ENFOQUE PORTADA

Entre el alivio y la desconfianza

Por Danilo Lima, editor de Dos Florines

La decisión del presidente Alberto Ángel Fernández de no aumentar las retenciones ni reinstaurar los cupos de exportación –como él mismo había amenazado el último domingo en una nota periodística– permitió descomprimir la fuerte tensión que se había generado entre el Gobierno y el campo a raíz del aumento de los precios de los alimentos.

“No suben las retenciones y no habrá intervención en los mercados”, se apuró en declarar Jorge Chemes, el presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), en el primer contacto con los periodistas luego de la reunión en la Casa Rosada.

“Me vuelvo a Mendoza con mucho alivio, porque quedó totalmente claro que el tema retenciones, cupos e intervenciones en sus distintas formas está descartado”, remarcó, por su lado, Carlos Iannizzotto, el titular de la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro).

Tregua.

Ambos dirigentes, más Daniel Pelegrina (presidente de la Sociedad Rural) y Carlos Achetoni (titular de la Federación Agraria), de esta forma, buscaron llevar tranquilidad a los productores –muy ofuscados tras las declaraciones de Cecilia Todesca, la vicejefa de Gabinete, primero, y del propio Fernández, después–, calmar las aguas, e intentar, una vez más a través del diálogo, reconstruir la confianza dañada y lograr consensos mínimos que posibiliten diseñar políticas cuyo norte sea producir más y aumentar las exportaciones –indispensables para la generación de las divisas que tanto necesita el país–, sin descuidar el mercado doméstico.

Esta marcha atrás del Gobierno, para algunos, puede significar un triunfo de la Mesa de Enlace, no sólo porque de momento están descartadas aquellas dos medidas que tanto fastidian al sector agropecuario sino también porque en el oficialismo, según subrayaron los dirigentes del campo, entendieron que los productores no son los responsables de la formación de los precios.

Hay, por ahora, una tregua que, acaso, sirva, como se comprometieron ayer las partes, para reanudar las vías del diálogo –sin chicanas ni acusaciones cruzadas–, algo que no es poca cosa en la siempre complicada relación peronismo-campo.

Solá y Béliz.

En la reunión entre el Gobierno y la Mesa de Enlace, por otro lado, sorprendió la participación del ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Felipe Solá, quien fuera secretario de Agricultura cuando el peronismo era menemista y neoliberal –aunque muchos hoy lo nieguen–, y es un gran conocedor del sector agropecuario. Es más: durante la reunión, al parecer, el canciller respaldó varios de los argumentos del campo. ¿Dejará Solá la Cancillería para mudarse al Ministerio de Agricultura? Algunos, que tibiamente abonan esta hipótesis, dicen que el formoseño Luis Basterra, el titular de cartera, ha quedado muy desgastado desde Vicentín para acá.

También llamó la atención la presencia del siempre influyente Gustavo Béliz, actual secretario de Asuntos Estratégicos, aunque su participación estuvo ligada a la invitación que formuló el Presidente al campo para formar parte del reflotado Consejo Económico y Social.

¿Qué harán los duros?

Ante esta “victoria por puntos” de la Mesa de Enlace, cabe preguntarse si en el ala dura del peronismo kirchnerista asumirán esta nueva marcha atrás de Fernández. ¿No dirán ni harán nada? ¿Se tragarán otro sapo? ¿Aceptarán sin más que “la oligarquía neoliberal” les haya ganado una partida? Las respuestas, tal vez, comiencen a conocerse en los próximos días.

Sabedor de que el cristinismo más intransigente jamás aceptará acordar con “los gorilas del campo”, el Presidente, quizás, haya elegido la prudencia y no confrontar porque, todos en el Gobierno lo saben, un nuevo aumento de las retenciones o la reinstauración de los cupos –o las dos cosas– hubiera significado el inmediato inicio de un conflicto largo, denso, difícil de superar. Hubiese sido, además, un riesgo muy grande en un año electoral clave para el oficialismo.

Entre los productores –especialmente entre los más exaltados ante la política agropecuaria que lleva adelante Fernández–, en tanto, más allá del alivio que dejó la reunión de ayer, persiste un sentimiento de enorme desconfianza, porque, argumentan, “esta gente odia al campo, odia al que trabaja y produce, y puede hacer cualquier disparate en cualquier momento”.

En fin, la tregua está vigente y lo deseable sería que se aprovechara para apaciguar los ánimos y consensuar algunos puntos –aunque sean pocos– para elaborar líneas de acción que ayuden a superar esta durísima crisis que atraviesa el país. No es mucho pedir, ¿o sí?

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