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¡Reforma tributaria ya!

No puede negarse que la Argentina es un gran país: de dos éxitos conseguimos, como resultado, tener dos problemas.

Jorge Ingaramo (*)

Éxito 1: nadie duda de que el acceso al mercado internacional de capitales de Nación, provincias y empresas privadas, es un éxito formidable y que el Estado nacional haya conseguido ya colocar deuda para cubrir la mitad de sus necesidades de financiamiento de 2017, da gran tranquilidad.

Éxito 2: el blanqueo superó las expectativas. Se puede financiar la reparación histórica de los jubilados y sobra plata.

 

Los dos problemas.

El sobreendeudamiento consolida altísimos niveles de gasto público en los tres niveles y la financiación de casi cualquier proyecto, incluso los menos racionales como satélites y reactores nucleares. Por eso, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, anunció una pauta de déficit primario del 4,2% del PBI cuando –en enero de 2016– el entonces ministro Alfonso Prat Gay había previsto el 3,3%, para 2017.

El formidable ingreso de dólares aumentó las reservas a tal punto que hoy tenemos un dólar de convertibilidad similar al del mercado. La entrada de divisas, que no tienen demanda, obliga a soportar –por lo menos hasta las elecciones– un relativo atraso del tipo de cambio que dificultará la comercialización de la cosecha, así como perjudicará la competitividad externa de nuestro país.

Siguiendo con anuncios poco propicios, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, que está cambiando los dólares que trajo el ministro de Finanzas, Luis Caputo, por pesos, manifiesta su preocupación (cura en salud) por la inflación del próximo trimestre, dados los aumentos de luz y gas.

Pues bien, le tengo buenas noticias al Gobierno del presidente Macri. Tiene cómo encarar, desde el 15 de marzo, una reforma tributaria que baje costos y precios. Pagaremos quizás un poco más de luz y gas, pero menos por fletes, transacciones bancarias, alimentos, etc., y finalmente, la inflación núcleo será la que se generen el fisco y el BCRA.

El Gobierno nacional contrató a FIEL para diseñar una reforma tributaria “integral”. También en la ley del blanqueo, había creado una comisión al efecto.

Pero, cuando se reformó la Constitución, en 1994, también se ordenó una reforma integral en la relación de Nación con Provincias y el dictado de una Ley de Coparticipación. A casi 23 años, lo de “integral” se transformó en una reunión mensual del ministro del Interior, Rogelio  Frigerio, con los gobernadores, en la disputa por el mango. Lo integral, por lo general, nunca llega.

Por eso, en esta nota se propone una inmediata reforma tributaria, parcial, pero posible.

 

El momento.

El blanqueo se traduce en una impactante suba en la recaudación de impuestos internos (automóviles), incorporación de contribuyentes al Impuesto a los Bienes Personales e Impuesto a la Transferencia de Inmuebles (e IVA, obviamente). También creció más de 40%, en enero, la recaudación del Impuesto al Cheque.

Cuando comience a verse la reparación histórica, también mejorará la recaudación, por más que se devuelva el IVA de la canasta básica a los jubilados.

Por otro lado, mirando las cuentas del sector público nacional de enero, descubrimos las siguientes variaciones interanuales, en los gastos de funcionamiento: remuneraciones, 36,7%; otros gastos de funcionamiento, 79,3%.

El flamante ministro no es precisamente un picapiedra austero o, se le escapó la tortuga. Quiere decir que, con los recursos que hay, el momento de encarar la reforma tributaria es hoy. En febrero del año que viene ya no tendremos los efectos del blanqueo y no sabemos cómo va a ser la cosecha. Por ende, para tranquilizar al presidente del Banco Central, presento mi reforma, que va a bajar los costos y muy probablemente los precios.

 

La reforma.

Como lo integral nunca fue eficaz. Proponemos tres cambios parciales a regir desde el 15 de marzo. Si va bien, seguimos.

* Reducción del 17,1 al 10% en el Impuesto a los Combustibles que grava al gasoil. La incidencia de esta medida en el Presupuesto es baja, pero tiene un formidable efecto multiplicador en el agro y, en general, en todos los fletes camioneros. Si el Gobierno tuviera miedo del efecto fiscal, puede aplicarla por seis meses y evaluar sus consecuencias. La reactivación de la economía, que se verá desde el segundo trimestre, puede licuar los costos fiscales.

* Bajar, por seis meses, la alícuota del Impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios, que recauda aproximadamente 1,5% del PBI. Hoy se paga, en total, el 1,2%. Por seis meses, convendría reducirlo al 1%: 0,50% para el débito y 0,50% para el crédito. Una vez más, con la buena recaudación de enero, podemos atrevernos a correr ciertos riesgos y ayudaría a la baja de costos.

* Creación de un fondo, coadministrado entre Nación y Provincias, para eliminar por etapas o por sectores, el Impuesto a los Ingresos Brutos. Hace 25 años que se propone la transformación de este impuesto, hoy en cascada, que grava acumulativamente las cuatro etapas de la producción, en un Impuesto a las Ventas Finales, como es el Tax, en los Estados Unidos. Por supuesto, nunca sucedió. De las cuatro etapas: materias primas, industria, mayorista y minorista, se propone eliminar el impuesto en la primera etapa. Esto podría significar una caída anual de M$ 80.000 a 90.000 en la recaudación de las provincias.

El Fondo a crearse podría tener tres financiamientos: a) congelamiento del gasto de consumo del Tesoro Nacional en los niveles de 2016, es decir un ahorro, al menos presupuestario, de M$ 73.886; b) aplicación al fondo, de la recaudación por multas del blanqueo, luego de cubrir los M$ 90.000, necesarios para la reparación histórica de los jubilados; y c) disminución de los sueldos de los funcionarios políticos, para que sólo perciban “la paritaria” del 18% que propone el oficialismo, y no el 36,7% en que aumentara la cuenta Remuneraciones del Tesoro Nacional, en enero (alternativa: “cláusula gatillo” se paga con bonos).

Si de resultas de un error de cálculo en la aplicación de esta reforma, hubiera un crecimiento en las necesidades de financiamiento del Estado nacional, poco costaría aumentar un poquito el endeudamiento que, según el ministro Caputo, alcanzaría los MU$S 41.000, en el año, entre refinanciación y deuda nueva.

Sería una muy buena noticia que haber contraído deuda permite bajar costos y bajar precios, a la vez que empezar a eliminar impuestos distorsivos, en lugar de financiar viáticos, gastos innecesarios y autos con chofer de funcionarios.

El común de los mortales que vamos a trabajar en “bondi”, taxi o usando nuestro auto particular, pagando la carísima nafta, veríamos que les dejamos a nuestros hijos una deuda más fácil de pagar, al reducirse tanto los costos de producir como los precios de consumir.

 

(*) Economista.

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