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Cada vez más gente se satura y apaga el celular

La fascinación de estar conectado 24 horas se puede volver angustia. Hay aplicaciones para autolimitarse.

Llegar a cada semáforo era el objetivo. Quería parar el auto y leer lo que le habían contestado en Twitter. Después, la cena empezaba con la telenovela de fondo, el plato de comida caliente y los beeps del celular en la mesa. En rigor, también estaban ahí su esposa y los nenes. Por suerte, o por desgracia, al día siguiente arrancaba otra vuelta: más e-mails, mensajes en WhatsApp, el video del día en YouTube y muchas ganas de postear fotos. Días antes de cumplir los 40, Alejandro dijo basta. Y empezó a sacar el Blackberry de su intimidad.
El caso, relatado por un terapeuta consultado para esta nota, ilustra una tendencia que empieza a detectarse en diferentes ámbitos: fanáticos de las nuevas tecnologías que se "arrepienten" y empiezan a buscar ratos de "desconexión".
"Cada vez más gente pacta apagar los celulares, cuando sale en pareja o con amigos, no llevarlos al dormitorio, o no recargarlos durante el fin de semana", dice la médica psicoanalista Laura Orsi, de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). "Esta tendencia empieza a ser perceptible y debemos trabajar con los pacientes en indicaciones estratégicas para conectarse menos y recuperar la calidad de los vínculos afectivos", completa la psiquiatra Verónica Mora Dubuc, miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), especializada en juegos patológicos y adicciones comportamentales.
El fenómeno que protagonizan los que necesitan volver a la vida off-line no es solamente local, sino mundial: el periodista especializado en tecnología del diario The New York Times Nick Bilton contó hace poco que cuando se junta a cenar con colegas dejan sus smarthphones en un cesto para poder conversar tranquilos. Si alguien tiene la tentación de ir a buscar el suyo, recibe el castigo de pagar la cuenta. Hasta hace poco, se pasaban la noche probando nuevas aplicaciones.
Otro caso: Robin Sloan, 32 años, nacido en California, EE.UU. Experto en Internet, ex director de Medios en Twitter. El año pasado, cuando escribía su primer libro, decidió sacarse de encima el iPhone. "Necesitaba minutos para crear y no para leer el correo electrónico o los tuits", declaró. Empezó a usar un viejo celular Nokia que solo permitía a hacer llamados y a tomar notas con papel y lápiz.
Santiago Koval, licenciado en Comunicación y docente investigador de Nuevas Tecnologías en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), analiza: "Por la presencia constante de estos aparatos en cualquier lugar, por las fascinación que producen las pantallas lumínicas, que se han convertido en eje de nuestra sociedad, las nuevas tecnologías tienen un carácter invasivo y adictivo". Francisco Albarello, profesor de Tecnología de la Información de la Universidad Austral, agrega: "El celular, como toda la tecnología, encierra ciertas pautas de uso, muy seductoras y muy demandantes", lo que puede conducir a un uso exagerado. Para Mora Dubuc, "luces, colores y movimiento son factores de atracción muy fuertes". Por eso, en algún momento, se siente la necesidad de bajar la velocidad, como alguien que decide reducir la cantidad de cigarrillos que fuma por día.
Orsi evalúa que estar hiperconectado "puede aumentar el estrés y la jornada laboral, porque muchos siguen trabajando desde casa o contestando mensajes desde la quinta" y padecen la tentación de querer ver "qué es lo que me estoy perdiendo, cuál es la última noticia", sin relajarse nunca. Así, terminan complicando su propia calidad de vida.
El mercado captó el fenómeno y, paradójicamente, se lanzaron aplicaciones específicas. Una es AppCap, que puede bajarse al iPhone y permite limitar la cantidad de veces en el día que se ingresa a Twitter -o a cualquier otra red social, juego o programa-. También bloquear en un rango de horas, entre las 20 y las 6 de la mañana, por ejemplo, el acceso a Facebook. Del mismo modo funciona Freedom, un programa para Windows y Mac que en su página web explica: "Si las distracciones online matan tu productividad, estos pueden ser tus diez dólares mejor gastados". Otro caso: la aplicación SelfControl, "autocontrol" en español.
La publicidad también mueve sus fichas en el área de la tecnoadicción: la última en TV del programa Conectar Igualdad, que repartió netbooks entre los estudiantes secundarios, se llama "Apagala por un rato" y reza: "Todavía quedan preguntas que no pueden responder los buscadores".
¿Será necesario desenchufarse por completo para volver a disfrutar de lo esencial? Koval se muestra convencido: "Los nuevos desarrollos nos dan una posibilidad de circulación del conocimiento, de contacto a la distancia, que no hemos tenido nunca. En todo caso, habrá que aprender a hacer un buen uso. Simplemente, hay que darse cuenta de cuáles son los límites y hasta dónde le permitimos a estas tecnologías que nos invadan".

Fuente: Sin Mordaza / Clarín

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