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Si estás con vida, inicia algo

Si puedo iniciar algo es porque estoy con vida, si quiero iniciarlo es porque estoy comprometido con alguien o algo, si actuó iniciando algo es porque estoy convencido. Podemos decir, entonces, que la iniciativa requiere estar vivo, contar con compromiso con algo o alguien y con la convicción para hacerlo. Iniciar algo es existencia; mantenerlo es voluntad, paciencia y perseverancia; potenciarlo es determinación y creatividad.

Carlos Alberto Sosa (*)

 

Popularmente, la iniciativa se la conoce como el plus de energía que una persona tiene para emprender o desarrollar un proyecto, crear una oportunidad o lograr una mejora. Es la capacidad para iniciar proyectos o las soluciones a nuevos problemas. Nos referimos a la habilidad para movilizarnos proactivamente en la búsqueda de mejoras. La autonomía tiene que ver con el poder de decisión independiente. La libertad decisional, las facultades que un líder posee, racional y emocionalmente, hacen a su nivel de autonomía.

El desafío es lograr una autonomía efectiva e inteligente, esto es, conjugar estilos decisionales con un carácter independiente, dependiente e interdependiente, respecto de su equipo de colaboradores. Implica en algunas situaciones decidir de manera independiente del equipo de trabajo, en otros momentos, saber cuándo empoderar de autonomía al propio equipo de trabajo y hacerse dependiente.

El líder tiene que ser funcional y perspicaz para hacer uso de la autonomía inteligente, que es la interdependencia. Los líderes, gerentes generales o mandos medios, están en una continua puja y presión por los niveles de autonomía y facultades decisionales, dado que juegan distintos roles, cumplen una función de “exigidos” por sus superiores y de “exigidores” hacia su equipo de colaboradores. En este sentido, que en las organizaciones se aprendan a manejar funcionalmente los niveles de autonomía de manera vertical y horizontal, es clave para despertar las iniciativas y personas con autogestión.

En el caso del ejercicio del liderazgo, la competencia a desarrollar iniciativa y autonomía, la podemos distinguir en tres niveles; con relación al:

Tiempo: corto, mediano o largo plazo.

Ámbito de interés: personal o laboral, de carácter técnico, social y humanístico.

Carácter individual o colectivo: consigo mismo, hacia otra persona o equipo de trabajo.

En relación con la variable tiempo, debemos distinguir:

- Corto plazo: hacen a las pequeñas propuestas para anticiparse a las problemáticas cotidianas, al entusiasmo y energía para identificar detalles diarios que hacen a las grandes diferencias, al estar atentos para ofrecer soluciones operativas. Estas, requieren que el líder posea ánimo y orientación al detalle. Normalmente estas situaciones hacen a la imagen de un lugar, a ciertos aspectos del ambiente de trabajo, determinadas consignas que mejoran el desempeño laboral, herramientas y recursos materiales que brindan soluciones y mejoras del bienestar personal.

- Mediano plazo: es el empuje para encarar ideas y proyectos de asuntos tácticos, esto es, temas con un horizonte temporal superior al día a día. Exigen que el líder desarrolle un nivel de pensamiento, planificación y energía, para lograr mejoras en la performance de mediano plazo, esto es un tiempo que oscila entre un mes a doce meses.

- Largo plazo: pertenecen al máximo nivel de iniciativas, causan una especie de revolución, generan un punto de inflexión en las personas que vivencian ese proceso, necesitan de mucha visión, innovación y empuje.  Tiene que ver con temas estratégicos, de planificación anual o tiempo superior, son rediseños de procesos, cambios significativos en la manera de gestionar, nuevas metodologías de comunicación, desarrollo de nuevos productos o servicios. Estos cambios, comienzan con una idea y entusiasmo creativo, pero se sostienen con perseverancia y determinación, para luego concluir con una etapa de implementación y sentido práctico.

¿Cómo entrenar la iniciativa?

La iniciativa tiene que ver con nuestra mente:

A nivel emocional: con dos emociones, una principal (ansiedad) y otra secundaria (alegría). Volviendo a la metáfora del velocímetro emocional, demanda presionar el acelerador de la ansiedad. Si estamos relajados, el velocímetro de la ansiedad, va a estar en cero, no hay movimiento y, por lo tanto, no contaremos con iniciativas. Recordemos que la ansiedad, tiene que ver con inquietudes y preocupaciones por distintos hechos reales o imaginarios, son los impulsos automáticos a la acción. Por lo tanto, para que aparezcan las iniciativas tenemos que darle curso al acelerador de la ansiedad en un nivel que nos movilice a ocuparnos. Esto sería poner la ansiedad en un nivel óptimo, entre noventa y ciento veinte kilómetros por hora. Esto podría suceder, a partir de ponernos un objetivo con un plazo concreto para su alcance (nivel de pensamiento o lenguaje), con relacionar la evaluación de desempeño con determinados beneficios emocionales y materiales, con hacer actividades corporales (física, respiración, etc.). Para estimular la alegría, es clave alimentarse y descansar adecuadamente incorporando hábitos saludables, esto ayuda a tener un humor estable. En esta misma línea, es recomendable al comenzar el día, para estar con alegría, realizar ejercicios de risa terapia, un buen ejercicio al levantarse es pararse frente al espejo y reírse un minuto de uno mismo, escuchar música que lo ponga bien arriba, esto levanta el ánimo y hace que uno comience el día de buena manera. Luego balancear con técnicas de respiración, para dar forma a su presencia.

A nivel pensamientos (lóbulos frontales): la intención de hacer algo y la atención al detalle o proyectos a realizar, se pueden fortalecer con el uso de una planificación donde se marquen claramente las prioridades, distinguiendo los aspectos importantes, de los urgentes. Por otro lado, incorporando distinciones de liderazgo que tengan que ver con programas de formación para desarrollar la empatía, influencia y presencia. Pero especialmente, en los asuntos que nos interesa ser diferentes, orientando las acciones hacia las personas que deseamos cuidar y potenciar para lograr esas metas. El realizar ejercicios de respiración, incorporar las pausas activas en el trabajo u ocio recreativo, hacer una tarea por vez, evitar la dispersión, sirve para poder estar más presente y hacer foco.

El ejercicio de un liderazgo inspirador demanda cada vez más de iniciativas desafiantes y creativas.

 

(*) Consultor de Empresas. Contador Público Nacional. Mg. Administración de Empresas. Especialista en RR.HH. y Dirección de Negocios. Coach Ontológico. Neuroliderazgo. www.sosayasociados.com

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