Silvia D´Agostino cumplió 70 años, o casi…

14/11/2019

El Sanatorio La Entrerriana llegó a las siete décadas con una exitosa celebración. Tan fuerte es la figura de su líder que es difícil escindir una de otro. Gustavo Sánchez Romero

Ella sonríe, quizá porque adivina el doble sentido…

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-¡Feliz cumpleaños!!!…. le arroja este cronista como un piropo, y ahora deja caer una carcajada.

Y ríe porque está feliz. No es ella la que cumple 70 años, por lejos. Pero está feliz, como si cumpliera 15. Al menos eso se percibe en su rostro sobre la siesta del miércoles 6 de noviembre. Y el dato no es menor, porque aun cuando la siesta sobrecoge el Centro Provincial de Convenciones de Paraná, los asistentes siguen celebrando en el brindis y postergan el evento.

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-¡Feliz Cumpleaños!!!!, y la humorada parece no ser tanto, porque si bien es cierto que quien alcanzó las siete décadas es el Sanatorio La Entrerriana, la fuerte figura empresarial de su líder, hace que se confundan los homenajeados.

Es que no puede escindirse la figura de Silvia D´Agostino de la de su empresa de salud, y a esta altura es un ícono de innovación, calidad y compromiso con su entorno.

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Y esto es así porque la empresaria dotó a la compañía de una impronta tan personal que cuesta creer hay diferencias entre uno y otro.

Y al final del día recae una conclusión sobre la exitosa celebración que contó con prestigiosos profesionales de la ciudad, el país y el mundo; empresarios, colegas, la comunidad científica, laboratorios, periodistas y muchos amigos que se sienten cercanos a la personalidad de esta mujer de aspecto liliputiense pero que desde muy joven mostró una personalidad ciclópea.

Estudió economía cuando era una carrera dominada por varones, ocupó un cargo ministerial en el gobierno de Cresto, cosa impensada para la época y terminó rehaciendo las raíces con su pago chico.

Después llegó el amor por la militancia política, a la que nunca abandonó con definición meridiana, y más tarde el golpe del ´76 que reconfiguró todos los planes personales.

Decidió tomar las astas de la empresa cuando falleció su padre sin mostrar un tranco de pollo de debilidad, y vaya que lo logró con un directorio donde predominaban médicos y asesores.

“En ese tiempo yo era casi mala palabra, y en el sanatorio me alojaron y pude trabajar y seguir creciendo, pero yo no estaba preparada, y tuve que estudiar, hacer cursos en Buenos Aires y Estados Unidos, y te aseguro que no fue fácil porque una empresa de salud no es una empresa común”, define.

Junto a Edmundo Pilo Muguruza fundó y presidió la entidad que nuclea a los empresarios más diversos y grandes de la provincia, animándose a hablar de responsabilidad social empresaria, sustentabilidad y desarrollo con equidad en boca del mundo de los negocios. También apostó en el tiempo por la acción gremial y fue el factótum de Acler, la entidad que reúne a las clínicas y sanatorios de la provincia. Todo esto sin perjuicio de su participación en la federación nacional.

Silvia D´Agostino es esto y mucho más. Su paso por esta vida ya ha dejado una huella indeleble, aunque más allá de un carácter a veces quejoso y apesadumbrado hay mucho hilo en el carretel. Ella dice que sólo lo hace porque cree que debe hacerlo, sin asumir la cosmovisión militante sustentada en la humildad.

Silvia no duda un segundo en disponer su tiempo para el joven hijo de un empresario que le pide un consejo o se detendrá sin molesdtias ante un periodista que camina sus primeros pasos. Nunca hará diferencias en esto, y cada uno de nosotros dará fe sin dudarlo. Eso está en su naturaleza.

Así ha llegado a los 70 años –su empresa, no ella- con su figura a la cabeza, luego que su padre falleciera con 69 años en diciembre de 1981 y todos miraron a la licenciada en Economía que se había vuelto de Buenos Aires contratada por el CFI para trabajar en Santa Fe.

-¿Hubiese sido tan exitosa esta celebración de un sanatorio si otra persona fuera la convocante?- le preguntó DOS FLORINES y ella pone blanco sobre negro para no dejar dudas.

“Creo que si no estaría yo al frente alguien hubiese tomado la posta y se celebraría igual. Lo que pasa es que han pasado muchos años desde que estoy al frente del sanatorio y reconozco la asociación directa que se hace, pero ni yo misma me imaginé estar en este lugar hoy”, responde la empresaria.

Origen.

La compañía la formó su padre con un grupo de médicos socios y hoy hay muchos más que apuestan invirtiendo con trabajo y capital para garantizar una plataforma para que los profesionales encuentren un ámbito de desarrollo.

Ella se crió en el viejo edificio del sanatorio de su padre, en calle Buenos Aires, donde hoy funciona la Secretaría de Trabajo. Allí –recuerda con dolorosa hidalguía- su madre la llevaba para que le apliquen un tratamiento de inyecciones para crecer, igual que a Leonel Messi. Allí ella gambeteaba su infancia entre las ollas y cocineras, lugar al que acudía para, con cuatro o cinco años, robarse un flan o una gelatina preparadas para los pacientes.

“Nací entre las cosas que tiene un sanatorio, pero nunca imaginé que viviría entre ellos”, se resigna hoy.

Y se resigna con la vocación de quien debe administrar una empresa distinta a las demás, y en eso ella se siente diferente. Sabe que eso la convierte en una empresaria distinta.

