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Dramático escenario: Entre Ríos perdería cerca de 2.000 millones de dólares por el impacto de la sequía

En relación a la performance de la campaña 2021/2022 –que lejos estuvo de ser una de las mejores de la última década- el actual ciclo muestra indicadores paupérrimos en soja, maíz y los demás cultivos; exceptuando el trigo que tuvo un año récord. DOS FLORINES ensayó un pronóstico con variables como área sembrada, producción estimada y cotización actual de los granos. Se perdería el 50 % de los principales cultivos, sin contar aquellos que no entraron en la ventana de siembra y los que desistieron. Gustavo Sánchez Romero / Dos Florines

Aunque parezca agorero o sombrío, imaginar el futuro inmediato para la producción primaria de la provincia, los miles de pueblos y ciudades vinculados al campo, la actividad industrial que remite a la producción de carne aviar, porcina o vacuna e, incluso, para el mismo Estado que obtiene una tajada en concepto de impuestos, la imagen que se obtiene sólo puede tener una unívoca calificación: dramática.

Es que ya nadie duda que la prolongada sequía está haciendo estragos en toda la zona productiva del país, con altas temperaturas y escasas lluvias que impiden el desarrollo de los cultivos y obturan toda posibilidad de escalonar los ciclos como lo hacen habitualmente los productores.

Entre Ríos es una de las provincias más castigadas y los posicionamientos de las entidades agropecuarias así lo denuncian.

Las pérdidas ya son millonarias y se espera una campaña de números paupérrimos, con muy bajos rendimientos, para la soja, el maíz y los cultivos de veranos, quedando fuera de este análisis la campaña triguera que tuvo en el segundo semestre del año un rendimiento sorprendente, con números récords que, incluso, permite mostrar un leve crecimiento sobre la campaña 2021/2022.

DOS FLORINES se aventuró a realizar un análisis de las principales variables del sector primario, contemplando hectáreas sembradas, producción estimada en un marco de sequía arrasadora e igualando los valores del mercado de Chicago a esta semana. La resultante es un número que asusta hasta el más optimista: se estima que la actual campaña agrícola en Entre Ríos tendrá una pérdida cercana a los 2.000 millones de dólares.

Números.

De acuerdo a los números que maneja la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, a través de su sistema de relevamiento Siber, independientemente de la actual sequía, la campaña anterior -2021/2022- ya mostró un marcado descenso en relación a los rendimientos de la última década. Mientras en las campañas anteriores la producción entrerriana osciló en torno a los 7.847.000 toneladas por todo concepto; en la anterior se ubicó en 6.921.415 toneladas, en los ocho principales cultivos que despliega Entre Ríos. En esto influyó la caída del área sembrada en los últimos años cercana a las 600 mil hectáreas.

En este sentido, y con el espíritu de comparar las dos últimas campañas y encontrar un indicador que permita ponderar el impacto de la sequía, quizá convenga consignar cuáles fueron los rendimientos de los principales cultivos.

Así, en 2021/2022, el lino generó 9.000 toneladas; la colza 17.500; el girasol 17.000; el arroz 500.000; el sorgo 269.000; el trigo 1.890.000; el maíz 1.706.000 y la soja (incluyendo de primera y segunda) alcanzó unos 2.511.000 en un total de 1.701.800 hectáreas agrícolas.

Tomando como base el dólar que el Ejecutivo nacional abona al productor en cada exportación en su política cambiaria (180 pesos por dólar), y si se realiza el imaginario y arbitrario ejercicio de trasladar estos rendimientos a valores del mercado de Chicago de esta semana que concluye, (al sólo efecto de poder realizar una comparación con valores equivalentes) se puede advertir que en la campaña anterior el trigo generó unos 582 millones de dólares, el maíz unos 431 millones de dólares y la soja un total de 1.100 millones de dólares. Según estimaciones el resto de los cultivos generó cerca de 500 millones de dólares más, por lo que, a ojo de buen cubero, la provincia de Entre Ríos generó por todo concepto en la campaña agrícola de 2021/2022 una cifra cercana a los 2.500 millones de dólares. No fue un buen año. Se esperaba más, pero el campo tuvo un rendimiento aceptable. El futuro parece ubicarse en las antípodas.

