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Gerardo Casas: “Soy monotributista y seguí pagando todo, a pesar de que el trabajo mermó”

El diseñador de moda describió la realidad de un sector golpeado por las restricciones. “En pandemia no recibí ningún tipo de apoyo, pero no me puedo quejar porque he podido sobrevivir”, afirmó. ¿Cómo se reconvierte el negocio? Nahuel Amore

La moda es otro de los nichos de mercado que se enfrentó a los embates de la pandemia. El duro golpe al sector organizador de eventos también sacudió a diseñadores y modistas de alta costura, que debieron cambiar el chip para sobrevivir en un contexto apremiante e imprevisible. Del mismo modo, la agudización de la crisis de la clase media impactó de lleno al rubro y acotó el trabajo hacia perfiles más selectivos.

Para desandar el presente y el futuro de este negocio en la región y el país, DOS FLORINES mantuvo un mano a mano con Gerardo Casas, el diseñador cordobés, paranaense por adopción, que se catapultó a la fama porteña tras consagrarse en el programa televisivo Corte y Confección. No obstante, a pesar de este significativo salto, se sigue definiendo como un “laburante” a quien le ha tocado “estar siempre en medio de las tormentas económicas”.

Según confesó, forma parte de la larga lista de 4.000.000 de monotributistas y, a pesar de que la actividad cayó en pandemia, siguió pagando religiosamente los impuestos y aportes a la seguridad social, sin paliativos. “No recibí ningún tipo de ayuda y seguí pagando todo igual. En pandemia tuve que hacer frente y cubrir todos los gastos, a pesar de que el trabajo mermó y de que se frenó muchísimo la actividad”, confió.

Si bien está radicado en Buenos Aires, Gerardo Casas no deja de perder contacto con sus amistades y clientas de la capital entrerriana. Eso le permite tener una mirada amplia del sector que entró en fase de reinvención y que, al mismo tiempo, debe repensar constantemente su estructura de costos, insumos y valores de referencia para poder proyectarse en el tiempo.

Mercado

¿Qué diseños se comercializan hoy cuando prácticamente no hay eventos?

—A pesar de las restricciones, mucha gente retomó los eventos con muy pocas personas. Durante toda la pandemia, salvo en los momentos más restrictivos, hubo gente que se casó, hizo civiles, aunque no así cumpleaños de 15 que siguen pendientes. Con mayores flexibilizaciones, algunas chicas hicieron fiesta pero para pocas amigas y pocos familiares. Como la pandemia se ha prolongado, llegó un momento en que muchos eventos se dejaron de postergar porque esas chicas se iban a jubilar (ríe). Lo que sí, ha bajado el perfil, la moda de los vestidos. La tendencia es hacer cosas más tranquilas, porque incluso en algunos civiles, por dar un ejemplo, en el que la gente no puede ingresar.

—¿Se piden diseños más sutiles y menos costosos?

—Sí, son más sencillos y menos costosos. Es muy distinto casarse para un salón con 150 personas que para un almuerzo al aire libre con 20 personas. De todas formas, la gente no se resigna del todo. Algunas chicas han querido, bajo protocolo y al aire libre, cumplir su sueño. Pero la mayoría cambió el perfil. Este tema es muy comentado entre los diseñadores que dialogamos en La Jaula de la Moda para ver cómo cada uno adaptó su target a la pandemia.

¿Hacia dónde se orienta la reconversión? En tu caso, sabemos que encaraste proyectos de colecciones más deportivas.

—La inclinación hacia lo deportivo es una mutación necesaria por el tipo de celebrities que me convocaron para vestir, que son más jóvenes, vinculados a la música y utilizan otro perfil no afín con la alta costura. Por eso, nos adaptamos e incorporamos un look más trappero, en parte por la pandemia. En el caso de los colegas, algunos comenzaron a realizar nuevas versiones dentro de su propio estilo. Pero también hay otros diseñadores como Adrián Brown que prefirieron quedarse con la alta costura porque hay clientela que lo sigue comprando. Los vestidos de alta costura son piezas que no pasan de moda y se conservan siempre. En Buenos Aires hay clientes que los almacenan y, cuando tienen un evento, los utilizan.

Con el empobrecimiento de la clase media, ¿qué clientes sostienen las ventas?

—Yo creo que el público que me busca a mí o a otros diseñadores, es un público que tiene un cierto nivel adquisitivo. Obviamente siempre hay opciones más económicas. De hecho, yo recomiendo a colegas que no son famosos ni conocidos o no hacen exclusivamente alta costura, pero tienen un oficio divino, trabajan bien y pueden ser más económicos. El valor de la hora es distinto de una persona que está requerida. Si querés un vestido de Gino Bogani, realmente es un privilegio y seguramente el costo es acorde a eso. En general la gente que se acerca a diseñadores que tenemos más exposición, es gente que tiene un buen poder adquisitivo o que quizá, sin tenerlo, está dispuesta a cumplir un sueño. Por eso mismo, no siempre adaptamos precios y no pensamos en hacer pijamas ni piezas que pueden valer 5.000 pesos. Sostenemos nuestro trabajo artesanal, de diseño y con bastante exclusividad.

¿Seguís teniendo clientes de Paraná y alrededores?

—Sí, sigo teniendo y sigo yendo. Estuve retrasado porque estuve con Covid, pero ahora a fin de mes estaré para atender a mis clientas en Paraná, de gente que ya me conoce.

