ENFOQUE

Sobre ricos y riqueza

Sería fantástico que un gobierno pudiera movilizar aunque sea parte de los casi u$s 200.000 millones que, según las últimas cifras oficiales, los argentinos han sacado del sistema y ocultan en algún lugar. Marcelo Zlotogwiazda / El Cronista

Con la mitad de ese capital, por ejemplo, se podría reforzar en un 20% la inversión total del país a lo largo de un lustro, agregando 20.000 millones por año. O una quinta parte del dinero fugado alcanzaría a financiar los u$s 37.000 millones que requiere y que tanto le está costando juntar a Miguel Galuccio para el plan de inversión para YPF hasta el 2017.
Para peor, la pérdida de crecimiento y de bienestar general que se escurre por ese agujero negro es mucho más grande, por la sencilla razón de que la riqueza oculta es considerablemente mayor. James Henry, un ex Mckinsey que ahora forma parte de la red Tax Justice Network (TJN) publicó hace muy poco una investigación titulada The Price of Offshore Revisited, que recalcula la riqueza oculta en más de cien países del mundo y ubica la astronómica cifra entre u$s 21 y 32 billones, de los cuales 399.100 millones corresponden a la Argentina, es decir el doble de lo que se creía. Si sirve como consuelo, Brasil tiene afuera del sistema 520.000 millones, México 417.500 millones, y Venezuela 406.000 millones.
Henry aclara que su trabajo considera nada más que el capital financiero, es decir excluye la propiedad inmueble, los yates, aviones, obras de arte, joyas, etc. Una porción considerable de esos fondos (10% del total de la riqueza mundial que surge del último informe anual de Credit Suisse) está escondido en paraísos fiscales.
El hallazgo de Henry inspiró un trabajo inmediato que elaboraron otros tres economistas de TJN: Nicholas Shaxson, John Christensen y Nick Mathiason. Titulado Inequality: you dont know the half of it (or why inequality is worse tan we thought) (Desigualdad: usted sólo conoce la mitad de ella -o por qué la desigualdad es peor de lo que pensamos-) señala en las conclusiones la deducción obvia: si el grueso de la riqueza la ocultan los más ricos la desigualdad económica es significativamente peor de lo que muestra cualquier medición que no considere ese elemento; y esa es una verdad válida probablemente para cualquier país y para el mundo en su conjunto.
El paper tiene algunos datos espeluznantes. Indica que mientras la mitad de la población mundial más pobre posee sólo el 1% de la riqueza total, el 10% top goza del 84%; y que en Estados Unidos la familia Walton (dueña de Walmart) tiene un patrimonio equivalente al 30% de la población más pobre.

Desigualdad.
El trabajo incluye un capítulo sobre la Argentina, donde se demuestra cómo la subdeclaración de los individuos de más altos ingresos disimula los niveles de desigualdad. Cita un estudio de Facundo Alvaredo que encontró que mientras de las declaraciones impositivas surge que 698 personas tuvieron un ingreso anual superior a u$s 1 millón y 26 contribuyentes por encima de 5 millones, en la encuesta que mide la distribución del ingreso las 160 personas que más ganan declararon entre u$s 500.000 y 1 millón. En ese capítulo se hace mención a el estudio Impacto del Presupuesto sobre la equidad de los economistas Jorge Gaggero y Darío Rossignolo, del Centro de Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (Cefidar), que recalcularon el índice Gini tomando en cuenta el ocultamiento de los ingresos off shore, lo que elevó el índice (varía entre 0 y 1, extremos en que hay igualdad entre todos o uno sólo se lleva todo) de 0,46 a 048.
Consultado para esta columna, Gaggero aclaró: Ese cálculo se realizó sobre la base de que la riqueza off shore de residentes en Argentina es de u$s 173.000 millones, según los datos oficiales correspondientes a 2010, que se supone muy inferior a la real. Una hipótesis más certera acerca del nivel real de esa riqueza apoyada en el cálculo del componente financiero realizado por Henry del TJN de casi 400.000 millones, podría oscilar en un total de 500.000 millones. Si ese nivel de riqueza oculta de los argentinos más afortunados fuese confirmado por estudios más amplios que deberían realizarse para completar los hallazgos de TJN, no sería extraño que el coeficiente de Gini se elevase por encima del 0,52. Gaggero adelantó que los expertos de TJN y el equipo que coordina en Cefidar acordaron realizar el año próximo un estudio conjunto para profundizar el tema tomando a la Argentina como caso piloto.

Nombres.
Lo anterior obliga a corregir la columna de hace dos semanas sobre las mil familias top. Informaba que Rocca, Pérez Companc, Bulgheroni, Eurnekian, Brito, Bagó, Werthein, Herrera de Noble, Elsztain, Costantini, De Narváez,Pescarmona, Eskenazi, Macri, Coto, Blaquier, Grobocopatel, López, Roemmers, Supervielle, Braun, Belocopitt, Sutton, Madanes, Sigman, Vila, Navajas Artaza, y otras 973 familias poseen el 2,49% del ingreso nacional. Equivalente a unos u$s 12.500 millones, con lo cual esas familias ganan por año un promedio de u$s 12,5 millones.
Los datos surgían de una monumental base de datos denominada The World Top Incomes Database, elaborada con la información de las declaraciones impositivas por cuatro expertos en distribución del ingreso, los franceses Thomas Piketty y Emmanuel Saez, el inglés Tony Atkinson y el argentino citado arriba Facundo Alvaredo. Le preguntaron a Piketty si los hallazgos de James Henry sobre la riqueza oculta de las familias top significaba que sus cálculos sobre la porción del ingreso que reciben estaban subestimados, y respondió sí, definitivamente.
Es decir que el 0,01% que constituyen las mil familias top se lleva más del 2,49% del ingreso, y en promedio más de u$s 12,5 millones por año. En esa lista seguro está el alguna vez prófugo Raúl Juan Pedro Moneta. A Cristina no le alcanza.