Presente y futuro.

Para la presente campaña se espera una caída sustancial, en un escenario que la Federación Agraria Argentina ya calificó como dramático y que dejará a muchos productores en zona de quebranto.

Pero empecemos por las buenas, que no son muchas.

El trigo, principal cultivo de invierno, tuvo un año espectacular y los rendimientos son calificados por los especialistas como excepcionales. De acuerdo a los números de la Bolsa de Cereales, se sembraron 569.000hectáreas, que obtuvo un rendimiento promedio de unos 3.550 kilos por hectárea, acumulando un total de 2.020.000 toneladas de buen trigo entrerriano. Este récord del trigo se choca de frente con los otros cultivos que nadan en territorios de catástrofe.

El maíz, uno de los principales cultivos ya que impacta directamente sobre una larga cadena agroindustrial que involucra a la producción provincial de carnes, atraviesa un momento muy complejo que ya la sequía ha generado tan mal producto que ni siquiera tiene sentido “picarlos”, ya que los costos de contratar el servicio es más alto que el bajo aporte que genera, por lo que muchos productores optan por dejarlos en los campos a su buena suerte, a merced del calor y la sequía.

La caída ya es sustancial. Mientras que en la campaña 2021/2022 se destinó en Entre Ríos un total de 509.000 hectáreas para el maíz, in crescendo con respecto al año anterior, en la actual campaña el área sembrada cayó a 470.000 hectáreas, con la Espada de Damocles sobre 75.000 otras hectáreas, cuyos propietarios habían expresado intención de sembrar pero que con las actuales condiciones no lo hicieron o ya decidieron no arriesgar. En los años que comprende el segmento 2017/2022, el maíz entrerriano había tenido un rendimiento promedio que se ubicó en el orden de los 6.600 kilos por hectárea. En 2022, año dominado por La Niña, la producción cayó a 3.500 kilos por hectárea.

Según estimaciones que manejan los especialistas, en la presente campaña el rendimiento del maíz estaría en el rango de los 2000 a 2500 kilos por hectárea, menos de la mitad de cinco años atrás.

“El momento es acuciante. Realmente la situación es dramática. De acuerdo a los números estimativos que estamos mirando con mucha atención y preocupación, de las 470 mil hectáreas que se habían previsto destinar esta campaña la casi totalidad está en situación de mala o muy mala, diría un 90%, por lo que en el mejor de los casos podemos esperar un rendimiento promedio por debajo de los 2.200 kilos”, expresó Héctor Martínez, el gerente de la Bolsa.

Hay que tener en cuenta, a la hora del balance financiero, que lo que los productores llaman costo de indiferencia (lo que podría entenderse como punto de equilibrio) se ajusta a un rendimiento de unos 3500 kilos/Ha, por lo que los actuales valores ponen al escaso maíz que podría lograr la provincia en situación de pérdida, en por lo menos 38%.

Si se eslabonan los datos y se cumplen los aciagos pronósticos sobre lluvias, es dable adelantar que se perderían unos 885 dólares por hectárea de maíz, lo que en las 470.000 hectáreas teóricas que se había prescripto sembrar, el número de pérdida de este cultivo entrerriano es abrumador: 416.000.000 de dólares.

Soja.

En el cultivo de soja la incertidumbre abraza a productores, dirigentes agropecuarios e incluso a la clase política que mira, desde todas las ubicaciones, su comportamiento en un año electoral.

Desglosemos los números que maneja el sector. Aunque esto no brindará mejores resultados.

