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Back BAJO ESTRICTO OFF THE RECORD ¿Se redefine la relación de Urribarri con los empresarios?

¿Se redefine la relación de Urribarri con los empresarios?

Todo indica que la presencia de Martín Redrado y Alietto Guadagni abrió una brecha entre la necesidad de una agenda privada propia y las expectativas oficiales, y el Foro del Consejo Empresario de Entre Ríos estaría inaugurando un nuevo tipo de relación en una provincia donde el Gobernador y los hombres de negocios habían tejido lazos muy sólidos.  Gustavo Sánchez Romero  /  Dos Florines


Una de dos entre a y b y a partir de A.B.: a) El Gobierno provincial, o algún sector muy influyente de él, ha decidido redefinir la relación con el empresariado entrerriano; o b) Se puede creer meridianamente que la página cuatro del medio de comunicación más importante de la provincia está abierto a cualquier ciudadano de a pie dispuesto a brindar su opinión honestamente aportando a un debate abierto que se está dando por estos días en la provincia;
Como sea, hay que convenir que por primera vez en los cinco años que lleva la actual gestión de Gobierno en Entre Ríos se ha decidido -más o menos conscientemente pero de la forma más iracunda- establecer un punto de inflexión en su relación con el empresariado local, plataforma en la que había asentado gran parte de su estrategia de generar poder político propio a partir de la gestión, cuando asumió el Gobierno con una debilidad política que lo obligó a construir un paralelogramo de alianzas que le permitieran solventar un “proyecto de provincia con marcado perfil agroindustrial”, según lo expresan consecutivamente.
Y no es un dato menor para la política de una Entre Ríos que atraviesa un momento inédito en materia de restricción fiscal y contracción económica, primera luego de la profunda crisis concatenada a la salida de la Convertibilidad.
Una prueba de esto es la marcada desaceleración del crédito de tasa subsidiada en los establecimientos productivos, ora de los 544 millones que tiene el Nuevo Bersa en oferta, ora los del BICE (Banco de Inversión y Comercio Exterior) que no encuentran tomadores complacientes en  el territorio provincial.

Agenda.
No está claro quién es A.B. (iniciales del editorialista que el día lunes 28 de mayo pasado despabiló el adormilado arenero empresario), pero de su pluma se descuelga una definición política que no puede menos que ser acunada en el seno mismo del Poder Ejecutivo.
La inferencia es casi baladí, a esta altura.
En un aparado denominado “La agenda del enemigo”, el potencial exegeta deja notar un profundo enojo por la convocatoria hecha por el Consejo Empresario de Entre Ríos para el próximo Foro de Competitividad y Desarrollo Sustentable, este año con anclaje en la institucionalidad de la provincia, de figuras como los especialistas Martín Redrado –economista vinculado con sectores ortodoxos pero ex presidente del Banco Central de este Gobierno con una salida escandalosa- y el ex secretario de Energía, Alietto Guadagni que forma parte del grupo de críticos que advirtió la crisis energética y el fracaso del modelo impuesto en la última década en la materia.
Es evidente que para algunos hombres del Gobierno esta elección empresaria para la grilla del evento más importante del empresariado en Entre Ríos es considerada poco menos que una traición, a juzgar por la utilización del concepto de “enemigo”. Esta claro que para el Gobierno es clave tener algún tipo de control sobre estos eventos, especialmente para evitar que se emitan documentos o posiciones públicas que puedan generar críticas a la gestión.
En 2011 se produjeron sendas intervenciones en los dos principales eventos que –además de definir un esquema público-privado- profundizaron una forma de relación que el Gobierno se planteó para con las entidades empresarias.
En junio del año anterior, se logró la promesa de presencia en Paraná, a través de la gestión de Sergio Urribarri, de la presidenta del Banco Central de la República Argentina, Mercedes Marcó del Pont. Ésta desistió de cerrar el Foro del Consejo Empresario entre un clima tormentoso en el cielo que habría impedido el despegue del avión y un no menor turbulento pronóstico de parte de los más de 500 empresarios presentes ante las primeras luces amarillas que comenzaba a marcarse a la vera del “modelo”.
Este desplante cayó muy mal un año atrás entre los empresarios, aunque oficialmente se aseguró que sólo se trató del indeseado efecto de las inclemencias climáticas.
Un episodio no menor ocurrió un par de meses después, en el festejo del día de la Industria que anualmente se celebra en conjunto entre el Gobierno y la Unión Industrial de Entre Ríos donde se presentaba con una agenda de puñado de temas difíciles. Allí se destacaban el tema de la inflación y la crisis energética. No obstante, la mayoría de funcionarios y disertantes afines a la política oficial privaron de un debate al respecto, donde sólo se escucharon algunas voces disonantes de parte del abogado del UIA, Daniel Funes de Rioja, y algún esbozo de preocupación en el discurso del por entonces presidente, Carlos Galuccio.

