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Comunicación funcional: son formas, no contenidos

Mi mensaje fue claro, concreto y simple; es una tarea que conoce bien, la realiza habitualmente. Le pregunté si entendió, me dijo que sí y cuando verifiqué lo realizado, nada tenía que ver con mi pedido y el objetivo de la actividad. No sé por qué lo hizo mal, no sé qué le está pasando, no nos estamos entendiendo últimamente, yo no he cambiado mi forma de ser, se pregunta y cuestiona el líder.

Carlos Alberto Sosa (*)

 

 

 

Técnica, biología o emoción.

Si bien, la comunicación para ser considera efectiva se vale de una técnica y posee aspectos de la biología humana como el hablar y el oír, fundamentalmente es emoción. La funcionalidad de la comunicación tiene que ver con interpretación, empatía, vínculo e influencia. Por lo tanto, si no establecemos contacto con el chip emocional de nuestro receptor (liderado), la comunicación no será efectiva. Con lo cual empezarán de parte del líder los juicios de valor y emociones disfuncionales: perdió el interés por el trabajo, no me escucha, ya no le importa, me frustra trabajar así, etc. A partir de estos problemas de comunicación comienzan a notarse en las organizaciones las conversaciones privadas (no públicas), juicios de valor, a ponerse etiquetas, crearse los inconversables y rutinas defensivas (antiaprendizaje).

 

Formas y entorno.

El desconocimiento, la subestimación y la ausencia de innovación comunicacional deterioran las relaciones laborales, producto de los errores desgastantes que se observan en la construcción de los vínculos. Actualmente, el contenido del mensaje pasó a ser un actor de reparto frente a las formas de comunicación, que son las nuevas vedettes. Estas formas tienen que ver con: a) captar la atención (establecer contacto visual, sostener la mirada firme unos segundos, tono de voz, establecer estrategia de seducción y atracción); b) modalidad (personal, telefónica, virtual o digital); c) momentos y tiempos (día, hora, disponibilidad); d) lugar y formas (sentado o parado, público o privado, pasillo u oficina, celulares apagados o prendidos); e) lenguaje no verbal (posturas corporal, gestos, miradas, tono de voz, respiración, velocidad del habla); e) emociones (nivel de ansiedad del emisor y receptor, enojo, miedo ); f) memoria  (más emoción en la comunicación más se graba en la memoria de largo plazo, evocar recuerdos, metáforas, sucesos del hecho comunicacional).

Cuanto más tengamos en cuenta la multiplicidad y cantidad de variables que hacen a las formas y entorno comunicacional más efectiva será la comunicación. Si bien el contenido y la estética discursiva, juegan un papel preponderante, son parte del rigor técnico de una comunicación; siendo los elementos enumerados, los claves en la llegada y contacto con el chip emocional del receptor (liderado). La responsabilidad de la comunicación efectiva es del vendedor (emisor) del mensaje. La percepción, que se forme el receptor (liderado) del mensaje de la importancia que le brinda el emisor, es clave para el éxito de la comunicación. La percepción que se forma el receptor (comprador), esta influenciada por las actitudes del vendedor (emisor) del mensaje, en la transmisición del mismo. Esto tiene que ver con la actitud comunicacional del líder (vendedor del mensaje), es decir, si la misma se produce en un ambiente adecuado, en una oficina a puerta cerrada (privacidad), interrupciones o interferencias, dejar el celular apagado o prendido, la invocación de la importancia del mensaje; entre otros. Es decir, el escenario y el montaje,  juega más que los actores y su letra.

 

Escucha y ansiedad.

La comunicación es lo que el receptor (liderado) comprendió, no lo que el emisor (líder) dijo. La responsabilidad principal siempre es del emisor, no del receptor. El que vende la idea o transmite el mensaje, es el garante final de los problemas o ruidos comunicacionales. El hablar ha perdido lugar frente al escuchar, un dicho popular dice que tenemos dos oídos y una boca, por lo tanto debiéramos escuchar el doble de lo que hablamos. Escuchar no es oír (biología), es interpretar (emoción), y esto tiene que ver con una predisposición (actitud) emocional para comprender el significado. La escucha efectiva tiene que ver con observar muchos detalles de las formas, estatus, egos, gestos, posturas, color de la piel, inflexión de la voz, mirada, sostenimiento visual, olfato, etc. Cuanto más foco podamos hacer en estas variables, producto de la gimnasia y entrenamiento, que tiene que ver con muchas horas de vuelo, más efectiva resultará la comunicación. El escuchar está influenciado de manera directa por una emoción clave, como es la ansiedad. Si se está muy ansioso, el registro y la escucha disminuyen. Por el contrario, si se está demasiado relajado o tranquilo, no se presta atención y no se hace foco. El camino del medio, como dicen los budistas, es contar con niveles de ansiedad, tanto del líder como el liderado, moderados y armónicos para permitir un mejor registro de los detalles, del lenguaje no verbal, y así contar con mejor capacidad de interpretración de lo que se quiere transmitir y de lo que la otra parte comprendió. La ansiedad, en considerables períodos, esta influída por algo muy simple, como es la calidad y cantidad del sueño y descanso de los protagonistas de la comunicación. En otras ocasiones, puede estar influenciado por variables más complejas, como son los niveles químicos de los neurotransmisores serotonina, que requieren de una asistencia médica (mecánica) o profesional pertinente. Dilucidar los montos de ansiedad y sus causas, es clave para poder realizar un buen diagnóstico de la efectividad comunicacional, además de la calidad de vida personal. Dado, que alguien que quiera almorzarse la cena, difícilmente, podrá escuchar efectivamente.

A modo de cierre, las formas a emplear para lograr una comunicación funcional, tienen que ver con las que nos permitan mejor llegada al liderado, y no con las formas y mensaje que le sienta más cómodo al líder. La comunicación efectiva tiene que ser vista desde las formas que permiten conectar mejor con el receptor.

 

 

(*) Consultor de empresas. Contador Público Nacional. Mg. Administración de Empresas. Especialista en RR.HH. y Dirección de Negocios. Coach Ontológico. Neuroliderazgo.

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