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Las restricciones ante la “segunda ola” encienden las alarmas de empresarios entrerrianos

Si bien el impacto en la provincia por las recientes medidas será menor al año pasado, el escenario genera incertidumbre en los hombres y mujeres de negocios. Nahuel Amore

A más de un año de pandemia, la “segunda ola” de Covid-19 llegó a la Argentina y Entre Ríos no es la excepción. Ante el incremento acelerado de los contagios y la ralentización del proceso de vacunación, los Estados comenzaron otra vez a echar mano a las restricciones para morigerar los efectos del virus.

En este contexto, el Gobierno de Gustavo Bordet adhirió el viernes al DNU de Alberto Fernández y anunció sus propias medidas. Fundamentalmente, se limitará la circulación en determinada franja horaria nocturna, se suspenden los viajes grupales y las reuniones sociales masivas.

“A estas medidas las tomamos teniendo en cuenta que la prioridad que tenemos como provincia es preservar la salud de los ciudadanos ante el avance de esta segunda ola, cuidando sostener la actividad económica y garantizar la presencialidad de los alumnos en las escuelas”, argumentó el primer mandatario provincial.

Sin embargo, dada la fatídica experiencia de 2020, el complejo escenario no hace más que encender las alarmas del empresariado entrerriano. Si bien el impacto no se acerca a la cuarentena dura, esta marcha atrás –en principio hasta el 30 de abril– los obliga a surfear la “segunda ola” otra vez en estado de alerta y sin posibilidad de proyectarse con firmeza de cara a la ansiada reactivación. Sin dudas, las antenas están paradas.

De hecho, de manera previa a los anuncios de Bordet, fue la Unión Industrial de Entre Ríos (UIER) la que levantó la voz y propuso reforzar los protocolos en las empresas sin afectar la producción y el trabajo. En la misma sintonía, los hombres y mujeres de negocios que dialogaron con DOS FLORINES plantearon la necesidad de que la rueda siga girando y hacer foco en los cuidados individuales.

Héctor Motta, Grupo Motta

El empresario avícola remarcó que “los argentinos tenemos experiencia de cómo deberíamos comportarnos” y del impacto que tiene el virus. Por ello, pidió “difundir el mayor estado de alerta para que la población adopte comportamientos en plena concordancia con la pandemia. En la medida que todos nos comportemos adecuadamente, va a ser mucho más leve el tránsito de la segunda ola”.

“Como empresario, deseo una población sana, activa y que realmente pueda vivir en libertad. El año pasado construimos y desarrollamos protocolos en las empresas. Hay que reavivarlos, ponerlos en vigencia y ajustar al máximo todos los controles”, puntualizó.

Del mismo modo, reforzó: “Apelo a la inteligencia, interpretación y agudeza de la gente en general y de la juventud en particular, para que el país pueda transitar de la mejor manera este momento difícil y volver a encontrarnos en la normalidad que impera en libertad”.

Noemí Gasparín de Dellizzotti, Molinos San José

La titular de la empresa productora de fideos recordó por ser una “industria esencial” no cerrarán, aunque sí mantendrán y reforzarán el protocolo sanitario. Además, valoró que las medidas “no cierran la economía, las empresas ni el comercio, excepto aquellos alcanzados en actividades específicas y afectados por la reducción horaria”.

De todas formas, la empresaria consideró que “sería importante que se respetara un plazo máximo, que no sea indefinido como la vez anterior. Si va a ser hasta fines de abril o los primeros días de mayo, es bastante coherente con la situación que se está dando”.

Gasparín puso un manto de comprensión por el aumento de contagios y el agotamiento del personal de salud. “El temor por lo que pudo haber sido el fin de semana largo, está latente”, señaló, y opinó que “es mejor frenar a tiempo durante tres o cuatro semanas y cortar este aumento permanente de los contagios”.

“Sé que esto afecta la no realización de reuniones, pero si por un mes no se lo hace, no es el fin de la vida. Creo que tenemos que pensar en cómo se está manejando este virus que circula y afecta no sólo a mayores sino también a gente joven. Es más importante la vida que un evento social durante un mes”, argumentó.

No obstante, al mismo tiempo expresó su preocupación respecto de los sectores más afectados durante la pandemia, como gimnasios, salones de fiesta y empresas de viaje. “Esto es un golpe más a su economía y me preocupa. Ojalá el Gobierno les pueda tener una mano para que puedan subsistir y no caerse porque realmente sé que están comprometidos”, sostuvo.