Es difícil administrar un sanatorio, confiesa. “No es como cualquier empresa donde vos hacés un presupuesto y ese presupuesto se cumple y aunque hay desvíos vos la vas llevando. Una empresa de salud no fija precios, cosa que hacen todas las empresas por sus productos o servicios. Aquí negocias con cada financiador por separado, y cada uno te paga distintos valores por iguales servicios, cuando vos tenés un solo valor de los costos. Es muy difícil”, sintetiza D´Agostino, quien se apoya mucho en su hermana Marta y su hijo, de quien, se supone, espera, continuidad en el tiempo.

Su empresa es altamente anclada en el despliegue de sus talentos humanos. El 65 % de sus costos está destinado al personal, más un 10 % a honorarios profesionales. Es una empresa de mano de obra intensiva, con casi 300 empleados directos entre personal y profesionales, en todo el grupo, que –se queja- no encuentra ningún incentivo desde el Estado para seguir funcionando. “No tenemos visualización. Las Pymes de salud que atienden la seguridad social tenemos un problema serio de reconocimiento de parte del Estado”, subraya.

Ante la pregunta si alguna vez pensó seriamente en largar todo al diablo, ella piensa un minuto y bucea en la memoria, sabiendo que no puede mostrar flaquezas.

Es entonces cuando dice que más de una noche no durmió y que debió apoyarse en la opinión colegiada de su directorio y los asesores ante más de una encerrona. También reconoce haberse perdido en los laberintos de las sucesivas crisis argentinas, que, asegura, en el sector salud son letales. No pocas veces debió tomar decisiones clave y sensibles, sola con su alma, a pura intuición y experiencia.

“Por algo se han cerrado tantos sanatorios en Entre Ríos y en Paraná, en particular y muchas veces nos encontramos que no hay camas, y La Entrerriana trabaja a cama caliente muchas veces coordinando con el hospital público para abastecer la demanda”, reseña.

-¿Entiende que la sociedad y sus pares le reconoce el empuje y el tiempo dedicado a la actividad gremial empresaria?

-Creo que es importante porque el compromiso de la empresa no es sólo consigo misma sino con la comunidad. Hay empresarios que han denigrado la profesión y hay empresarios que están para hacerle un monumento. Tenemos que hacer crecer la idea de un empresario comprometido.

Mi mamá me preguntaba con ironía si yo creía que me iban a levantar un monumento por estar todo el día activa y preocupada por tantas cosas. Pero yo lo hago porque hay que hacerlo, no busco reconocimiento.

-Sin embargo tanto apoyo a un aniversario de un sanatorio no sería posible sin un reconocimiento a su figura…

-Sí, entiendo que es un reconocimiento y lo agradezco enormemente. El día a día te agobia, muchas veces te supera, pero hay que hacerle frente a eso y no dudar en mirar alrededor, especialmente

 

El Estado.

Aun en el día de su cumpleaños, o en el de su empresa, que es casi lo mismo, y es inevitable hablar con Silvia de las políticas de Estado para el sector salud, de las que Ella espera trasciendan el cortoplacismo de los cuatro años. Casi como una obviedad, es crítica del período que está culminando con Mauricio Macri.

“No hubo políticas de Estado en la Argentina de las últimas décadas que tuvieran una visión integral de la salud en la Argentina”, asegura, pero enseguida hace un paréntesis ante la requisitoria periodística.

-¿Con Ginés (González García, ex ministro de Salud de Néstor y Cristina) tampoco?

-Excepto Ginés. El tuvo una visión que abarcó lo público y lo privado, como objetivo de salud.

Después diría que los ministros de Salud se han dedicado a ver qué hace cada parte sin entender la integración público-privada. Esto no es un titulo. Tenemos que complementarnos, nos afectamos mutuamente. Esto es un sistema donde se financia uno y afecta al otro, si se invierte en forma desigual se afecta al sistema.

Silvia dice que ahora está esperando, en el umbral de un nuevo gobierno que se avecina. Espera señales para adelante y la entusiasma la versión que Ginés podría estar en la grilla como ministeriable.

“Mucha gente decía que cuando bajaron del ministerio de Salud a secretaría era como  una ofensa. Para lo que han hecho estos ministros, es lo mismo el cargo”, enfatiza, reclamando una visión integral.

Ya son casi las 16 y el salón del Centro de Convenciones se va vaciando y cada uno saluda a Silvia D´Agostino con un beso que refleja el concepto que la sociedad y sus pares tienen hacia ella y que puede resumirse en una sola palabra: respeto.

Se la nota cansada pero no para, nunca se detiene. Precisa que tiene que ir a hacer las valijas porque debe viajar a Buenos Aires a la reunión del Confederal del día siguiente.

Los festejos están concluyendo y el servicio de buffet recoge los despojos del brindis, que nadie quiso perderse.

Estuvieron todos, y ella lo sabe y reconoce. Ningún sanatorio congregaría tanta gente si no fuera porque hay un eje convocante particular.

Esta mujer fue pionera en muchas cosas en Entre Ríos, y ese cuerpo esmirriado concentra muchas batallas, tantas que quizá no quepan en su edad. Edad que, como todo caballero, este cronista no preguntará.

No hace falta. Ella está cumpliendo 70 años, o casi. Su empresa está cumpliendo 70 años, y Silvia D´Agostino recibe besos y felicitaciones como tenues caricias al alma.

Todo lo que ha pasado ese día no ha sido más que un venerable acto de justicia con una mujer especial, una verdadera dirigente con espíritu completo dedicado a sus convicciones.

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