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Gabriel Bourdin, un purista, ¿en el lugar justo, en el momento adecuado?

El nuevo presidente de la Unión Industrial de Entre Ríos, elegido el viernes, es un rara avis que llega en un escenario muy complejo para su sector pero también para un empresariado atomizado y apático. La pandemia fue una daga que los dejó con la capacidad de organización herida. Medido, paciente, experimentado, exitoso y con el poder que el da –ahora sí- el respaldo general afronta el desafío de liderar desde el sector privado la eterna alquimia de incidir y reconstituir puentes con el ejecutivo provincial. Gustavo Sánchez Romero / Dos Florines

Desde el viernes al mediodía –aunque su nombre venía sonando desde hacía varios meses y el consenso interno lo venía arrullando sin barreras ni excusas- el empresario e industrial paranaense se ha convertido en el muchachito de la película para gran parte del sector privado de Entre Ríos y para muchos funcionarios públicos provinciales y de distintos municipios.

No es que el cargo le imponga un estatus que no conoce. Por el contrario. Gabriel Bourdin, actual vicepresidente de Petropack S.A., fue presidente del Consejo Empresario de Entre Ríos, presidente de Asempi (Asociación de empresarios del Parque Industrial de Paraná), dos veces presidente del Paraná Rowing Club, dirigente conspicuo de la  Unión Entrerriana de Rugby y hombre de alta consideración en las representación de la industria del plástico.

Lo que parece haber cambiado es el contexto para el despliegue de la vida política institucional empresaria en Entre Ríos. Bourdin comenzó con su empresa hace más de 35 años.

En el camino de su aprendizaje se encontró con el respaldo, compañía y reflejo de dirigentes del arco empresario como Silvia D´Agostino, Atilio Benedetti, Héctor Motta, Noelia Zapata, Antonio Caramagna, Ricardo Guimareis, Carlos Dellizzotti, Oscar Montero, entre muchos otros que contaban con mucha experiencia y le aportaban compromiso y la cuota de valentía necesaria para posicionar una voz firme en el reclamo sectorial.

El paso del tiempo y la necesaria renovación dirigencial lo posicionan hoy en otro escenario donde reina algo de desconcierto, aunque es real que llega con un impulso distinto brindado por los nuevos bríos de los jóvenes dirigentes, pero con menos volumen político.

Se podría decir, incluso y en este sentido, que la salida de Fernando Caviglia –un hábil prestidigitador de las relaciones públicas- del Consejo Empresario en su paso a la Secretaría de Industria quitó a los empresarios de la necesaria capacidad de anticipación y organización (eufemismo de lobby, en la acepción americana del concepto) ante los problemas de la coyuntura.

Ese aporte del ahora funcionario ya no existe e impera la fragmentación que atenta contra el espíritu transversal y supraorganizacional que supo contar con entidades que traccionaban a empresarios, profesionales, cámaras, etc.

Hoy la voz institucional empresaria es débil en una provincia –cómo no podía ser de otra manera con la involución nacional- que pierde peso específico productivo, que no encuentra una directriz  estratégica y le cuesta mucho desandar el camino de la primarización productiva.

Ante ello, con la fortaleza de contar con el apoyo de Raúl Marsó y Eduardo Tonutti como principales espadas y un joven y dinámico equipo, Gabriel Bourdin sale al ruedo en un escenario algo oscilante y peligroso: con diferencias marcadas con el Ministerio de la Producción, con una economía inflacionaria, con la amenaza de cortes en el suministro energético, con caída del consumo, con problemas para importar insumos clave, con el dólar reaccionando y tasas financieras subiendo, entre muchos otros imponderables.

Con todo, mostró aplomo y tranquilidad.

En su discurso se preocupó por enviar un mensaje de unidad, necesidad de compromiso y trabajo en equipo para la tropa propia, por un lado; y por otro decirle al poder político que no es ésta la provincia que quieren ellos y la sociedad, haciendo hincapié en la necesidad de generar condiciones para la inversión privada de la industria con estímulos oficiales, generar empleo privado, cuidar el gasto público y una encendida referencia a la exclusión que se ha generado y las brechas que genera las diferencias de acceso a la educación.

Casi como una metáfora, Bourdin asume en una de las más importantes entidades de Entre Ríos con la obligación de recuperar el fuego sagrado interno y marcar un camino para un nuevo sentido del empresariado en general.

Origen.

Los hermanos Alcides y Gabriel Bourdin nacieron en una familia con más carencias que abundancias y ambos acompañaron desde joven a su padre en distintas actividades comerciales en el aciago camino de la búsqueda cotidiana. A finales de la década del ’80 advirtieron con suspicacia que el negocio de las bolsas de polietileno era una oportunidad e iniciaron el camino de explorarlo con el milenario método de ensayo y error. A poco de andar la experiencia derivó en la necesidad de los nuevos hábitos de consumo y la preservación de los alimentos en modernos envases flexibles y la intuición, la inversión y la contrición al trabajo fue poniendo a estos dos autodidactas en un camino que los llevaría, 35 años después, a constituirse en uno de los principales jugadores de una larga cadena de la industria agroalimentaria latinoamericana que los arrastra en la senda ascendente.

