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San Rafael Reloaded: regresan los vinos del sur mendocino

Conocido desde siempre por sus buenos Cabernets y Chardonnays, el oasis del sur mendocino ahora alza la voz para ocupar un lugar en el mercado. ¿Qué tenés que probar para estar en tema?


A San Rafael no se llega. Se va. Porque para acceder a este oasis del sur de Mendoza debés cruzar no menos de 230 kilómetros de desierto desde la capital provincial. Y eso, sin contar que desde otros puntos del país el desierto es más extenso aún. Sin embargo, llegar tiene algo de mágico cuando se ven aparecer en la línea del horizonte ocre y achaparrado las interminables alamedas verdes. Ahí experimentás una suerte de alivio: sabés que al final de ese camino bajo un sol criminal hay un oasis. Y que en ese oasis hay suculentos duraznos, agua fresca y vinos perfumados.
Aislada de la capital mendocina, San Rafael tiene ritmo propio para medir sus logros y sus desarrollos. Esto explica el largo silencio que practicó en materia de vinos. Silencio que ahora llega a su fin ya que por primera vez este año las bodegas de la región se reunieron para relanzar San Rafael como un terruño vitivinícola. La cita tuvo lugar en el hotel Algodón Mansión (Recoleta) a fines de septiembre y tomó la forma de una feria llamada “Vinos de San Rafael, Terroir con Historia”.
Hay que decir que esta historia tiene más de cien años en elaboración de vinos, en la que se destacan especialmente dos variedades: Chardonnay y Cabernet Sauvignon, que ahora comienzan a tener contrapeso en otras, como Sauvignon Blanc en blancas, y Malbec, Pinot Noir y Bonarda en tintas.

 

EL SECRETO ENTRE LOS RÍOS
El oasis de San Rafael está emplazado de cara al viento del sur, por lo que una de sus principales características es la moderación tanto en sus temperaturas (cuyo promedio anual alcanza los 15 grados, como en Luján de Cuyo) y su altura promedio: entre 600 y 800 metros sobre el nivel del mar.
Con unas 18.000 hectáreas de vid plantadas sobre el lecho de los dos ríos de la región –Diamante y Atuel–, la otra gran clave de este terruño está en los suelos: un mosaico con tramos arenosos profundos, otros muy pedregosos, con manchas de limo y arcilla, pero siempre pobres y esqueléticos. A su manera, cada uno ofrece una característica distintiva sobre los vinos. Esto, sumado al hecho de que las bodegas son en su mayoría familiares –casi todas descendientes de italianos– hace de San Rafael una región especial. Tanto que desde 2007 es oficialmente una Denominación de Origen Controlada, con reconocimiento legal.
En cualquier caso, el dato a retener es que la región vuelve al ruedo para hacer valer sus credenciales. Así que ahora volverás a escuchar hablar de San Rafael. Y la próxima vez que vayas a Mendoza, tomate dos días y escapate al sur a probar sus vinos y conocer sus bodegas.

Bodega Iaccarini. Fue fundada en 1903 por Don Pascual Iaccarini que, cuando murió, donó su fortuna para la construcción de dos escuelas, cuyo nivel secundario enseña enología y agricultura. La finca original fue reacondicionada en 2009 por sus nuevos propietarios, la familia Méndez Collado, y volvieron al ruedo en 2011. De sus líneas de vino, Vía Blanca rinde homenaje al desfile de las reinas la noche antes al acto central de la vendimia. Con la enología de Gabriela Celeste –de EnoRolland– en su tercera añada Vía Blanca Bonarda 2012 ($69) es un tinto moderno y sencillo, con taninos vivos y un rico paso frutal, perfecto para la buena mesa.

Finca Martha. La bodega fue fundada en 1909 por la familia Biurrun y estuvo en funcionamiento hasta 1969. Puesta en valor en 2000, actualmente pertenece a la familia Barale que adquirió a su vez otra bodega en la zona. Elaboran uvas propias en un estilo entre clásico y moderno, con buena relación calidad-precio. Se destacan especialmente dos vinos de la línea Finca Martha. Por un lado el Chardonnay (2012, $48), de una rica frescura y fruta blanca evidente, perfecto para acompañar quesos, y Gran Malbec (2011, $85), que tiene el tranco suelto de los tintos bien logrados, con cuerpo y textura carnosa, muy grato de beber.

Jean Rivier. Bodega familiar en manos de los hermanos Carlos y Marcelo Rivier, fue fundada en 1954 por el inmigrante suizo Jean, padre de ambos. La bodega elabora uvas propias de San Carlos y San Rafael y su especialidad son los buenos blancos, entre los que hoy se destacan el Jean Rivier Sauvignon Blanc (2012, $65), muy delicado y floral, con boca fresca y delgada, de largo final floral. En tintos, el mejor vino de la casa es Tributo (2008, $250) un blend clásico de Malbec, Cabernet y Merlot, de destacable fineza, suave al paladar debido a sus taninos envolventes. Para buscadores de perlitas.

