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La era Macri, mes uno

Son 31 los días que han pasado desde que el presidente Mauricio Macri asumió la primera magistratura de nuestro país. Luego de las discusiones sobre dónde debía hacerse el traspaso de mando, la gente que se agolpó para recibir al Presidente, el baile en el balcón y los distintos sucesos de aquel 10 de diciembre de 2015 llegó el tiempo de gobernar. Mucho ha sucedido en este poco tiempo y a un ritmo vertiginoso. Por supuesto que en estas cuatro semanas no puede hacerse un balance de gestión, pero sí un análisis sobre lo que se intenta hacer y qué podemos esperar de aquí en adelante. Abelardo Del Prado / politólogo / Dos Florines

Todo es risas y alegría en los primeros días de un gobierno, todo es intriga y novedad. Los nombres, los cargos, las ideas, las palabras, los modos, todo pareciera ser una noticia digna de prestar atención. Simbólicamente la administración macrista supo sacar un gran rédito de este período y lo sigue haciendo.

Bajo la consigna “unir a los argentinos” el nuevo gobierno se diferencia de su predecesor, y sus primeras acciones buscaron transmitir este concepto. Así, el primer día, Macri se reunió con sus competidores de las elecciones y el segundo día se reunió con todos los gobernadores (imagen casi inédita en la historia argentina). El llamado a gobernar para todos y escuchando a todos se puso en marcha la primera semana.

Nada está librado al azar en lo que respecta a la imagen del Gobierno nacional y el resultado está a la vista. A discursos largos y confrontativos del kirchnerismo se oponen discursos sencillos y moderados. La idea del trabajo en equipo también tiñe la rutina gubernamental, con reuniones de gabinete, gobernadores que desfilan por los despachos de la Casa Rosada y conferencias de prensa casi diarias, conferencias que nutren la otra idea de apertura que también se intenta transmitir desde Balcarce 50.

 

El que avisa no traiciona.

El nuevo gobierno aprovechó la armonía de esta situación inicial para avanzar a toda velocidad con su agenda, en especial con la económica. El 14 de diciembre, desde Pergamino, el Gobierno cumplió con una de sus mayores promesas de campaña: la eliminación de las retenciones a las exportaciones agropecuarias y la baja en la alícuota para la soja. Fue el primer paso para poder tomar la siguiente decisión: la eliminación del cepo cambiario.

La restricción cambiaria argentina, que producía seis tipos de cambio diferentes, llevaba a un desajuste en las expectativas de los actores que había puesto en jaque al sistema económico del país, que desde su implementación en 2011 prácticamente no creció. La medida debía tomarse y durante 2015 los presidenciables coincidían en ello, con diferencias sobre el tiempo de realización.

En campaña, Cambiemos había prometido un dólar de equilibrio a implementar lo más rápido posible. Seis días bastaron para que el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, anunciara el fin de la restricción cambiaria. El mercado único de cambios se estrenó la segunda semana del gobierno con una performance más que aceptable, sin la intervención del Banco Central.

Por otra parte y cumpliendo con otra promesa de campaña, la Nación intervino sobre el Impuesto a las Ganancias y creó otro régimen para importaciones. Por ello, nadie puede argumentar que Macri y los suyos están haciendo otra cosa diferente a la que prometieron en el plano económico.

 

Decretando el cambio.

En el plano político, sin embargo, el líder de Cambiemos pateó el tablero el 15 de diciembre cuando designó en comisión dos jueces para la Corte Suprema. La movida no prosperó, Macri volvió atrás con su decisión pero dejó pasmados a todos, propios y opositores. La audacia contradecía la veta republicana tan mentada por su espacio político. Y eso no iba a ser todo.

Cuando un Presidente asume el Congreso se encuentra en receso, por lo que es normal que el mismo utilice decretos de necesidad y urgencia (DNU) para dar forma al nuevo gobierno, y así lo hizo Macri. Pero los DNU no terminaron allí, de los 57 decretos que lleva firmados el titular del Ejecutivo, cinco son DNU: modificación de Ley de Ministerios, modificación de Ley de Presupuesto, transferencia de Afsca, creación de Enacom y postergación del Código Procesal Penal. La controversia se genera en estos últimos tres, dado que se legisla en materias no permitidas y sin necesidad y urgencia aparente.

¿Cómo puede el Presidente incurrir en este error? El cálculo hecho desde Balcarce 50 es que se precisa demostrar un Presidente fuerte. Macri busca golpear primero para luego negociar con la oposición peronista. Desde la Presidencia se estima que el mensaje debe darse ahora, sin llamar a sesiones extraordinarias al Congreso, y en marzo dialogar con los legisladores, quienes responden a gobernadores con situaciones fiscales precarias. El Gobierno hereda muchas cosas del kirchnerismo, y una de ellas es una fabulosa capacidad de disciplinamiento de las provincias. Muchos analistas pensaron que Macri no la utilizaría. Se equivocaron.

 

Complicaciones.

Los primeros días corrieron sin más complicación hasta que apareció el primer gran problema y provino desde Entre Ríos. La creciente del río Uruguay y luego la del Paraná trajeron consigo a las primeras líneas de la Nación a la provincia, lo que incluyó al Presidente en persona,  lo que fue reconocido y agradecido por el gobernador Gustavo Bordet.

La segunda complicación llegó con las fiestas: el escape de los sicarios Martín y Christian Lanatta y Víctor Schillachi puso de relieve los desperfectos del sistema penitenciario, policial y cómo los permea la trama del narcotráfico. Con este hecho policial, digno de una película, surgieron acusaciones cruzadas de complicidad entre kirchneristas y macristas, lo que puso de relieve otro tema: la herencia kirchnerista.

En este sentido avanza la Presidencia, por lo que las últimas noticias hablan de la estructura del Estado mismo. Con la no renovación de contratos de miles de trabajadores, tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires y algunos municipios importantes, entró en debate el rol del estado y del empleo público. Revisiones de contratos o despidos, cada lado de la –todavía existente– grieta los define diferente, como a los cesanteados, trabajadores versus ñoquis. Para el macrismo la cuestión de fondo es cómo eliminar los remanentes de kirchnerismo de los resortes del Estado.

 

Cómo sigue el cambio.

Terminada la luna de miel, seguirán los retos verdaderos para el Presidente. Lo que continúa en la agenda económica es nada menos que la tríada paritarias - inflación - déficit. El acuerdo social que se precisa según el gobierno está en marcha, en especial para no erosionar las medidas cambiarias adoptadas. Asimismo aún resta la segmentación de subsidios a la energía. El gabinete económico confía que podrá enfrentar el desafío, dado el buen resultado de sus primeras medidas.

Pero no debe olvidarse que las políticas subsiguientes se adoptarán en el contexto de un Gobierno dividido, así se llama a los gobiernos en que el Poder Ejecutivo pertenece a un partido y el Legislativo a otro. Oiremos mucho sobre asegurar la gobernabilidad y sobre la interna del peronismo, que tomará mayor centralidad. Al macrismo le conviene un peronismo dividido y cooptar al sindicalismo, y al PJ le toca renovarse y reunificarse.

En este contexto ahondar “la grieta” pareciera ser la solución para la Casa Rosada. Unir a los argentinos no incluirá al kirchnerismo de paladar negro, el adversario a mantener por el PRO ¿Por qué eliminar al contradestinatario perfecto, al responsable de la situación actual del país e impedimento para la unificación del peronismo?, se preguntan los estrategas amarillos.

El cambio llegó para quedarse y recién empieza, pasó sólo un mes y luego se verá si serán 47 ó 95 meses más.

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