DOS FLORINES

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Roberto Feletti no cree que la economía “repunte y brille” en el segundo semestre

El ex secretario de Política Económica y Planificación del Desarrollo de la República Argentina opinó sobre los aspectos nocivos de la economía macrista, el blanqueo, el ajuste, la fuga de capitales y los Panamá papers.

Pablo Russo

Dos Florines

 

Roberto Feletti, actual secretario de Economía y Hacienda del Municipio de La Matanza (que cuenta con 1.700.000 habitantes), evaluó los primeros seis meses de gobierno de Mauricio Macri, destacando las tendencias estructurales. Fue en el Salón de Actos de la Facultad de Ciencias Económicas, de la Universidad Nacional de Entre Ríos, donde disertó como parte de las actividades organizadas por el Centro Interdisciplinario de esa casa de estudios. Antes de la conferencia, el Contador Público (UBA), ex viceministro de Economía y ex diputado nacional por el Frente Para la Victoria, dialogó con DOS FLORINES.

– Usted destaca tres aspectos nocivos en la tendencia económica actual: endeudamiento, patria financiera y apertura de las importaciones. ¿Puede explicar por qué?

– En primer lugar, porque estos aspectos estuvieron presentes en los peores años de la historia económica argentina, que fueron de 1976 a 2001. En la medida en que se permite que el sistema financiero sea el que asigna recursos en la economía a través de una tasa de interés muy alta (nada compite con el rendimiento financiero), lo que se hace es deteriorar la inversión productiva. En segundo lugar, si el Estado –producto de la falta de crecimiento y la falta de recaudación– se desequilibra y tiene que tomar deuda en forma creciente, finalmente quiebra. Hemos visto esto en las crisis del 82, del 89 y en 2001. Si, además de a una tasa de interés alta y un endeudamiento del Estado que le restringe su capacidad de distribuir ingresos, se le agrega que la Argentina tiene que competir con producción importada, lo que nos vamos a encontrar es un deterioro importante del nivel de vida en general de la población.

– ¿Piensa que no era necesario el endeudamiento?

– Pienso lo siguiente: una propuesta a los holdouts que no habían ingresado al canje era necesaria. De hecho, se discutía en el FPV ante la eventualidad de un nuevo gobierno. Ahora, producir un nivel de endeudamiento de veintiún mil quinientos millones de dólares –16.500 el Tesoro y 5.000 el Banco Central–, y no saber qué arreglaron de ese saldo de holdouts… creo el ministro Alfonso Prat Gay le debe una respuesta al Congreso y al pueblo en general. Giramos 12 mil millones de dólares al exterior, pero ¿cuánto arreglamos del 7% que quedaban de holdouts? Ese es un tema; y el otro es que el endeudamiento no se refleja en las reservas del Banco Central. Frente al levantamiento de la regulación cambiaria, que se suponía que iba a resultar en un refluir de dólares, y frente a 21.500 millones de dólares, las reservas del Central solo incrementó en 6 mil millones. Tomamos deuda, no sabemos a quién le pagamos y de qué manera de los que no entraron al canje, y tampoco vemos un incremento fuerte de las reservas del Banco Central que permitirían ser usadas en la expansión de la actividad interna. Ese tipo de deuda a mí me preocupa.

 

El segundo semestre.

– ¿Qué puede pasar en el segundo semestre?

– Yo no veo un escenario de reactivación fuerte. Los segundos semestres siempre son mejores que los primeros, cualquiera sea el gobierno, por el ciclo económico de la Argentina. Normalmente, el segundo semestre es el del cierre de paritarias, con lo cual se recompone el salario, hay medio aguinaldo y las empresas producen más porque las ventas tienden a aumentar en el último trimestre del año. Ahora, en un escenario donde en el peor momento de la situación de los trabajadores que es marzo y abril (se gastó mucho en las fiestas y vacaciones, la tarjeta de crédito está abultada, la paritaria lejos, viene la canasta escolar, etc.) cae el tarifazo de servicios públicos, hay estampida de precios de los alimentos y retiro de los subsidios a los medicamentos –que impactan sobre todo en los adultos mayores–, lo que se genera es que una parte importante de los ingresos de los sectores populares (salarios y jubilaciones) son captados por bienes imprescindibles: medicamentos, alimentos y servicios públicos. El resultado es que la porción que queda para consumo es menor. Por otro lado, está golpeado el tema del empleo, sobre todo en un sector que es muy multiplicador como la construcción. Si no hay reactivación fuerte de la obra pública tampoco es posible que haya un levantamiento fuerte del consumo. Y cuando el pueblo percibe que puede perder su empleo, restringe el consumo y aumenta la propensión al ahorro. Eso también conspira. No veo un segundo semestre en que la economía repunte y brille; puede pasar, pero será una incógnita. Habrá que ver si llega un flujo de inversiones muy fuerte al calor del blanqueo, que es la bala de plata del Gobierno para un shock de inversión.

 

El blanqueo.

– ¿Está de acuerdo con el blanqueo?