Estaba previsto sembrar unas 490.000 hectáreas de soja de primera, y según los relevamientos se logró implantar el 92 % de esta intención en toda la provincia. En tanto, para la soja de segunda, se prescribió un total de 570.000 hectáreas, sumando 1.060.000, número un poco menor que la campaña anterior. De las hectáreas disponibles para la soja de segunda sólo se logró sembrar un 35 %, y la duda de los especialistas es si los productores realizarán la inversión en estas condiciones arriesgando un capital que se hundirá en el surco y sólo germinará malas noticias.

Durante la campaña 2021/2022 se logró un total de 2.511.000 toneladas de soja que arrojaron un total de 1.100 millones de dólares. Para la actual campaña se esperaba lograr tres meses atrás un rendimiento de 2.650.000 toneladas, como un horizonte promedio razonable.

La realidad en un contexto tabicado por la sequía es que en el mejor de los casos se podría alcanzar una producción de 1.350.000 toneladas. Es decir la mitad del rendimiento del año anterior con la misma cantidad de hectáreas implantadas. Un desastre, desde dónde se lo mire.

“Lo más probable es que no se siembre una gran parte de la superficie de soja o se pierda superficie sembrada porque la ventana de tiempo se está cerrando. Es un escenario dantesco. Estamos hablando de una caída de 650.000 hectáreas de soja , con una producción que se ubicaría en el rango de las 950.000 a 1.100.000 toneladas. Con respecto a la campaña anterior podríamos estar viviendo una pérdida del 50 % de toda la producción entrerriana”, describió a DOS FLORINES Héctor Martínez.

Con todo, en los principales cultivos se sentiría la principal pérdida, aunque esto no afectaría a los cultivos alternativos que se ensayan en la provincia. Ceteris paribus (voz latina que usan los economistas que significa que si las variables se comportan como está previsto) la producción provincial primaria podría perder esta campaña un 50 %, lo que implica un número que estaría orillando los 2 mil millones de dólares brutos.

Este jueves, el Siber, de la Bolsa de Cereales, difundirá datos más precisos de toda la provincia a partir del relevamiento riguroso que realiza, y con eso se podrán ajustar los números de las pérdidas para Entre Ríos.

Alcances.

Sin dudas que este escenario significaría un sustancial cambio en el dinero en circulación en miles de pueblos y ciudades de la región pampeana, pero el impacto llegaría al comercio, los servicios, y el Estado, que vería mermada su recaudación en concepto de derechos de exportación y en la mayoría de los impuestos domésticos.

Pero no sólo eso. Se estima que Entre Ríos, sólo en maíz, demanda un total de 1.700.000 toneladas para abastecer granjas de cerdos, y criaderos de aves y pollos, más la demanda que tienen los feedlots y tambos para alimentar al ganado que se cría en la provincia.

Este grano no estará, y los productores e industriales deberán buscarlo en mercados que también son víctimas de la sequía y escasa oferta. Por lo que para los pollos, cerdos y vacas entrerrianas puedan alimentarse será necesario competir en precio en alza, y quienes lo deseen deberán pagar más ya que en los mercados o se puede manejar la variable cantidad o se lo hace con la variable precio. Nunca las dos simultáneas. Esto hará que los valores impacten en toda la cadena y los precios de la carne tiendan a subir abruptamente, lo que, necesariamente, impondrá condiciones de acceso más restrictivas a los sectores populares y la clase media, que ya bastante golpeados por una inflación que en 2022 se ubicó en el umbral de las tres cifras.

Claramente el Gobierno tendrá problemas para sostener la tendencia bajista que muestra el índice de precios al consumidor de los primeros meses del año, y lo que pondrá en tensión a la relación entre la política y los sectores productivos y así podríamos seguir hilvanando externalidades que provoca la sequía y la pérdida de la producción agraria de la Argentina en general y de Entre Ríos en particular.

Es inevitable volcar en estas líneas la última mala noticia: la economía sigue siendo un sistema donde sus partes interdependen, interfluyen y se interrelacionan.