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El abrazo del oso también es un abrazo

El que comienza no será un año más, y en esto coinciden los analistas y empresarios. Los datos de la realidad expresan que los números serán más ajustados, y en este contexto debe potenciarse el vínculo entre los empresarios entrerrianos y Sergio Urribarri. El Gobernador entendió como nadie las necesidades prosaicas de los empresarios y logró un apoyo inédito. Una reciprocidad bajo la lupa en tiempos de mayores turbulencias.  Gustavo Sánchez Romero / Para XMÁS

En el segmento temporal de mayor crecimiento de Entre Ríos, las entidades empresarias de la provincia desplegaron un tejido muy fortalecido y, quizá, liderando el modelo regional. La historia juzgará el período, pero luego de la preeminencia justicialista, es extraño observar como los ejes del discurso se desplaza y los posicionamientos acerca de la economía, las inversiones y las variables técnicas de la producción se imponen en las construcciones discursivas del poder.
De allí que no sea casual que quienes escucharon a Sergio Urribarri cuando se dirigió a la Asamblea Legislativa brindando su informe de gestión, el 15 de febrero pasado, hayan advertido que, nuevamente, comenzó, articuló y enfatizó su discurso en el crecimiento económico de la provincia, el vigor de algunos indicadores e, implícitamente, la relación con los actores privados.
Sin ruborizarse por la prosopopeya, ante quienes los hubiesen aplaudido de cualquier modo, entendió que “Nuestra economía creció al promedio de 9 ó 10 % anual, siempre por sobre la media del país que a su vez es uno de los que más expande su economía en el mundo. Es decir, que haber crecido por encima de la media nacional es todo un logro de los entrerrianos. Eso, y no otra cosa, es el incremento de la producción y las exportaciones (sic)… Tenemos un récord en los últimos cuarenta meses: un promedio de nacimiento de cinco Pymes por mes. Nos llena de orgullo, pero también de compromiso hacia el futuro…”.
En un esquema donde osciló varias veces entre los pronombres “mi” y el “nuestro” a la hora de referirse al Gobierno provincial, el tono de la alocución no perturba los datos de la realidad ni disfraza la trama de relaciones que fueron tejiendo el reticulado que sirvió de base para el despliegue de sus primeros cuatro años de un hombre pragmático al frente del Ejecutivo.
La provincia vive un momento inédito, a juzgar por su historia y por la recuperación del Producto en un prolongado ciclo económico positivo, contexto que Urribarri supo usufructuar como prestidigitador ante los ojos de niños de empresarios azuzados por años de frustraciones.
Si bien es el sector privado quien impulsa siempre el crecimiento y aumenta la riqueza de un territorio, en Entre Ríos la inversión pública jugó un rol clave –especialmente con flujos nacionales-, con un esquema de articulación política más bien novedoso. Dicho de otro modo, fueron las rentabilidades de las empresas las que disimularon las deficiencias estructurales o los cambios que demoran en llegar.
Quizá convenga decirlo meridianamente: mientras los empresarios ganen dinero siempre será más fácil conseguir el respaldo; pero aún así, esto no garantizará a la política lograr la confianza que pueda edificar una relación abierta que escape a las críticas en los medios.
Ese quizá haya sido el más importante de los méritos de Sergio Urribarri en los pasados cuatro años en la relación con el sector privado: desembarazarse de preconceptos para levantar el teléfono, posar para la foto o ponerse al frente de la gestión ante las demandas más nimias. Sergio Montiel y Jorge Busti consideraron la relación con los empresarios como baladí e inconveniente. Aplicando la ley del opuesto, el actual Gobernador logró cimentar un camino basado en dos aspectos clave: confianza y resultados. Como casi todos, el viento a favor tienta al gobernador –como sucede con los medios de comunicación- a un abrazo inconveniente y extemporáneo. Sin embargo, y que no suele a consuelo, el abrazo del oso también es un abrazo.