Han construido una compañía con más de 600 empleados, varias plantas, inversiones diversificadas, tecnología de punta, alta calificación organizacional y que fue cotizada en cifras astronómicas en euros las veces que inversores del mundo llegaron a la ciudad y se sentaron en las oficinas del Parque Industrial de Paraná para hacer propuestas de adquisición, que finalmente no prosperaron.

Pero no sólo eso. Es muy respetada en el mundo empresario su cultura e identidad organizacional, hacen públicos sus balances –empresario y social- todos los años, fue la primer empresa Pyme del interior del país en emitir obligaciones negociables, cosa que repitió con gran éxito, su formato de responsabilidad social fue elogiado en distintas universidades y fue parte de un trabajo editorial de la Universidad Austral y se replica en las aulas, posee una fundación con fuerte anclaje en lo educativo en la formación de jóvenes con dificultades en su competitividad laboral, en otros atributos.

Con perfil bajo, en general, Petropack S.A. prefiere no tener negocios con los Estados y Gabriel Bourdin cuida las formas y dice ser respetuoso de la institucionalidad y las investiduras. Tanto es así que recibió a Mauricio Macri y a Cristina Kirchner, en su empresa, alternativamente.  

Pero quizá esta distancia que parece mostrar con el poder lo convierte en refractario a las exhibiciones fútiles y prefiere hacerla lejos de los fotógrafos y con un marco más institucional.

Sin embargo, él fue el artífice de una relación distinta con el Gobierno municipal de Paraná quebrando un histórico desacople entre la Comuna y el Parque Industrial. Los funcionarios de la ciudad se muestran, por primera vez en 40 años, como Pancho por su casa, entre las empresas del Parque.

Tanto es así que el Intendente Adán Bahl y su ministro de Hacienda, Eduardo Macri, viajaron hasta Pueblo Liebig bajo la lluvia y con una ruta desmejorada para dar el presente en el acto donde Bourdin les hizo un guiño y mirando al “Lalo” aseguró que le gustaría trasladar a la provincia el modelo de integración que se aplica en Paraná.

Bahl publicó un meloso y regalón tuit donde afirmó que “El trabajo entre el sector público y privado es muy importante para el crecimiento de la industria y el empleo en #Paraná. En este nuevo período seguiremos fortaleciendo ese vínculo”. El detalle lo aportó el reconocido emoji del brazito doblado con el músculo firme.

Hasta el distinguido campo que Raúl Marsó, titular de Las Camelias, dispuso para el encuentro llegaron también el ministro de Producción, Desarrollo Productivo y Turismo de Entre Ríos, Juan José Bahillo, el citado secretario de Industria, Fernando Caviglia, y el director general de Industria. Cristian Kaehler.

Después del encuentro, el dirigente recibió el llamado de los principales funcionarios del Gobierno, aunque Dos Florines no pudo conocer si Gustavo Bordet levantó el teléfono para felicitarlo. Quizá el llamado de su segunda haya llevado esa carga implícita.

A la hora del almuerzo, Bahillo y Bourdin compartieron la mesa que fue servida por cordero a punto regado con un champan exquisito de marca Mascariño.

Marsó es un conocedor de vinos, organizador del Colón Vinos e impulsor inicial de la bodega de Jesús Vulliez, en el acceso a Colón. Dijeron los presentes que el servicio de Jimena, una de sus sobrinas, fue un punto alto del encuentro.

Quienes escucharon de cruce el diálogo entre el empresario y el funcionario en la mesa principal dicen que todo osciló entre los avatares que le depara al país las complicaciones de la economía nacional y la tensión, que baja como un alud, entre las principales facciones de la coalición del Frente de Todos.

De la provincia, dicen que dicen, no dijeron ni mu. Quizá en honor al cordero.

Pero no sólo eso. Si bien es cierto que no estuvieron los Motta (Augusto y Héctor), que ya no integran la comisión directiva, y tampoco Baggio, con problemas en su empresa, la figura de Bourdin concitó la atención y se hizo presente la totalidad de la familia Lambert, volvió Hermann, y fue notoria la presencia de Yamil Ale, representante de las inversiones de Molinos Río de la Plata en Entre Ríos, que integra la comisión directiva.

Otro apoyo no menor fue el de Néstor Egg, el poderos empresario avícola, con sede en San José, que si bien no estuvo presente por motivos personales, mantuvo un encuentro previo con Bourdin y le expresó su apoyo a la flamante gestión al frente de la UIER.  

Aires renovados.

Gabriel Bourdin dijo siempre que no le interesa dar el salto a la política.