Precios y costos

¿Qué parámetros definen los precios en la alta costura? ¿Cómo incide la inflación?

—La inflación se tiene mucho en cuenta porque trabajamos con demasiada anticipación. Tengo vestidos para 2022 y hay gente que ya consulta para 2024. Lo que nosotros hacemos en ese caso es dolarizar el precio para poder empezar el trabajo. Si no, los precios se van indexando de acuerdo a los índices oficiales de inflación. Además, estandarizar precios es muy difícil porque es un trabajo personalizado.

¿Cómo afecta al trabajo el aumento sostenido de costos?

—Los costos, sobre todo de las telas, han subido mucho, más aún cuando se trata de piezas importadas. Son insumos que están atados al dólar. Cuando el dólar ha estado en momentos de incertidumbre, directamente las sederías no nos vendían hasta que hubiera un valor de referencia. En esos momentos, todo el mercado queda desorbitado. Pero por suerte eso no pasa ahora.

¿Hay demoras o faltantes de telas y otros insumos importados?

—Como todo es de importación, no hay la misma variedad ni tampoco la reposición de los materiales. Años atrás comprabas una tela y a los diez meses si buscabas, había. En cambio ahora es distinto, no se repone y lo que vuelve a entrar no es lo mismo. Los materiales se han acotado y por eso uno trabaja con lo que hay. No se puede ser tan puntual con las pretensiones. No se puede buscar una cosa que no hay, sino que se debe elegir la mejor opción con lo que tenemos.

Tercerización

¿Cómo afrontás el crecimiento que te dio la exposición mediática con la forma de trabajo como emprendedor/empresario?

—En Buenos Aires muchas cosas se pueden tercerizar y eso ayuda. De todos modos, cambia el panorama de acuerdo al desafío. Por ejemplo, ahora me piden vestuarios para Flavio Mendoza y, para eso, que es un volumen grande y que se debe hacer rápido, hubiera pensado antes que debía contratar gente y armar un equipo. Pero en realidad, el empresario que te contrata arma un equipo de ayudantes; así, tengo gente para dirigir que no depende de mí. Antes tenía taller y modistas, pero ahora me manejo con mi ayudante y asistente personal, mientras que el resto se va acomodando de acuerdo a lo que se necesite. Lo que no se puede hacer, se terceriza.

La tercerización es una forma de no asumir responsabilidades laborales.

—Totalmente. Contratar gente en Argentina es difícil y tiene sus riesgos. Por eso, si necesitás elaborar algún diseño, se busca un taller que realice ese trabajo, lo encargás, ellos tributan por su lado y vos te descomprometés.

Presión impositiva

¿Qué lectura realizás de la economía del país cuando te enfrentás con estas situaciones?

—El tema impositivo siempre es excesivo e inalcanzable, difícil de cumplir, sobre todo en pandemia. Yo soy monotributista, de una categoría alta por lo que facturo, pero lo soy al fin. Pero como no estoy en categorías bajas, no recibí ningún tipo de ayuda y seguí pagando todo igual. En pandemia tuve que hacer frente y cubrir todos los gastos, a pesar de que el trabajo mermó y que se frenó muchísimo la actividad. De todas maneras, no me puedo quejar porque he podido sobrevivir. No hemos perdido nada, no he tenido que vender mi casa ni mi auto. Zafamos, quedamos parados. Pero al nivel de exigencia que uno tiene y del sacrificio que realizamos, tampoco he podido crecer. Es como si constantemente estamos al día.

En otras palabras, ya es un importante logro en estos momentos poder sostenerse en la actividad.

—Sí, es importante sostenerse en la actividad y no perder lo que has conseguido. De todas maneras, es muy frustrante a la vez. Mucha gente habitualmente me dice: ‘Con tu talento en otro país serías millonario’. Y yo con mi talento, sin ser vanidoso, en Argentina y mudándome a Buenos Aires, es sólo para sobrevivir, para mantenerme.

Marcás una realidad de una gran cantidad de argentinos que sufre la crisis y los cambios de políticas, aun más siendo monotributista…

—Es que soy un laburante más que está en el medio. Los trabajadores que están en la base reciben ayuda del Estado y estoy de acuerdo con eso. Y la gente que tiene mucho dinero no fluctúa con los cambios económicos. Pero los que estamos en el medio, estamos para el cachetazo. Realmente uno como emprendedor y trabajador siente eso. No tiene que ver con este gobierno ni el anterior. La franja media somos muy perjudicados. Yo pasé la pandemia completa y no recibí ningún tipo de apoyo. No soy un tipo que no facturó nada, sino que al menos algo siguió facturando, mal que mal, pero los niveles de gastos y aportes siguieron siendo los mismos.

¿Qué mirada proyectás para el futuro? ¿Sos optimista, pesimista o realista?

—Soy prudente. A mí como trabajador me ha tocado afrontar todas las crisis y gracias a Dios he salido parado, porque tengo mucha fe y soy optimista con respecto a mi trabajo. Soy un tipo bien visto por su capacidad y talento, pero soy prudente porque todas las crisis me han tocado. En la crisis de los bonos perdí mucho dinero. Como trabajador de la franja media, que no deja de facturar pero que tampoco tiene un estándar de vida para hacer la plancha, me ha tocado estar siempre en medio de las tormentas económicas.

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