Experiencias.
Este novedoso modo de relacionamiento para la historia provincial generó debates al interior de las entidades privadas de Entre Ríos que muchas veces se vieron superados por la dinámica propia de la política, cierta picardía intrínseca al estilo desestructurado de Urribarri y alguna inexperiencia para anticipar la figura en picada con los brazos abiertos buscando el encuentro afectivo.
Con todo y ciertamente, Urribarri pudo sentir que los empresarios acudieron estos años a él como a una epifanía.
Por conveniencia sectorial en muchos casos, por expectativas honestas en otros, por compromiso ideológico en muchos empresarios que sintieron identificación setentista en las políticas del kirchnerismo y por mera especulación personal, muchos hombres de negocios sucumbieron ante el sublime canto de sirenas. Como Ulises, otros, los menos, ensayaron la estrategia de atarse al palo mayor para sostener una posición que los ubique un poco más equidistante de la vehemencia del poder y sus posiciones históricas. Sin embargo, la necesidad tiene cara de hereje y la personalización del cometido de la demanda (léase infraestructura, compensaciones, créditos, misiones comerciales, Etc.) que Urribarri tomó como propia le permitió a la hora de la gorra de los votos lograr una inédita cosecha para un gobierno peronista. Empieza un nuevo año y una nueva gestión. Un nuevo contexto puede articular un nuevo escenario. Hagan juego señores.

Agenda.
La economía creció. Las empresas crecieron y la evolución de las entidades que las nuclean no podía ir en saga. La Unión Industrial de Entre Ríos y el Consejo Empresario de Entre Ríos han sido –durante la primera gestión urribarrista- las más cercanas, las más consultadas pero también las más expuestas, lo que no ha sucedido sin turbulencias y acalorados debates intestinos. Por ser las más grandes en tamaño de las unidades productivas, éstas tuvieron mayor influencia sobre el Gobernador que acudió solícito a resolver los problemas coyunturales y debatió –tanto en privado como a la luz del día- los principales temas de la economía provincial, especialmente programas especiales de financiamiento e infraestructura.
Y sino fuera porque Amado Boudou –a la sazón ministro de Economía de la Nación- que en su visita al Parque Industrial, en septiembre de 2009, descabezó la iniciativa sin contemplaciones, Urribarri casi logra el apoyo nacional para la tan demandada ley de promoción económica que los popes del empresario entrerrianos tienen aún en lo más alto de sus agendas y expectativas.
Esto no fue gratis. Nunca un Gobierno provincial había logrado una relación tan estrecha con el poder económico y encontró el flash de la foto compartida cada vez que se lo propuso. Casi no se escucharon críticas públicas y sólo en algunos documentos técnicos se abrieron las hendijas para saldar las diferencias. Las entidades dicen que el diálogo con el Gobierno es clave, que muchas reivindicaciones sectoriales se lograron con este método y que la sociedad civil no está para gobernar sino para tender puentes para resolver los problemas.
“Las diferencias se han planteado siempre en diálogos privados que se mantienen y la UIER ha logrado consolidarse. Que no se haga pública una crítica no significa que no se tenga o plantée. Son estrategias que la entidad siempre ha tomado, incluso en los tiempos conflictivos entre Gobierno y campo buscamos sumar y aportar creyendo que la Legislatura debía resolver los problemas”, aseguran desde la entidad fabril, que postula una relación particular con el Gobierno con prescindencia de lo que pueda acometer la UIA a nivel nacional. 
“El Consejo Empresario seguirá la línea de articulación pública-privada. No queremos que el Estado nos absorba a defina agenda, pero tampoco podemos pretender tener incidencia en las decisiones del Gobierno”, adelantan desde el CEER.
La Federación Económica de Entre Ríos –la otra gran entidad en cuestión aunque con menor peso específico en la consideración oficial- define el concepto frontalmente y sin eufemismos: “Valoramos las que se hacen bien, señalamos las que se hacen mal y reclamamos por lo que aún falta”, y aseguran que disfrutan de compartir un foro con el Gobierno pero no dudan en reclamarle a la Presidenta una reforma en el sistema tributario.
Pero este parece ser un año bisagra en este derrotero. Las principales entidades renuevan sus comisiones directivas, exceptuando el CEER donde Bourdin tiene mandato hasta abril de 2013. La UIER busca convencer a Antonio Caramagna, el CEO de Johnson Acero para que lidere el próximo proceso, pero el hombre deshoja la margarita con el argumento que no es propietario de empresa alguna. La columna de opinión de Carlos Galuccio –actual presidente- en el número anterior de X MÁS quizá adelante posiciones más jacobinas hacia el futuro, sobre todo porque Caramagna despliega una honestidad y firmeza poca veces vista, y Eduardo Tonutti –otro candidato para la entidad fabril- entiende como nadie los avatares de la política y sabe que se vienen tiempos difíciles y sin el barlovento y con rentabilidades menguadas, pueden resurgir tensiones olvidadas.

