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Back LA ENTREVISTA Mario Rapoport: Si no se para la inflación vamos a entrar en una situación hiperinflacionaria

Mario Rapoport: Si no se para la inflación vamos a entrar en una situación hiperinflacionaria

Pagarle a los fondos buitres y tomar nueva deuda es un mal ejemplo para el mundo, según el especialista que compara las medidas actuales con las iniciadas por la última dictadura cívico-militar. El riesgo de la hiperinflación, la renuncia de la burguesía nacional y la historia como un ida y vuelta.

Pablo Russo

Mario Rapoport, licenciado en economía política y doctor en historia, brindó una conferencia en Paraná con motivo de los 50 años de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER). Antes de su disertación titulada “La deuda externa argentina y la soberanía jurídica”, recibió a DOS FLORINES para conversar sobre el panorama económico actual.

-En algunos sectores se entiende la reconstrucción de los vínculos con los organismos crediticios como un “volver a estar en el mundo”, ¿Qué piensa usted?

- Bueno, es una desgracia que la Argentina vuelva al mundo en un momento de crisis mundial como el actual. En realidad, Argentina estaba en el mundo con el gobierno anterior y a pesar de eso la crisis no la tocó demasiado porque se había profundizado el mercado interno y la industria local, y todo eso permitía de alguna manera aislar a la economía local de los efectos de la crisis. Y la Argentina no se dejó de beneficiar de los aumentos de los commodities.  Estábamos en el mundo, pero otra cosa es estar en el mundo de las finanzas usureras, esa es otra historia. Ese mundo nos llevó a la crisis del 2001, y antes a la de 1981 con la dictadura militar. Fue el financiamiento externo el que permitió los primeros pasos de (José) Martínez de Hoz, y luego con el gobierno de (Carlos) Menem, que nos llevó a esas crisis. Si nosotros analizamos las crisis principales de la Argentina, vemos que estas se produjeron bajo gobiernos de orientación liberal o dictaduras. Es el proceso de endeudamiento constante que tuvo nuestro país. Hasta que llegó un gobierno que quiso desendeudarse, cumplir, pagarle al FMI para evitar ser controlado, y hace el canje de deuda. Pero eso no está bien visto en el ámbito financiero internacional, porque el problema esencial es que las finanzas que hoy dominan la economía mundial viven de los intereses de la deuda: para ellos lo ideal es la deuda eterna de los países periféricos. No es que el gobierno anterior no quiso pagar: pagó todo respetuosamente, pero lo que interesa es que el país siga endeudado y bajo el control de los organismos de créditos internacionales. Y esto no es una buena señal para el mundo, porque sigue viviendo la crisis de 2008 que se ha trasladado más a Europa, y esto afecta las reestructuraciones de futuras deudas de esos países que ahora deberán pagar el 100%. Es un mal ejemplo porque pone en dudas el repago de estas deudas, incluso.

 

- ¿Tomar nueva deuda no favorece la situación externa, entonces?

- La crisis continúa en el mundo y no podemos pensar que el pago de la nueva deuda va a originar muchos cambios en la situación externa de la economía argentina porque no hay lugar para obtener mayores exportaciones. El comercio mundial ha descendido entre el 10 y el 20% en este tiempo y no se ha recuperado; las commodities ya no están al nivel que tenían antes y ahí hay un bache de deterioro en el nivel de intercambio; y el financiamiento externo está en dificultades y más lo va a estar en un país donde la capacidad de repago está condicionada por la nueva deuda. Además, habrá que ver si los inversores extranjeros invierten en actividades productivas, cosas que la historia demuestra que no lo hacen. Por otro lado, menos interés van a tener de invertir en un país que tiene que pedir deuda para sus gastos comunes. No es una situación favorable.

 

-¿Estábamos en crisis?