Dolor.
El concepto de “enemigo” y su descripción pública caló hondo en el tejido empresario que sintió que “algo se rompió en la relación” que se había construido –a pesar de los avatares y diferencias- con mucha confianza en cuatro años de trabajo integrado. Muchas de las decisiones que Urribarri tomó para el sector las hizo en línea directa con los principales dirigentes empresarios, y se valoró desde este lado la definición de un hombre de la política de generar una relación diferente y eliminar las distancias que tanto Jorge Busti como Sergio Montiel no hicieron más que profundizar.
Tanta fue la cercanía de los dirigentes de las entidades empresarias que en algunos casos generó diferencias al seno de las propias entidades, que desarrollan un proceso de robustecido institucional y mayor debate interno, en esos últimos diez años en Entre Ríos.
Sin embargo, esto estaba cambiando en los últimos meses, y esto es tan cierto como que desde ambos lados del mostrador se seguía apostando a profundizar un esquema que había sido beneficioso para ambos.
Por eso es que el aparente cambio que se plantea desde el Gobierno o algún sector de ascendencia sorprendió y generó “dolor y preocupación”, y no sólo en el Consejo Empresario cuyos dirigentes prefirieron no hacer declaraciones públicas al respecto. Una recorrida por el humor de todo el arco empresario sobre tema mostró un sentimiento generalizado.
“En Entre Ríos somos pocos y nos conocemos mucho, y un ataque así a una entidad genera preocupación en todo el resto”, expresó un dirigente provincial que pidió reserva de su nombre.
Pero el malestar fue más allá y llegó hasta los propios empresarios que tenían una marcada identidad con el Gobierno provincial y los fundamentos del Kirchnerismo, quienes sintieron que la definición política también les pegó en el mentón como un sorpresivo upper cut que se surcó el aire del cuadrilátero cuando la campaña ya había sonado.
De este modo, es incierto el destino de la relación entre el Gobierno y el empresariado, aunque no se vea por el momento el beneficio de la medida, a menos que se entienda que Sergio Urribarri decidió profundizar su discurso en sintonía fina con el Gobierno nacional. Quizá en este marco encastre lo que dijo en la última reunión partidaria realizada en Concordia, donde garantizó la obra pública futura y alentó “a seguir consolidando este proyecto y tocando cada vez intereses más poderosos".
Es posible que esto no haya sido más que otra escaramuza con el sector primario de la economía provincia que se resiste a los cambios en los avalúos inmobiliarios y la presión fiscal sobre el campo; pero en una provincia netamente agroindustrial, para determinar el límite entre uno y otro se demanda de la tecnológica precisión de un ingeniero agrimensor.
Los cultores asiduos del poder en Entre Ríos no emergen solamente de las botas de lo más rancio de la vieja y necrosificada oligarquía provincial, sino que la última década también redefinió el concepto de “poder” en la provincia.
Todo indica que los empresarios están leyendo la opción a, y alguna secuela tendrá bajo la superficie de las representaciones y posicionamientos, públicos y privados. Sin embargo, nadie debe esperar ninguna respuesta individual o institucional “del enemigo”.
Pero si este cronista está equivocado y la opción que impera es la b, nada de lo aquí dicho tiene sentido.

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