Diferencias.
Pero el mismo Urribarri que augura y trabaja por “la existencia de herramientas de política económica propias que dinamicen la economía y promuevan un soporte estable para la inversión de nuestros empresarios”, algunos párrafos más adelante entiende sin disimulo que “la economía estatal no ha podido apropiar la parte del excedente del fuerte crecimiento de la economía provincial que legítimamente le habría correspondido. Y ahora, aunque vamos a recuperar posiciones, vamos de atrás. A esa carrera es a la que estamos asistiendo en Entre Ríos. Impuestos provinciales bajos, diría muy bajos y recaudación modesta, en un contexto económico de crecimiento fuerte de la economía privada que demanda a su vez más gastos estatales. Estas dos cosas han sido una combinación negativa para las finanzas que vamos a tener que superar. Y en eso estamos”.
Que nadie tenga dudas que allí reside la madre del borrego de las diferencias que ya se expresan, aunque lleve algún tiempo más en llegar a las rotativas.
Mientras Urribarri pide más impuestos –quizá sostenido en el sentido común en algunos puntos- las entidades siguen marcando allí mismo la bifurcación del camino. Con la promoción económica en aguas de borrajas, la coincidencia es casi unánime, exceptuando a Apyme que ha demostrado la coherencia y ha suscripto a libro cerrado la política nacional y provincial. “Apyme es una agrupación que siempre estuvo con un criterio progresista y de centroizquierda. Quizá algunos entiendan que perdimos visibilidad, pero no tuvimos oportunidad de reclamar por una fábrica que se cierra. Al contrario, gracias a Dios hoy no está ocurriendo eso”.
Mientras las entidades del agro fluctúan con variables como Niña o Niño y el precio internacional de las commodities, y las corporaciones para el desarrollo quedan subsumidas por la coyuntura local, las principales entidades ya han alzado en lo impositivo el estandarte del porvenir, el Gobierno comienza a debatirse entre el ajuste para sostener el superávit fiscal y lograr mayores ingresos y no habrá inspectores que puedan impedir la colisión que se dará en nombre de la competitividad provincial..
Los empresarios piden cambiar el esquema impositivo y  mayor control sobre los municipios que, al depender tanto de los flujos nacionales, tienden a subir tasas y generan una doble imposición simulada como con Higiene y Profilaxis que se convierte abiertamente en Ingresos Brutos para las cajas municipales.
Ninguna de las entidades –ante la consulta- responde que se enfriará la relación con el Ejecutivo por estas diferencias. Por el contrario, entienden que se sienten muy cómodos con un Gobierno con el articulan diálogo y política. Es que Urribarri entendió como nadie la naturaleza de la pulsión empresaria, y aún en tiempos en que la provincia navegue por aguas turbulentas, en Entre Ríos todos apostarán a no perder lo conseguido y a explotar el potencial. Cada vez quedan menos dudas que entramos al tercer mes de un año donde primará la reflexión, estará más lejana la genuflexión, y posiblemente sea el de la inflexión.

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