– Hay una realidad de la economía argentina, por eso yo quiero ser ecuánime: nuestro gobierno hizo dos blanqueos, sería injusto que criticara éste. Hasta que no se frene la fuga de capitales esto va a ser recurrente, porque todo el mundo sabe que hay por lo menos 200 mil millones de dólares de argentinos en el exterior. Algunos hablan de 300 mil y hasta 400 mil, pero razonablemente hay 200 mil, de los cuales no pasaban de 18 mil millones los declarados en la AFIP a 2014. Eso nos da que tenemos una economía bimonetaria, donde el peso funciona como una moneda transaccional para la cotidianidad, pero como reserva de valor funciona el dólar. Siempre hubo expectativa, y me hago cargo también de nuestro gobierno, de poder generar condiciones para que eso refluya. Este gobierno no es la excepción, lo intentará, no puedo pronosticar si le va a ir bien o mal. No pasa sólo en la Argentina, pero acá se nota mucho porque en algún momento se hace complicado el tema del sector externo.

– Para usted sería la última carta del gobierno…

– En términos de la lluvia de dólares, sí. Hasta ahora, para el sector agropecuario que es el gran proveedor de divisas (porque la industria también lo es, pero deteriorado Brasil que es nuestro principal comprador, hay problemas) se le dio la baja de retenciones al trigo y maíz completa, y 5% en soja, se benefició con la devaluación y con el precio de la soja que pasó los 400 dólares por tonelada. Pero el primer semestre del año, que es de liquidación de divisas porque en febrero se comienza a levantar la cosecha, eso no se reflejó en la suba de reservas. Si tomé deuda, si además hice un montón de políticas que favorecieron al sector proveedor de divisas y tampoco llegan, estoy agotando las cartas. Queda el blanqueo, porque en algún momento vamos a tener que ir a una tasa de interés que no sea del 35%, y en este modelo económico la única forma de bajar esas tasas es que ingresen divisas.

– ¿Cuál será la variable de ajuste si eso no pasa?

– La que viene siendo: un ajuste sobre el consumo interno por distintos mecanismos. Son los programas ortodoxos: tasa de interés alta, recorte en el gasto y por ahí una subida del tipo de cambio. Hoy estamos en un programa de ajuste que el Gobierno dice que es transitorio, que en el segundo semestre salimos de esto. Va jugando fichas, pero el hecho es que estamos en junio y no estamos viendo que eso pase; y si no pasa va a tener que continuar con este esquema de ajuste.

– Hubo declaraciones que apuntaron al nivel de consumo de la clase media…

– Eso fue una declaración muy fuerte de Javier González Fraga que refleja también un pensamiento de la derecha argentina. Ellos pueden endeudar el país, quebrarlo cada tanto: no importa; ahora, cuando al trabajador le va bien, es algo que está mal. El punto es que ahí empieza a jugar la sustentabilidad política, porque el año que viene hay elecciones de medio término. La gente se preguntará “¿qué dijo este hombre, que yo no me puedo comprar un televisor?”. Esa situación genera mucha tensión. Si el objetivo realmente es bajar el nivel de vida del pueblo argentino… La gran apuesta del gobierno de Fernando de la Rúa fue alcanzar el investment grade, y en función de eso planteó una serie de sacrificios para que llegaran los dólares. Todos sabemos que eso no pasó. Si volvemos a recorrer esos caminos, puede ser complicado.

– En estos 12 años hubo problemas económicos también, como la fuga de capitales, y no se escuchó una autocrítica fuerte sobre cosas a corregir…

– Hay varias discusiones. Hablemos de la fuga de capitales: durante la vigencia del mercado libre de cambios, hasta 2011, efectivamente si uno mira la balanza de formación de activos en el exterior hubo una salida de capitales de cerca de 75 mil millones de dólares. El primer dato interesante de eso es que no fue financiado con deuda. Fue el primer caso donde los que se iban eran los dólares que venían de la exportación. Pero es real que no hubo una apuesta en ese sentido. Por otro lado, no es menor que el Gobierno, vía retenciones y vía política de subsidio a la industria, logró redireccionar buena parte de la renta exportadora hacia la expansión del consumo interno. Y además logró desendeudar, por lo que el Estado quedó libre de la cadena de la deuda, con lo cual pudo ampliar jubilaciones y asignación por hijo. A partir de 2012 hay un escenario de insuficiencia de dólares en la economía. El modelo nuestro se financió con dólares que venían de la exportación, que tuvo su pico en 2011 con 83 mil millones, y cuando nos fuimos estaban en 65 mil millones. O sea, se perdieron 18 mil millones en el segundo mandato de Cristina. Se utilizaron las reservas acumuladas en períodos anteriores para cubrir el bache de debilidad externa sin ajustar, y mantener políticas fiscales y monetarias expansivas. Es cierto que el país creció menos, y ahí empieza una tensión con el sector empresarial que respondió bajando la inversión y subiendo los precios frente a las políticas de expansión del consumo, porque no tenía capacidad de acumular renta. Hubo, además, un intento de regularizar la situación con el exterior, y ahí nos topamos con el juez Thomas Griesa.

 

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