Producen y venden al país más de 200.000 huevos por día desde Aldea María Luisa y proyectan crecer

10/05/2026

Con raíces en 1954 y un presente de alta tecnología, la empresa Huevo Feliz consolida su marca a nivel nacional, con llegada directa a los hogares. Emiliano Bolzán analiza el impacto de la demanda, la integración productiva y los desafíos de rentabilidad en un mercado que no detiene su marcha frente al boom de esta proteína. Por Nahuel Amore

Argentina logró en 2025 ser el principal país consumidor de huevos, con 398 unidades per cápita al año. En medio de este boom de demanda, Huevo Feliz es una de las empresas entrerrianas que viene creciendo y se expande en el país, con un plantel que supera las 250.000 aves. Emiliano Bolzán, responsable de la firma y representante de la tercera generación de la familia en el negocio, destacó que hoy alcanzan una producción y procesamiento promedio de 200.000 huevos por día. “A veces pueden ser 250.000, a veces 180.000”, explicó a DOS FLORINES sobre el volumen que fluctúa según la dinámica de las granjas.

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Emiliano Bolzán, responsable de Huevo Feliz – Crédito: Martín Bustamante

La actividad se concentra principalmente en Aldea María Luisa, a poco más de 20 kilómetros de Paraná, en el corazón productivo de Grupo Bolzán, donde nacieron y hoy poseen la mayor cantidad de aves, que se complementan con una granja en San Benito. Según remarcó el empresario, un pilar innegociable de su modelo es el control total del proceso: “Son todos huevos propios. No compramos de afuera porque no tenemos cómo medir cómo trabaja cada granja; nos dedicamos exclusivamente a vender nuestra mercadería”, expresó, y enfatizó sobre la trazabilidad como clave.

La diferenciación se da, según aseguró, por calidad y marca. Se trata de un legado que se remonta a 1954, cuando sus abuelos Marcelo Juan Bolzán y Noemí Carrere iniciaron su camino en la avicultura. Con el nombre inicial de “Lo que Venga”, el matrimonio construyó su primer galpón de techo de bóveda y nidos de tablas, calefaccionado a leña, para albergar apenas 800 gallinas. Con el paso de las décadas, aquella apuesta familiar evolucionó hasta convertirse en una marca de referencia que hoy ofrece productos de calidad AA y A, que se comercializa directo al consumidor final.

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Tecnología para la eficiencia

Desde la empresa ponen en valor la necesidad de ser competitivos con mayor tecnología y un esquema de integración sustentable. Si bien en San Benito mantienen sus granjas convencionales, en María Luisa han apostado por la última tecnología. Esta inversión permite un monitoreo exhaustivo mediante galpones automatizados, de hasta 50.000 gallinas por galpón, donde se controlan todas las variables que hacen no sólo al bienestar animal de las aves, sino a todo el proceso productivo, con datos del consumo diario o el tamaño diario de cada lote.

Según Bolzán, la incorporación tecnológica es clave para la productividad: “La tecnología ha permitido tener mayores números, mayores posturas y menos muertes“, expresó. Este enfoque técnico se traduce en una ventaja competitiva en un mercado nacional donde el huevo es una de las proteínas más demandadas, por su versatilidad y valores proteicos.

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El concepto del “atleta” y la integración vertical

Para la firma, la nutrición es el eje del rendimiento. El responsable de la unidad de negocio utiliza una analogía deportiva para explicar su visión: “Yo siempre comparo la gallina con un atleta. Si a un atleta le das lo mejor, va a rendir más. La gallina es lo mismo”, sostuvo. Bajo esta premisa, el Grupo Bolzán aprovecha su estructura para la integración vertical.

“Gran parte” de la materia prima —maíz, harina de soja, expeller de soja y expeller de girasol— proviene de sus propias siembras y cosechas. Incluso, actualmente avanzan en la construcción de una fábrica de expeller para procesar su propia soja, para evitar la compra externa de insumos clave. “Somos de diversificar bastante las unidades de negocio y hacer más; no quedarnos solamente con uno”, afirmó sobre la filosofía de la empresa familiar de “poner los huevos en distintas canastas”, y anticipó que hay proyectos en carpeta para crecer.

Por otro lado, sobre los insumos, reconoció que actualmente en el mercado no hay problemas para abastecerse de maples. “Se consiguen bien. Cambió todo porque antes era reutilizables y ahora son de uso único. Compramos de una multinacional y de una empresa de Santa Fe”, sostuvo a DOS FLORINES.

Desafíos de mercado y alcance nacional

La producción de huevos en Argentina creció más del 18% en los últimos dos años, en un contexto en el que el país se ha transformado en el principal consumidor de este producto, según señalan desde la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA).

El parque productivo creció de 57,7 millones de aves en 2024 a 62,71 millones en 2025, un incremento del 8,68%, con predominio de producción de huevo blanco (74%) frente al marrón (26%). En paralelo, la producción pasó de 17.433 millones de huevos en 2024 a casi 19.000 millones en 2025, lo que equivale a subir de 553 a 610 huevos por segundo, con un aumento del 8,82%.

Granjas automatizadas en Aldea María Luisa. Crédito: Martín Bustamante

A pesar del volumen de producción, el contexto económico impone desafíos constantes a la rentabilidad. Bolzán describió la situación actual con cautela y señaló que, aunque la demanda es sostenida, el precio del producto ha permanecido estancado en las últimas semanas. “Estamos caminando arriba de un hilo, pero por lo menos nos deja trabajar”, graficó respecto a la relación entre costos y precios de venta.

Con una logística que llega desde Ushuaia hasta el norte del país, la marca Huevo Feliz tiene presencia en diversos puntos del territorio nacional. La comercialización se realiza mayoritariamente “a pie de galpón”, desde las granjas, cuya logística de distribución tiene una fuerte mirada puesta en Buenos Aires, centro que marca el pulso del consumo nacional: “Buenos Aires se cae y se cae el resto del país”, sintetizó.