es uno de los más destacados en arte de la primera mitad del siglo XX, con obras cubistas, surrealistas, futuristas y del expresionismo abstracto.
La Gran Escuela de San Rocco: Fue uno de los grandes gremios venecianos y alberga 56 pinturas de Tintoretto en el opulento interior.
Puente Rialto: Es el más antiguo de los cuatro puentes que cruzan el Gran Canal, se construyó en 1588, y tiene una doble fila de tiendas que lo bordea. En sus alrededores se concentran los mercados de alimentos de la ciudad desde 1097. Allí se venden frutas, verduras y pescados, y es muy pintoresco y colorido observar a los venecianos que llegan al lugar para abastecerse. Está abierto todos los días de 9 a 12. Las calles próximas están llenas de tiendas de alimentación donde se vende aceite de oliva, embutidos, quesos y distintos tipos de pastas. 
El Ghetto: Fue el primer gueto judío, dando su nombre a todas las comunidades judías restringidas de Europa. Está en Cannaregio, un barrio lejos de los turistas y donde se puede ver la vida real de la gente que vive en Venecia. Es difícil identificar donde empieza el gueto, pero hay un restaurante de comida kosher que se llama Gam Gam, y la calle de al lado es considerada como la puerta del viejo barrio judío. Allí se puede recorrer el interesante Museo Judío y la sinagoga.
Pero Venecia es mucho más que visitar museos, iglesias y palacios. Más allá de la plaza San Marcos y sus alrededores se esconde una Venecia enigmática no frecuentada por las hordas de turistas guiadas por banderitas de colores de los tours. Es la Venecia de los venecianos, de la gente que nació y trabaja en esta ciudad.
Así, para intentar capturar la esencia de esta ciudad es imprescindible romper la burbuja turística y conocer la Venecia callejera, entre canales y plazas, donde el tiempo parece haberse detenido, donde el anacronismo se mezcla con ráfagas de modernidad. Y para ello no hay otra opción que caminarla y navegarla en vaporetto (ver parte) tal cual lo hacen los lugareños, de día y de noche, huyendo del área de turismo masivo (concentrado en el eje puente Rialto-plaza San Marcos), a veces con el mapa en la mano y otras directamente sin horario ni rumbo fijo, descubriendo rincones curiosos y semiocultos de la ciudad, confundiéndose con los lugareños, perdiéndose entre sus laberínticas callejuelas, regresando sin querer al punto de partida para volver a empezar.
Para descubrir la Venecia de los venecianos, cotidiana y modesta, alejada de los senderos abarrotados de turistas, se necesita paciencia y tiempo, hay que andar y andar mucho. 
Así, los mejores barrios para "perderse" en Venecia son sin duda Dorsoduro y Canareggio, y las islas de Burano, Murano y Giudecca. Allí podrá respirar cotidianidad. Observar casas hundiendo sus pilares en el agua, muelles flotantes añejados por la humedad, venecianos yendo y viniendo de sus trabajos, escolares acompañados de sus madres, diminutas embarcaciones que trasladan productos esenciales y mujeres que tienden la ropa en las cuerdas de las calles, una imagen imposible de ver en el centro. También se encontrará a su paso con mercados de alimentos, talleres artesanales, bares típicos frecuentados por lugareños, galpones de construcción y reparación de góndolas como el ubicado en la calle Fondamenta Nani (Dorsoduro).
Por ello, el mejor consejo que uno puede dar a quien visite Venecia es que no siga los carteles que se encuentran en muchas esquinas y que indican la dirección a Rialto y San Marcos, no tome ese camino, no siga esas flechas, vaya en la dirección contraria, piérdase, porque es la única manera de intentar descifrar los secretos de esta enigmática ciudad.
Despedirse de Venecia no es tarea sencilla ya que al alejarse en vaporetto rumbo al aeropuerto Marco Polo y contemplar la espectacular vista de la ciudad a la distancia es inevitable no concluir que uno debería haber estado más tiempo, que dos o tres días fueron escasos, que quedaron muchas callejuelas, palacios, museos, barrios y bares por recorrer, demasiados paisajes singulares para ver. La sensación que a uno le queda es que no consiguió atrapar la ciudad, no logró capturarla, que se le escapó entre los dedos.
El escritor norteamericanao John Berendt, en su libro "La ciudad de los ángeles caídos", intenta descifrar justamente esta Venecia secreta y casi mágica, que se resiste obstinadamente a mostrar su verdadero rostro a los miles de turistas que la visitan diariamente. Así, en un exquisito recorrido narrativo da cuenta cómo los suntuosos palacios, las viejas góndolas, los melancólicos canales, las valiosas obras de arte, la imprevisible geografía de sus calles se complotan para esconder el espíritu singular de Venecia.
Es que estamos, sin lugar a dudas, frente a la ciudad más enigmática y escurridiza de toda Europa.

Fuente: Sin Mordaza / La Capital

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