ENFOQUE PORTADA

Si no aprendemos de la historia, estamos condenados a repetirla

Por Sociedad Rural de Gualeguay

El martes último se dio a conocer la noticia de que bajaron de la lista de compradores en el Mercado de Liniers al supermercado Coto.

Todos los gobiernos tienen que tener un relato, aquí el relato fue el precio que pagó Coto por un lote de novillitos, que según los inspectores que responden a Paula Español, de la Secretaría de Comercio Interior, no se ajustaba a sus objetivos.

Para que todos entendamos: el Mercado de Liniers es un mercado formador y orientador de precios, que opera desde fines del 1800; donde se juntan oferentes y demandantes de hacienda, que se remata públicamente a través de casas consignatarias, es un mercado transparente, donde supermercados como Coto van a comprar parte de la carne que luego venden. Tan simple e importante como esto.

El único tema es que este mercado está dentro de una Argentina donde los gobiernos creen que interviniendo este mercado van a lograr bajar el precio de la carne y donde, además, están convencidos de que con carne barata van a ganar las próximas elecciones.

Y lo que no entienden, porque realmente no entienden de ningún negocio que deciden intervenir y además no les importa, es que de esta manera están destruyendo el mercado formador de precios, y, por ende, están destruyendo el sector ganadero.

Y que de ninguna manera van a lograr con esto bajar el precio de la carne.

Porque el problema no es el precio de los alimentos; el problema es la pérdida de poder adquisitivo de nuestra moneda.

El exceso de regulaciones y controles no mejora la distribución de la riqueza; por el contrario, lo que afecta es la creación de esa riqueza.

La mayoría de nosotros tenemos muy presente lo que ocurrió años atrás, en 2006, cuando Néstor Kirchner decidió cerrar las exportaciones de carne. Luego apareció Guillermo Moreno, los ROE (cupos de exportación) y las listas de precios máximos que se enviaban al Mercado de Liniers. Argentina perdió 12 millones de cabezas de ganado.

Esta es la historia que estamos repitiendo; sabemos perfectamente las consecuencias de estas intervenciones y no queremos hipotecar el futuro de nuestros hijos. Ayer fueron Kirchner y Moreno, hoy son Fernández y Paula Español.

Y del otro lado no está el campo como enemigo, estamos todos; está todo el pueblo argentino.

Porque esto nos afecta a todos, hoy pueden intervenir mercados, cerrar exportaciones y presionar con precios máximos a frigoríficos o carnicerías y lograr por unos meses que la carne esté “barata”; pero esto es un relato, no es realidad. Están subestimando al pueblo.

Sin un mercado transparente y con cierre de mercados van a destruir al sector que produce la carne, y sin este sector habrá menos hacienda, y con menos hacienda el costo de la carne será un lujo al cual no podremos acceder.

Cuando la única herramienta que se tiene es un martillo, todos los problemas tienen forma de clavo.

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