Ricardo Guimarey, Lafedar

Para el socio del laboratorio paranaense, “es un despropósito cerrar la actividad ahora”. Al respecto, explicó: “Me parece un despropósito haber hecho zona liberada en Semana Santa para que todos fueran de fiesta y abrir todas las tranqueras para que salieran e hicieran un abuso de las inconductas”.

En la misma línea, sintetizó que “es un despropósito liberar todo para después cerrar todo”. Por ello, pidió a los Estados una mejor organización y administración de la situación sanitaria.

Desde esta perspectiva, Guimarey opinó: “La inconducta de las personas es porque ya están hartos de tantas dualidades. Por un lado se abre y por otro lado se cierra. Creo que también tiene que haber mayor concientización. Todo va a depender del criterio y el buen uso que haga la gente de sus libertades y del cuidado de las empresas para con su gente”.

Lila Yañez, Gran Hotel Paraná

La empresaria paranaense lamentó que se vuelvan a levantar medidas que afectan a su sector. “A la actividad gastronómica la mata el horario. En un momento que empezaban a levantar cabeza, otra vez se vuelve para atrás. Hay que tener en cuenta que no ha habido contagios en bares, restaurantes y hoteles. Son factores a considerar a la hora de restringir”, cuestionó, en diálogo con DOS FLORINES.

Respecto de la hotelería, señaló que venían trabajando “bastante bien” comparado con el año pasado, aunque todavía lejos de los niveles previos a la pandemia. Sin embargo, ante la incertidumbre de las nuevas restricciones, anticipó la gente sólo realiza consultas y “no se anima a señar porque no se sabe qué pasará mañana o pasado”.

“Es una pena porque venimos desde hace tiempo hablando con todos los funcionarios de nuestra área y todos entienden perfectamente el castigo que viene sufriendo nuestro sector desde año pasado. Pero no hay colaboración”, expresó.

Respecto de los contagios, opinó que “la gente tiene conductas inapropiadas, en la mayoría de los casos por hartazgos, cansancio, demasiado tiempo encerrados. Es una pena porque la economía se va al diablo”.

En este escenario, Yañez, que debió cerrar uno de sus hoteles en plena pandemia, finalmente, alertó: “Nuestro sector no puede estar más castigado porque cada vez que empezábamos a movernos, vinieron más restricciones. Esto nos mata, nos perjudica. Para la mayoría se hace insostenible. Seguiremos peleándola y subsistiendo hasta donde podamos. Acá no hay un horizonte, es todo imprevisible, no se puede planificar nada”.

Alejandro Di Palma, Estaciones de Servicio Laurencena y Bioder SA

Por su parte, Di Palma se refirió a los efectos que tendrán las nuevas restricciones sobre el trabajo y el pedido de la CGT por continuar con la prohibición de despidos y la doble indemnización. “Las pymes no despedimos, quebramos”, sostuvo, y explicó: “El costo de despedir a un empleado es un cargo que si lo duplicás, es absolutamente inviable, imposible de afrontar por una pyme. Los únicos que pueden afrontar este tipo de acciones son las grandes empresas”.

Para el empresario, las pymes “son las que más sufren porque en este recreo entre las dos olas de pandemia, se la pasó pagando las deudas que se acumularon y no se extinguieron”. “Queda claro que una pyme no tiene posibilidad de afrontar una reducción de personal, por una cuestión económica y porque hay una relación con el empleado que cuesta tomar la decisión. Se sostiene hasta tu extinción comercial”, alertó.

En ese sentido, opinó con dureza: “Se está gobernando con una planilla de Excel y la variable de ajuste siempre son las pymes. Esto se verifica con el nivel de pobreza y la falta de empleo. Se perdió empleo de manera impresionante de la mano de la destrucción de pymes que se llenaron de deudas, se les redujo la renta y después se liberó todo para que les cobren los compromisos pendientes”.

Por ello, ante el resurgimiento de las restricciones, Di Palma sentenció: “Este nuevo desastre llega con promesas de adecuaciones tarifarias, recomposiciones salariales, nuevos formatos en la comercialización del gas para GNC, aumentos de impuesto a las Ganancias, Ingresos Brutos y tasas municipales; todas promesas que garantizan en pocos casos la reducción de la renta y en la mayoría el incremento de los quebrantos”.

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