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“El costo de evitar una hiperinflación es una dolorosa recesión”, aseguró Zuchovicki en Paraná

En su nueva visita por Paraná, el economista advirtió que Javier Milei “se va a encontrar con una bomba”. “Si hace algo, hay un 50% de probabilidad de que le salga bien y un 50% de que le salga mal”, anticipó. Nahuel Amore

Claudio Zuchovicki volvió esta semana a Paraná para hablar de las perspectivas económicas de la Argentina, esta vez con el nombre definido de quien se sentará desde el 10 de diciembre en el Sillón de Rivadavia. El economista hizo un análisis de la herencia que recibe Javier Milei, las posibilidades de ajuste fiscal que tendrá y la bomba de las Leliqs que deberá desactivar. A partir de allí trazó los escenarios que se configuran según las políticas económicas y financieras que tome la nueva administración nacional.

El costo de evitar la hiperinflación es una recesión, que va a ser tan dolorosa como la inflación para todos nosotros”, sintetizó el especialista, en diálogo con DOS FLORINES, que participó del Ciclo de Charlas organizado por el Estudio Yujnosky y Asociados en el Círculo Médico Paraná. En ese sentido, coincidió con la advertencia que hizo el Presidente electo de que el país camina hacia una marcada estanflación, aunque planteó que los efectos de las medidas anunciadas serán dispares.

—¿Cómo ve a Luis Caputo para el Ministerio de Economía en la primera etapa de Javier Milei como Presidente?

—Milei pone un experto en finanzas, muy respetado en todo el mercado. De hecho, cuando se produjo su confirmación fue un buen día para los mercados. Además, marca el orden de prioridades que tiene la Argentina. Estabilizar las variables financieras es una de ellas. Arranca con un voto de confianza importante, en términos de convalidación de su nombramiento con los precios: el dólar para abajo, el riesgo país para abajo, los bonos para arriba, la mayoría de las empresas un poco para arriba. Arrancó en un idioma y con un diagnóstico que, creo humildemente, es el correcto.

Leliqs

—Milei hace hincapié en el riesgo de las Leliqs, ¿cree que Caputo puede desarmar esa bomba de tiempo?

—El desafío es muy grande. Estás poniendo un interlocutor que habla el mismo idioma de los tenedores de Leliqs. Si tuvieras que arreglar un problema, siempre preferís con alguien que conocés, que estudió con vos y que conoce tu dinámica. De todas maneras, las Leliqs, más que el problema, es la consecuencia de un exceso de emisión monetaria. No es la raíz del problema. Por lo tanto, la podés resolver, la podés licuar, te la pueden regalar, pero si no resolvés los problemas por los cuales se emitió un montón de Leliqs, no la estás resolviendo. Por suerte lo dice, que es el déficit fiscal como base de todo esto. Emitís mucha plata porque tenés que financiar lo que gastaste por encima de lo que te ingresó. Para que esa plata no vaya a generar hiperinflación, el Banco Central la absorbía con Leliqs.

—¿Tiene sentido arrancar por las Leliqs?

—Desarmar las Leliqs tiene mucho sentido siempre y cuando veas en el horizonte que disminuye el déficit fiscal. Ese es el gran desafío porque va a traer mucha discusión, sobre todo más política que social. Esto se ve en cómo está encarando el ajuste fiscal, por las partidas discrecionales a provincias y la obra pública.

—¿Cómo evalúa la “ingeniería financiera” que prevé Milei para resolver este problema, en base a un nuevo bono y aparentemente sin necesidad de tomar tanta deuda en dólares?

—En todo caso, lo que cambiás es de acreedor o de plazos, nada más. No estás resolviendo el problema, sino estirando los plazos para tener más tiempo. Las Leliqs, que ya ahora se están cambiando a Pases, es deuda que vence todos los días. Todos los meses hay que renovarlas. Estirar los plazos te da más tiempo. Tiene que ser voluntario, teniendo la partida de quién tiene las Leliqs que les interesa arreglar. No estás arreglando con millones de ahorristas que tienen distintas opiniones. La mayoría de tenedores de deuda argentina están concentrados y tienen tanto interés como el gobierno en arreglar porque les viene tan mal un reperfilamiento.

—Milei dice que si la jugada sale bien, se evita la hiperinflación. ¿Esto es posible técnicamente?

—Lo pongo en estos térmicos: arqueo de cajas. Con qué se va a encontrar: un piso del 180% de inflación, del 12% mensual en noviembre, en diciembre bastante más, un nivel de pobreza del 40%, reservas negativas en 12.000 millones de dólares, una deuda con importadores de 50.000 millones de dólares. Se va a encontrar con una bomba. Tiene dos cablecitos. No hacer nada, explota la bomba. Más vale que haga algo. Si hace algo, hay un 50% de probabilidad de que le salga bien y un 50% de que le salga mal. Si le sale bien, evita esa hiperinflación con lo que dijo ya de una estanflación. El costo de evitarla es una recesión, que va a ser tan dolorosa como la inflación para todos nosotros.

Ajuste

—El ajuste fuerte que propone inevitablemente impactará en la economía. Y, por supuesto, pegará más en informales y asalariados.

