Sin industria no hay Nación

23/12/2025

Por Ubaldo Roberto Domingo. Contador Público Nacional.

Contando desde finales de noviembre del 2023 desaparecieron 19.114 empresas que empleaban 224.000 trabajadores formales, de los cuales la mitad corresponde a la industria manufacturera (más de 30.000 empleos) y la construcción, agraviadas por las condiciones económicas impuestas por el gobierno nacional. Los empleos formales privados, registraron una caída seis veces más que los empleos públicos. Según los datos de la Unión Industrial Argentina (UIA), la actividad industrial cayó un 10,3% desde 2023. Las mediciones de la serie que elabora FIEL mostró un octubre en que la actividad industrial cayó 5,3% contra el mismo mes de 2024.

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En 1974 Argentina tenía un status de industrialización mayor que el de Corea del Sur y China. Se trataba de un país que con aciertos y muchos errores, en plena década de 1970, alcanzaba un nivel productivo que lo colocaba a pesar de su condición de subdesarrollada, con un panorama que con una estrategia adecuada, podía resolver sus dificultades.

La Argentina de entonces exportaba manufacturas diversificadas, producía bienes de capital, maquinaria agrícola, automóviles, textiles de calidad y comenzaba a consolidar un entramado industrial con capacidades y escala. Crecía además su mercado interno, y el salario real tendía a la suba. Estadísticas del Banco Mundial, el PIB per cápita argentino en 1974 rondaba los 8.000 dólares PPP, Corea del Sur oscilaba los 1.500 y 2.000 dólares, China luchaba por un nivel entre 500 y 1.000 dólares per cápita. La industrialización por sustitución de importaciones (ISI), con todas sus limitaciones, produjo, por demanda directa: infraestructura energética y de transporte, saberes técnicos avanzados y empresas idóneas.

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El esquema fue abandonado a partir de Marzo de 1976, con el plan “2 de Abril”, de José Alfredo Martínez de Hoz. Básicamente, dólar fijo y retrasado, apertura indiscriminada de importaciones, inflación reprimida, endeudamiento externo e imposible acceso al crédito. (cualquier parecido con la actualidad es pura coincidencia).

El resultado de las tres administraciones “aperturistas”: el proceso de reorganización nacional, la convertibilidad de Menem y la última experiencia de Macri, fue un retroceso nítido de la producción industrial.

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Antes del “rodrigazo” de 1974, nuestro país podía exhibir:

1.Diversificación industrial y capital humano: La producción de bienes de capital: tractores, maquinaria agrícola, herramientas, equipos, que producían conocimientos técnicos de difícil imitación. La CEPAL (1978) destacaba la amplitud y la complejidad de la industria argentina en comparación con el resto de América Latina.

2.Encadenamientos productivos y capacidad tecnológica: La industria automotriz, consolidada por plantas nacionales y multinacionales, impulsaba redes de proveedores locales que absorbían tecnología y desarrollaban todo el conjunto de procesos prácticos para producir en forma eficiente. Se operaban en niveles de complejidad intermedia, base ideal para evolucionar hacia industrias de frontera.

3.Infraestructura y estabilidad relativa: El país contaba con infraestructura ferroviaria, energética y portuaria suficiente para sostener el crecimiento industrial, dicha capacidad no era óptima, pero prometía futuro.

Argentina había alcanzado en 1974 un nivel y capacidad productiva industrial significativa. Consecuencia de esta realidad NO EXITIA LA POBREZA ESTRUCTUAL EN NUESTRO PAIS. La política industrialista fue abandonada, salvo espasmódicos períodos aislados, y se dejó deteriorar en capacidades productivas. La apertura, sin visión y con el único fin de intentar forzar los precios a la baja, reforzó la dependencia de los commodities y su consecuente impacto en la sociedad, con la falta de empleo calificado para la clase media vinculada al empleo industrial y todas sus influencias indirectas.

No existe país desarrollado que carezca de industria nacional, siendo el desarrollo económico el único camino que sienta las bases materiales para la construcción del ser nacional, es la razón de afirmar que sin industria no hay Nación.

Es la industria nacional entonces un elemento fundamental e indispensable para sostener la condición nacional, entendida como la categoría histórica que abarca y atrae a todas las clases y sectores sociales que componen el pueblo argentino.

Defender la industria entonces es ser nacionalista; agraviarla, cuestionarla y atacarla es ir en contra del movimiento nacional.