- El país no estaba en crisis (se dio a conocer el índice de crecimiento del año pasado que fue de más del 2%), así que se inventó una crisis mediática, política (el tema es político, sobre todo). Obviamente no era una maravilla, había cosas que corregir: el gobierno anterior no profundizó determinadas medidas políticas como cambiar leyes del gobierno militar, por ejemplo la de inversiones extranjeras o de entidades financieras, que no favorecían esa política de desendeudamiento. Había errores, casos de corrupción, pero eso es normal dentro del sistema. Como decía (Aldo) Ferrer: bajo los gobiernos populares la corrupción tiene que ver con mecanismos del Estado; bajo gobiernos liberales tiene que ver con la deuda externa, y eso siempre es mucho mayor. De modo que el tema es serio, pero tiene que ver con ciclos. En el ciclo de los gobiernos populares en América Latina se cometieron algunos errores, sobre todo políticos, y sobre esos errores se han abalanzado los establishments de los distintos países. No es solamente Estados Unidos, sino los sectores internos los que quieren bajar gobiernos, como ahora en Brasil.

 

-¿Encuentra similitudes entre el programa de Martínez de Hoz y el actual?

- Evidentemente hay muchas similitudes. Yo le diría a la gente que lea el primer discurso de Martínez de hoz, que es muy significativo, donde dice que uno de los objetivos principales es combatir la inflación y volver al mundo. El resultado fue contradictorio, la inflación no se paró. El otro objetivo de ese gobierno fue bajar el costo de los trabajadores. Hoy se baja a través del aumento de precio y el no aumento de los salarios en la medida que permita igualar ese ajuste. Luego, la inflación también ha aumentado notoriamente, y si no se para vamos a entrar en una situación que puede ser hiperinflacionaria. Hubo medidas de ajuste y luego financiamiento externo, muy parecido a las medidas de Martínez de Hoz, aunque hay diferencias políticas, coyunturas externas distintas. Lo interesante del caso es que el nuevo gobierno subió apoyado por un gran poder mediático y por otros recursos (no las botas, sino los votos), se apuró a practicar medidas de ajustes antes de que se instalaran las instituciones normales (el Congreso Nacional), como queriendo acentuar políticas que después podían ser discutidas o criticadas. De modo que no respetó principios democráticos, que es lo que le criticaban al gobierno anterior. En realidad vinieron con mano dura: gerentes de empresas que despidieron gente y plantearon un ajuste, una gran devaluación, y ahora el arreglo con los fondos buitres.

 

-¿A eso se refiere cuando habla de “fascismo liberal”?

- Sí, es un fascismo liberal. Y digo fascismo en el sentido de autoritarismo. Despedir empleados sin ton ni son implica que lo que quieren es bajar el gasto público mano militari, injustamente. Hay también revanchismo que algunos comparan con la Revolución Libertadora de 1955. Además, Estados Unidos quiere volver a asumir una posición hegemónica que había perdido en un mundo más multipolar. Desde el punto de vista económico no lo va a poder hacer, porque las economías emergentes tienen más proyección a futuro que Estados Unidos, cuya economía productiva está declinando, como le pasó a Gran Bretaña a principios del Siglo XX: la General Motors quebró; hay 7 u 8 Estados en quiebra; Detroit, la ciudad símbolo de los automóviles, está en quiebra… por lo tanto la situación económica de los Estados Unidos se sostiene porque tienen la moneda internacional, pero eso también está en discusión ya que los chinos quieren imponer el yuan. Esto es un proceso que va a seguir. Ahora vivimos el retorno de sectores privilegiados que tenían el poder y en alguna medida lo habían perdido, pero es una ilusión porque a la larga o a la corta va a haber otra reacción como la hubo en el pasado.

- ¿Qué tipo de reacción?

- Política, en la medida que la gente vaya descubriendo que su bolsillo ha menguado, al sentirse tocada. Y esto va a depender de que haya fuerzas políticas que tomen esto. Va a tardar un tiempo, pero a la larga esto se produce, es inevitable: la historia es una ida y vuelta. Y también es como una medusa, algo que podemos agarrar y se nos escapa de las manos… El consenso no existe en ningún país, siempre hay confrontación porque hay puja por la distribución del ingreso entre distintos sectores. Entonces, lo que antes se le daba a unos ahora se le intenta dar a otros. Lo curioso es que esos sectores, el agroexportador y el minero, son los que más ganaron en el período anterior, pero quieren seguir ganando más aún. Ese es uno de los problemas de la Argentina; el otro es que no tiene burguesía nacional.

