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Para Etchebarne, en las naciones con mayor libertad económica el ingreso promedio es más alto

La desigualdad disminuye sustantivamente en aquellas naciones que adoptan instituciones liberales, asegura el economista Agustín Etchebarne, director general de la Fundación Libertad y Progreso. Dos Florines

Argentina ocupa el puesto 149 en el índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage que nuclea a 180 naciones y un salario promedio anual ajustado por inflación de US$ 17.100 a tipo de cambio oficial, es decir menos de la mitad de España en el puesto 58 con US$ 36.200.

 Así se aseguró en el Foro de Davos, donde la organización inglesa Oxfam presentó un informe en el que indica que creció la desigualdad en las naciones más pobres por la pandemia durante el 2020, e hizo énfasis en la redistribución como principal mecanismo de sustento.

En este sentido, Agustín Etchebarne, director general de la Fundación Libertad y Progreso (que expresa lo más genuino del pensamiento liberal argentino) indicó que la única manera de generar progreso genuino es mediante la “adopción de las instituciones liberales y la libertad de mercado benefician a todos los miembros de una comunidad”. Además agregó que históricamente la gran mayoría de las personas vivían en la pobreza. En las últimas 3 décadas, sin embargo, hubo una disminución del 80% de la pobreza extrema en las últimas y hoy en día hay 250 millones menos de personas extremadamente pobres en el mundo.

En este marco, la Fundación Libertad y Progreso propone la implementación de medidas que tiendan a la creación de la riqueza antes que en lugar de la distribución.

Trabas y distorsiones.

La Licenciada Dulcinea Etchebarne, Investigadora en Libertad y Progreso explicó que “Alguien que se hace rico en un mercado que no tiene distorsiones, como por ejemplo trabas legales o corrupción, lo hace beneficiando a los que consumen su producto o servicio y genera trabajo” y advierte que “no hay que sucumbir ante una retórica de suma cero ya que se necesita la creación de riqueza para que la prosperidad sea continua”.

Oxfam generalmente señala que el 1% de la población se queda con el 82% de la riqueza producida a nivel mundial. Sobre este tema, el director de la Fundación advierte que “si se le incauta al 1% más ricos el total de su fortuna de US$1,5 billones para repartirlo entre los 3.500 millones más pobres del mundo equivaldría a 429 dólares por persona. Durante un año, los más pobres, que viven con 1,5 dólares por día, podrían consumir casi el doble: 2.67 dólares diarios. Pero al año siguiente volverían a su estado anterior, ya que no habría fortunas para confiscar y no se podrían cobrar impuestos. Habríamos destruido la máquina de crear riqueza”.

Dulcinea Etchebarne señala que la redistribución atenta no sólo contra el consumo sino además consecuente e inexorablemente a factor de la desigualdad “Redistribuir significa volver a distribuir “por la fuerza” lo que pacíficamente ya habían distribuido los consumidores”

Ambos investigadores concluyen en que el progreso tecnológico y económico en un principio puede hacer que la desigualdad entre países aumente porque algunos crecen primero, pero el comercio y la adopción de nuevas tecnologías e instituciones llevan a que con el tiempo el resto también crezca.

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