—Será muy dispar. No todos por igual. Si hay un tipo de cambio más alto, las ciudades o provincias que vienen del turismo o que exportan materias primas, van a estar mejor. Todos los que dependen de un salario, van a estar peor, como a quienes se les quite subsidios y les suban las tarifas. Provincias como Entre Ríos ya lo vivieron, porque la que tiene el subsidio es el AMBA. En definitiva, nuestra plata va a tener menos poder adquisitivo. El tema es que solamente va a ser tolerable si ves que también se cortan privilegios de los de arriba. No es que sólo con la política vas a bajar el déficit fiscal y te salvás, sino que es gestual. Es tolerable si ves que tu jefe hace ese ajuste.

—Sería una legitimación del votante a las medidas de Milei para “aguantar” lo que haga falta.

—Exactamente, es eso.

—Volviendo al ajuste, se sabe que con la política no alcanza para llegar a los 15% del PBI. Tampoco alcanza recortando transferencias a provincias y la obra pública. ¿Cómo cree que lo puede hacer si no es licuando jubilaciones, pensiones y asignaciones?

—Vamos por parte. Bajar el déficit de golpe en un 15%, no lo va a poder hacer y lo sabe. Es un enunciado y quizá se puede hacer en otro contexto con crecimiento económico, con una mejor recaudación. Puede pasar, pero más adelante. En el corto plazo tiene un horizonte de bajar 2 o 3% del déficit fiscal primario. Por otro lado, las jubilaciones ya las licuaron. Es la segunda jubilación más baja de la historia argentina, comparada con 1989. El salario de la gente ya lo licuaron: es el segundo salario más bajo desde 1989. El ajuste se está haciendo, lo está haciendo el de abajo. Si cortás los envíos discrecionales a las provincias, entendiendo que muchas tienen superávit, menos dos, además de que cortás la obra pública –y ojalá la hagan los privados porque son muy necesarias–, es una señal de que con el tiempo podés cortar esa parte del déficit. Lo que tiene que lograr es la credibilidad de que lo va a hacer, aunque no llegue a ese número. Tiene que estar en el horizonte.

—Las provincias ya vienen advirtiendo por una caída de ingresos y dificultades para sueldos y aguinaldo. ¿Con qué se van a enfrentar los nuevos gobernadores?

—La pregunta es por qué no tienen esos recursos. Muchos no dijeron nada cuando cambiaron las reglas. En algún punto creo que la sociedad sabe cómo fue. Es verdad que habrá un lobby y una discusión por la coparticipación en la Argentina. Qué bueno que se debata, incluso qué provincias reciben menos de lo que les corresponde. También que rindan cuentas si esa plata fue a la política, a una elección, si fue a obra pública. Cuando ves el estado de rutas o caminos rurales, la pregunta es dónde está la plata. Por lo tanto, me parece que habrá muchos reclamos, pero también una exigencia de justificar a dónde fue el dinero cuando estuvo.

Cambio de tendencia

—¿Cuánto tiempo tendrá que esperar la gente para ver los supuestos efectos positivos de las medidas propuestas?

—Para desarrollarte en serio, necesitás una inversión del 15 al 17% del PBI. Para crecer no, porque podés rebotar económicamente. Creo que se va a rebotar económicamente el PBI, pero no significa que la gente viva mejor. En Argentina hay mucha pobreza estructural, que incluso no tiene agua, cloaca, no llega a los hospitales, etcétera. Para eso necesitás mucho tiempo y no se cambia con dinero, sino con educación. En mi generación tuvimos el privilegio de tener movilidad social. Esto va a ser más complicado porque para crecer en serio, transformando la calidad de vida, va a llevar al menos 20 años.

—¿Y en el corto plazo?

—Creo que alguna mejora vas a empezar a vivir por algunas cuestiones que no dependen de nosotros, como el clima. Argentina va a tener una cosecha que no tuvo en el último año. Pero el campo no es sólo lo que se exporta, sino lo que derrama en cada economía regional. Si eso cambia, por ahí podés tener una sensación térmica mayor, con un tipo de cambio competitivo, no a 375 pesos de hoy. Además, la economía del conocimiento este año exportó cerca de 8.000 millones de dólares y puede exportar 16.000 millones. Se terminó el gasoducto y es una buena noticia, porque no sólo vas a dejar de importar sino que podés empezar a exportar a Brasil porque Bolivia se quedó sin gas. Es decir, hay un compendio de cosas que te permiten pensar que no todo es tan negro. Liberando al gobierno que se va, no tuvo la culpa de la sequía ni cosas que le jugaron completamente en contra. Por otro lado, estamos en un mundo conflictivo y estamos lejos de esas zonas de conflicto.

—¿Qué protagonismo asumirá el sector privado a la luz de esa fuerte inversión, estancada desde hace más de 10 años, que necesita nuestro país para desarrollarnos?

—La inversión es necesaria hasta para mantener un colegio, un hospital. Reinvertir entre un 15 y 17% es clave en la economía. Argentina no tuvo ni un promedio de 10% de inversión, ni pública ni privada. El privado no lo hacía porque no tenía incentivo para hacerlo. Cualquier renta extra era adicional y tenés que pagar más impuestos. No había incentivo a crecer y ojalá que eso cambie. Plata hay. Cuando vez las declaraciones juradas de bienes personales, no es un problema de plata sino de credibilidad y de confianza, de que si hacés las cosas bien y ganás, esa plata es tuya y no se la lleva un gobierno. Creo que esa expectativa cambió a favor.