 

-¿En estos 12 años de kirchnerismo no se tomaron medidas en ese sentido?

-Hubo medidas: la creación de la Secretaría de Ciencia y Tecnología; el Invap y los satélites que se lanzaron; dentro del CONICET también hay sectores muy desarrollados. Pero no sé ahora que va a pasar con todo eso porque están cambiando las políticas. Hay un problema de pérdida de sentido de lo nacional.

 

Riesgos con la inflación desbocada

Hay posibilidades de una hiperinflación porque se han disparado los precios de una manera impresionante, y si no hay detrás de eso una demanda que pueda absorber ese aumento de precios esto va a seguir disparándose. Lo principal es eso: la relación entre producción y demanda, entre oferta y demanda. La importación de bienes, si es que vienen, va a perjudicar a la industria nacional, es decir al empleo. Sin empleo habrá menos demanda, y eso disminuye más la posibilidad del poder adquisitivo. En la economía son todas variables que se tocan entre sí, una y otra influyen sobre la siguiente. Yo creo en el país, creo que tenemos fuerzas como para salir adelante, no sé si con este gobierno o con el que sigue, pero el problema es también político: este es un país que parece que depende de los salvadores de la patria, y generalmente estos han sido ruinosos, de modo que hay que ver las fuerzas políticas que aparezcan y que puedan contrarrestar este rumbo en futuras elecciones. Y hay que ver si ciertos sectores de la clase media se convencen de que el revanchismo, o de que sus sentimientos contra determinados sectores, se contradicen con la realidad efectiva que van a tener sus vidas con estas políticas cuando le toquen el bolsillo.

 

Agroexportador e industrial…

El modelo madre es el agroexportador, la industrialización surge porque el país no puede vivir solo de la agro exportación, porque eso puede alimentar y dar empleo a un tercio de su población como máximo. ¿El resto de los que vivimos acá de qué trabajamos? Además, todo país que es potencia es industrializado, incluso los que empezaron como nosotros, como Australia o Canadá. La industrializaciones es absolutamente necesaria, pero los sectores que tenían el poder de invertir en la Argentina y fomentar esa industrialización no lo hicieron; fugaron los capitales, los llevaron a industrializar otros países o los dejaron en las cajas fuertes de los países fiscales. Entonces hay como una renuncia de esa burguesía nacional al desarrollo del país. Hubo intentos aislados, pero nunca profundizaron demasiado.


¿La historia se repite?

Hay que mostrarle a la gente que el presente es un espejo de nuestra historia, en el que volvemos a repetir errores. Hay que analizar la coyuntura externa, la situación interna, y romper esa cosa puramente economicista de los ortodoxos que quieren resolver los asuntos como formulas matemáticas, que ayudan por supuesto, pero el tema es más complejo: es lo económico pero junto a esto también el análisis político y sociológico, y todo es un equilibrio muy precario.  Este es el mundo en el que tenemos que vivir, y lo que queremos es que en la Argentina haya políticas que permitan la mejor distribución del ingreso, mayor producción basada no solo en los sectores tradicionales sino en nuevos sectores que den empleo y permitan crear nueva tecnología. Eso es esencial, tenemos que seguir en esa batalla. Lo que está pasando ahora va a pasar, estamos todavía en una especie de prehistoria a la que retrocedemos. Habrá que volver a avanzar.

 

Ficha técnica

Mario Rapoport es profesor, investigador del CONICET,  e integrante del Grupo Fénix. Sostiene una visión interdisciplinaria que abarca distintos aspectos de la historia económica, política y social de la Argentina y de otros países. Se graduó de Licenciado en Economía Política en la Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires (UBA), y de Doctor en Historia en la Universidad de París I-Sorbona. Es Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires, dirige la Maestría en Historia Económica y de las Políticas Económicas, y la Revista Ciclos en la historia, la economía y la sociedad. Escribió y editó más de 20 libros publicados en Argentina y en el exterior. Además es autor de ensayos y artículos para libros y revistas científicas y colaborador en medios nacionales, provinciales y extranjeros.

 

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