Datos.
Los datos surgen de una monumental base de datos denominada The World Top Incomes Database, un proyecto de cuatro economistas expertos en la temática de la distribución del ingreso. El impulso inicial fueron los trabajos del francés Tomas Piketty, al que se sumaron su compatriota Emmanuel Saez, el inglés Tony Atkinson, y Facundo Alvaredo, un joven argentino que es investigador del Conicet, fue profesor en varias universidades locales y del extranjero, y actualmente trabaja en la Paris School of Economics, donde obtuvo su PhD. El proyecto está auspiciado por esa universidad parisina, por el Institute for New Economic Thinking, el Center for Equitable Growth y el Economic and Social Research Council.
La base de datos se construye a partir de las declaraciones impositivas. El trabajo está en plena elaboración y ya cuenta con largas series estadísticas de distribución del ingreso (algunos casos se remontan más de cien años) para 26 países, entre los que figura la Argentina con información desde el año 1932 hasta el 2004.
Curiosamente, la porción de la torta que actualmente (nada indica que haya habido cambios sustanciales desde 2004) se lleva el 0,01% de las familias argentinas top (aproximadamente mil) es del mismo tamaño -2,49%- que la que le correspondía al 0,01 con mayores ingresos en 1932.
Pero el recorrido por la serie muestra las grandes transferencias de ingresos que ha habido a lo largo de la historia. En 1943 el 0,01 top había aumentado su participación al 4,16%, pero durante el peronismo el porcentaje fue descendiendo hasta 1,71 en 1954. Siguió cayendo, y en 1972 era 0,55%. Con la dictadura y la Convertibilidad volvió a aumentar hasta 1,39% en 1997, y continuó en ascenso hasta el ya citado 2,49%.
Oscilaciones muy similares aparecen si en lugar de tomar la serie para el 0,01 de las familias top, se observa lo que sucedió para el 1% de mayores ingresos. En 1932 se quedaban con el 18.77%; en 1943 con el 25,96; en 1954 con el 16,54; en 1972 con el 9,44; en 1997 con el 12,39; y ahora con el 16,75%. Es decir que las 100.000 familias de la punta superior de la pirámide obtienen unos u$s 85.000 millones, lo que equivale a un ingreso anual promedio de 850.000 para cada una.
La base de datos permite comparar. Mientras que el 0,01 por ciento de las familias top de la Argentina se queda con el 2,49% del ingreso, en Suecia se lleva el 0,85 y en España el 0,90. En Estados Unidos, en cambio, con un Estado menos presente y una estructura tributaria más regresiva que la europea, el porcentaje de ese grupo superprivilegiado es mayor que aquí: 3,30%. Cabe acotar que antes de irrupción del ultraliberalismo de Reagan, el porcentaje era un sexto del actual.

Volatilidad.
Más allá de ese brusco aumento en EEUU, de la comparación surge la enorme volatilidad argentina. En ninguno de los otros 25 países que ya figuran en la base se advierten transferencias tan grandes como aquí a lo largo de toda la serie.
La concentración del ingreso (o su contrapartida en desigualdad) también es aberrante en la Argentina cotejando lo que sucede con el 1%. Mientras que el 1% de las familias top de aquí se queda con el 16,75%, en Noruega con el 7,94; en Suecia con el 6,91; en España con el 8,48; y, otra vez, en Estados Unidos el porcentaje es mayor (17,42).
Al final de la columna de hace dos semanas se adelantaba que en ésta habría detalles sobre académicos que afirman que la alícuota marginal óptima para el impuesto a las ganancias es superior al 80%, algo que no está demasiado lejos de la intención del presidente Francois Hollande de imponer una tasa marginal del 75% a los que ganan más de un millón de euros. Precisamente Thomas Piketty y Emmanuel Saez, dos de creadores de la World Top Income Database, escribieron un paper “http://www.vo/ xeu.org/article/taxing-1-why-top-tax-rate-could-be-over- 80” titulado “Gravando al 1 %: por qué la tasa máxima podría ser superior al 80%”, donde argumentan que eso afectaría sólo a los alcanzados por el impuesto sin consecuencias negativas para el resto de la economía. Entre otras cosas señalan: “Si la concentración del ingreso es alta, los que ganan más disponen de más recursos para influir en las creencias sociales (a través de think tanks y medios de comunicación), y por ende se crea una causalidad inversa entre desigualdad de ingresos, percepciones y políticas”.
No obstante ni las mil familias top ni el 1% de arriba tienen por qué asustarse, el kirchnerismo está lejos, incluso en su relato, de semejante irreverencia.
Fuente: www.elcronista.com.ar

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