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Guerra a las bebidas azucaradas

Hay una campaña internacional para convencer a los gobiernos de actuar como lo hicieron con el cigarrillo. Es parte de la lucha contra la obesidad y sus riesgos.

La lata de gaseosa llega rodando hasta mis pies. La levanto, reto al niño en bicicleta que la arrojó y falló el tiro al cesto de la basura. Debajo de la publicidad muy llamativa, en letra pequeña, aparece la información que vale (aunque para llegar a la verdad hace falta una calculadora): la bebida con sabor lima limón contiene una pizca de sal, nada de grasa, nada de fibra y 34,98g de azúcar -ocho cucharadas de té- y 135 calorías. Suficiente energía como para una carrera de una hora a campo traviesa. Es barata, también. Cuesta menos que la leche.
Si las estadísticas son correctas, este adolescente escocés que arrojó la lata vacía, bebe 287 latas, o su equivalente, al año: más bebidas con azúcar que cualquier otro niño en Europa. Eso sin hablar de otra cantidad considerable de azúcar en los cereales del desayuno, en el pan y hasta en las patitas de pollo.
Esto explica en parte que la calidad de los dientes de los chicos escoceses y los de Kazajistán sea la misma. Y quizá también que un sondeo de 2010 que abarcó 17 países haya demostrado que solamente los mexicanos y los estadounidenses son más gordos que los escoceses.
Por supuesto, las bebidas con azúcar dan trabajo no sólo a los dentistas. Si bien la industria de bebidas y alimentos todavía lo discute a rajatabla, los científicos coinciden en señalar problemas fatales que se originan en el consumo de azúcar. Bebidas con azúcar, adicción y obesidad están inextricablemente unidas: el exceso de azúcar en la dieta puede ser mayor causa de obesidad que la grasa. Los obesos tienen riesgo de diabetes, cáncer, hígado graso, demencia y problemas cardíacos a tal punto que sus costos de salud duplican los de personas con una masa corporal saludable. Se considera que las enfermedades del 'síndrome metabólico' asociadas a la resistencia a la insulina y la obesidad pronto superarán al tabaco como causa principal de cardiopatías en el mundo. Y probablemente también de cáncer.
El Dr. Robert Lustig lo dice de manera brutal: "Las cifras no mienten... como regla, los gordos mueren jóvenes". Este doctor en medicina y profesor de pediatría médica en la Universidad de California es considerado actualmente como el gurú de una campaña internacional destinada a convencer a los gobiernos de actuar con las bebidas azucaradas como lo hicieron con el cigarrillo. Ambos son análogos -hábitos innecesarios que cuestan mucho a la gente y a la sociedad. Para Lustig, los niños están en la primera línea de la crisis de salud provocada por el azúcar dado que las bebidas refrescantes y las gaseosas constituyen la forma más eficiente de administrar este "veneno". Es la palabra que él usa.
Los gobiernos, conscientes de que la sociedad ya no puede soportar la tensión de los polisacáridos, están iniciando una batalla monumental contra las corporaciones azucareras y alimentarias. Si los 40 años de guerra entre el gobierno y las grandes tabacaleras sirven de referente, la lucha será sucia.
Una característica de la vida moderna es que los jóvenes han comenzado a tener las enfermedades de los viejos -problemas de corazón, de hígado, cánceres, diabetes, etc. Que esto puede ser provocado por los cambios en nuestra dieta se sabe desde hace por lo menos 60 años.
La mayoría de los países experimentó un aumento en el consumo de azúcar de un 30-40% entre 1970 y 2000. En Escocia, se cuadruplicó en 60 años.
En el Reino Unido, la población come y bebe aproximadamente 70% más de azúcar de lo que el gobierno dice que debería, y las cifras de obesidad se han mantenido bastante estables desde que alcanzaron un pico máximo a comienzos del año 2000. Sin embargo, el consumo de azúcar tuvo su pico máximo en 1982 y los fabricantes de refrescos dicen que actualmente 40% de las bebidas gaseosas vienen "sin agregado de azúcar". ¿Por qué, entonces, las tasas de obesidad no han bajado?
El azúcar es azúcar -una simple sustancia química, y cambia poco si es exprimida de una fruta orgánica cosechada a mano u obtenida en una fábrica de maíz y remolacha. Y la fructosa es simplemente otro de los monosacáridos que forman el azúcar, sólo que con un nombre amigable derivado del latín. De hecho, la fructosa es la clave de todos los azúcares -y endulza. El azúcar de mesa es mitad glucosa y mitad fructosa.
Están pasando, no obstante, algunas cosas extraordinarias. Más de 30 legislaturas municipales de ciudades estadounidenses, desde Hawai a Nueva York, han discutido o propuesto reducir las bebidas endulzadas con azúcar, desde prohibiciones en las escuelas hasta disminuciones en el tamaño de las porciones y un impuesto a las ventas.

Fuente: Sin Mordaza / Clarín

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