Roca. Alfredo Roca (nacido en 1939) pertenece a la segunda generación de una familia dedicada al vino. En 1976 fundó su propia bodega y con el tiempo anexó su empresa a la estructura mayor de la familia, alcanzando las 114 hectáreas en producción. La tercera generación hoy lleva las riendas del negocio, con Alejandro como enólogo, Graciela en comercio interno y Carolina en externo. A nosotros nos gustan sobre todo dos vinos. Dedicación Personal Sauvignon Blanc (2013, $90) que tiene un perfil delicado y floral, pero una boca cítrica y chispeante. El otro, Preciado (2001, $490), blend a base de Malbec, Cabernet y Syrah, consigue ser uno de esos raros vinos con evolución lograda, gracias a su impecable factura. Además, viene en un lindo estuche para hacer un regalo.

Goyenechea. Ubicada en Villa Atuel, al sur de San Rafael, la bodega está en pie desde 1868, cuando fue fundada como una estancia pueblo, por lo que sus instalaciones son únicas en su tipo dentro de la Argentina. Hoy en manos de la quinta generación de la familia Goyenechea, están embarcados en un proceso de modernización de sus marcas y de algunos estilos de vinos. Se destacan largamente el flamante Centenario Sauvignon Blanc (2013, $60), en la gama de los vegetales y cítricos, con una boca tirante; 135º Aniversario Malbec (2010, $190), de aromática frutal y compleja, con taninos mullidos, que a nuestro juicio viene a demostrar que el Malbec de San Rafael tiene mucho más potencial que el que se conoce hasta ahora.

Algodón Wine Estates. Parte de un emprendimiento de real estate, hotel boutique y cancha de golf con nueve hoyos, esta bodega de capitales extranjeros se construyó en 2002 como una avanzada de la nueva vitivinicultura en la región. Con 87 hectáreas plantadas, los vinos de la casa se comercializan bajo la línea Algodón

Wine Estate. De un claro perfil moderno, sobresalen especialmente dos ejemplares: Bonarda (2010, $132), de un color profundo, una aromática frutal y levemente alcanforada, como antesala de una boca gustosa; Pinot Noir (2009, $132), frutal y expresivo, con una boca ligera y con tacto de seda. El tipo de vino que, por su estética y sabor, llevarías para quedar bien en una cena.

Finca Dinamia. Alejandro Bianchi –creador de New Age, uno de los vinos más revolucionarios del mercado en las últimas décadas– fundó en 2008 Finca Dinamia. Se trata de un proyecto biodinámico, en el que la finca y los vinos forman parte de una filosofía de vida en la que el hombre trabaja en armonía con la naturaleza, siguiendo los conceptos atroposóficos de Rudolf Steiner. Produce BuenAlma Malbec (2009, $120), un tinto frutado y de cuerpo medio, de buena factura, al que no necesariamente se lo percibe como un vino singular, si pensamos en la filosofía que lo guía, aunque sí bien hecho. Probar para creer.

Bodega Argenceres. De capitales españoles, está emplazada al sur de San Rafael, apenas antes de llegar a Villa Atuel. La primera cosecha comercial de la casa fue la 2010 –año en que construyeron la bodega– y compone una avanzada de nuevos productores en la región, con fuertes inversiones. Elaboran blancos y tintos de perfil moderno, con la marca Lágrima y Lágrima Dramatis Personae. De esta última se destaca especialmente el Blend (2011, $75) que combina Malbec, Cabernet y Bonarda, en un vino sabroso, de paladar fácil y sostenido final frutal.

LA CASA EMBLEMÁTICA
Sin dudas, Casa Bianchi es la bodega más emblemática de la región, un poco por su escala y otro poco por el éxito comercial de sus líneas de vino a lo largo de los años. Fundada por Don Valentín Bianchi como El Chiche en 1928, creció de la mano de Enzo Bianchi hasta convertirse en bodega líder en la reconversión del vino en la década de 1990, y ahora, con la tercera generación al frente de la casa, se encuentra inmersa en un proceso fuerte de profesionalización gerencial. Se destacó siempre por sus Cabernets y Chardonnays en todas las gamas de precios. Dos son los ejemplares más interesantes a la fecha: Famiglia Chardonnay (2012, $85), un blanco expresivo, en donde la fruta y el roble adquieren un exquisito nivel de ensamblaje, bien apuntalados por una acidez refrescante; Particular Cabernet Sauvignon (2007, $185), un tinto complejo, frutal y especiado, con una boca envolvente y de tacto elegante. Perfectos para darse un gusto.

Fuente: Planeta Joy - Por Joaquín Hidalgo

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