Fuentes precisas aseguraron desde siempre que no fueron pocas las veces que fue tentado desde distintos espacios para encabezar listas a intendente o bien conformar gabinetes como ministro o secretario de industria. Algunos dicen, incluso, que lo sondearon para ser candidato a gobernador. Él lo negará.

Sin embargo, esa fue la acusación que pesó sobre él cuando cuatro años atrás su nombre fue propuesto por los principales “industriales” para suceder a Guillermo Muller, el gerente de Cartocor que culminaba su gestión.

Por entonces, el agua llegó al río y la entidad sufrió una  fractura expuesta con sordos ruidos cuyos ecos llegaron más allá en tiempo y con esquirlas que hicieron mucho daño. La UIER quedó dividida entre “gerentes” e “industriales” y se decidió zanjar el delicado equilibrio con el nombre de Leandro Garciandía, un “gerente” de Saint Gobain en Entre Ríos. Sin embargo, el episodio no fue gratuito. Algunos se fueron y no volvieron y otros apuraron su jubilación dentro de la entidad porque en un momento el clima se cortaba con una mirada fija.

Garciandía, en sus dos gestiones, debió soldar las hendiduras abiertas y sostener la entidad en los años de pandemia. Si bien para algunos miembros él debió ser un poco más firme en sus demandas al Gobierno provincial, todos reconocen el esfuerzo puesto ante la adversidad y la capacidad de llevar el bote a este puerto. De allí que Bourdin se lo agradeció meridianamente en su discurso, reconociendo la renovación alcanzada en el proceso y el empuje puesto en generar nuevos dirigentes.

Como no podía ser de otra manera, el flamante presidente ancló en los mismos ejes en los que viene haciendo pie cada vez que tuvo representatividad. La presión impositiva, la falta de competitividad de nuestra economía, las diferencias de accesibilidad de los recursos entrerrianos en relación a las provincias vecinas, la necesidad de una planificación estratégica de la provincia sostenida en una educación 4.0 y temas que hacen a una visión sistémica y panorámica, no tan centrada en las demandas sectoriales gremiales, sino en un entramado que “no permita que sigamos perdiendo empresas ni ciudadanos con dignidad que accedan a las oportunidades que todos merecemos”, expresó.

Como en un derby inglés, mientras Bourdin se dirigía a la concurrencia, Juan José Bahillo anotaba en una libretita como José Mourinho intentando descifrar la estrategia de Pep Guardiola.

A su turno, el ministro no pudo evitar formular un punto de diferenciación y aseguró que no compartía algunos puntos de su interlocutor, aunque planteó los desafíos de las empresas durante estos “años complejos” y destacó la necesidad de “mejores condiciones para el crecimiento y desarrollo de nuestras empresas”.

Al respecto, manifestó sus intenciones de “trabajar en conjunto” desde el marco del “respeto y convivencia para construir entre todos una agenda que permita superarnos”, según consignó la información oficial de la entidad fabril entrerriana.

Bourdin es hoy un purista. Un hombre que ha hecho del perfil bajo y la firmeza un culto. Algunos lo ven lejano y duro. Y a pesar que le reconocen ser una persona afable, sabe que las diferencias con Bahillo no tienen que ver con el discurso del viernes, sino con las que nacieron en las antinomias por la necesidad de una nueva ley de promoción industrial para favorecer la inversión y el trabajo de la industria entrerriana.

No está claro cuál es el dinero que debería resignar el gobierno provincial si cumple esta aspiración industrial, pero tampoco se ha avanzado mucho al respecto. El hecho fue reconocido por el ministro de Producción ante este cronista en una entrevista publicada por la Revista Análisis.

Pero no será sólo eso. La industria entrerriana pondrá a prueba al Gobierno provincial si se agudizan los problemas con la energía, ya sea con las tarifas y el impacto en las empresas como en las prioridades de suministro. ¿Qué espera Bourdin que haga el tándem Bordet – Bahillo ante el Gobierno nacional si con el frío las empresas son perjudicadas?

El industrial tiene in pectore algunas acciones –que aún no ha hecho públicas- pero que asegura serán ejes de su gestión. Es probable que allí nazcan nuevas tensiones.

No será una relación idílica. Todo lo indica así. Sin embargo ambos lados saben que tampoco pueden navegar este océano de angustias que es la economía nacional parados en costas diferentes.

Quizá el gobernador Bordet deba afrontar un papel más activo en la relación con el sector privado entrerriano y desfrizar relaciones con sectores que hoy están casi heladas.

Bourdin llega a este momento con recorrido y expectativas, consenso y respaldo.

¿Sabrá Bourdin que su agenda es más amplia de lo que él mismo cree?; ¿Entenderá que deberá encender una locomotora que traccione mucho más que a su sector?; ¿Será cierto que está hoy parado en el lugar justo, en el momento adecuado?