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Back BAJO ESTRICTO OFF THE RECORD Schunk; ni a favor ni en contra, sino todo lo contrario

Schunk; ni a favor ni en contra, sino todo lo contrario

¿Es la elección de Roberto Schunk una señal de debilidad o fortaleza para el nuevo período que se inicia en Sergio Urribarri?, parece ser una pregunta que sólo el tiempo responderá. En un esquema armado para mayor gestión política en tiempos menos dóciles, la relación con el sector privado y las dificultades que plantea el futuro dependerá de cómo funcione este tándem. Los puntos altos y bajos de un funcionario clave. Fuente: Gustavo Sánchez Romero  /  Revista X Más


Sergio Urribarri ha decidido salir a la cancha para jugar su segundo mandato con un esquema que pueda dar respuesta efectiva a un escenario que no será el mismo y que en su discurso de asunción reconoció como “más difícil”.
Él, como ningún otro, sabe que rumbo del ciclo económico está virando. No obstante, nadie cree que la Argentina se encuentre en el umbral de un proceso recesivo ni que la suerte de los principales indicadores micro y macroeconómicos le sean esquivas. Existen si sensaciones en mercados y actores que están advirtiendo que el país puede reconocer que existe un limbo entre el cielo y el averno donde se puede vivir con las pautas de la “normalidad”, estado que para los habitantes de este bendito suelo parece tan remiso como inexplicable.
Es probable que ya no se viva con la holgura fiscal de los años anteriores, que la crisis internacional haga mella en algunos sectores y las expectativas comerciales sean menores, que se incremente la conflictividad sindical luego de la ruptura entre el Gobierno nacional –al que el entrerriano suscribe casi a ojos ciegos- y el líder de la Confederación General del Trabajo; que la inflación vuelva a convertirse en el eje de las principales polémicas, que algunas batallas madres del Kirchnerismo se profundicen, especialmente contra los medios de comunicación dominantes o algunas corporaciones bien identificadas; sin contar con la variable política que en la Argentina tiene menos certeza que una taba al aire, especialmente en tiempos donde no se podrá, en principio, correr detrás de reelecciones.
El reconocimiento público de esto marca en Urribarri un estilo propio, en lo que parece ser la talla de los zapatos con los que terminará muriendo; y quizá enhorabuena.
El Gobernador entrerriano había anticipado meses atrás, entre bambalinas, que la Presidenta experimentaba un cambio en su relación con los empresarios, y eso quedó demostrado cabalmente desde el día que en se convirtió en la figura central de la Convención Anual de la Unión Industrial Argentina. Esto no implica un corrimiento ideológico a la derecha –como tampoco su alejamiento de la CGT-, aunque si debe leerse que también en la cabeza de Cristina existe una necesidad de un consenso distinto para afrontar un mundo en fuga de la racionalidad y el impacto que puede generar la inminente recesión en Brasil, que no podrá menos que impactar sobre la argentinidad. Nuevas alianzas y relaciones se tejen al interior del poder en el país.
Entre Ríos ha vivido los años más sosegados y de crecimiento de toda su historia, a no dudarlo y nobleza obliga.
Pero también es cierto que lo ha hecho en un contexto donde todos los distritos han experimentado un despegue impresionante, especialmente los de la Región Centro, aunque se puede advertir que algo de la brecha que existía comienza a recortarse. Lo bueno de estar en el fondo es que sólo queda ir subiendo. Eso ha hecho la provincia en este tiempo.
Pero como nada dura para siempre, el Gobierno provincial –todo indica y así parece haberlo pensado Urribarri a la hora de ir completando los principales casilleros de su gabinete- deberá congraciarse con un concepto que suele brillar más cuando aparecen los errores y no tanto en las virtudes: gestión.

DISEÑO.
No ha sido fácil diseñar el reticulado de nombres y cargos para esta segunda gestión manteniendo equilibrios y expectativas de los tiempos de bonanzas. Cuidando, personalmente, de no dañar el tejido provincial en el reparto ante un partido que se encolumna visceralmente detrás suyo y con su principal opositor en el ostracismo luego de la impactante derrota electoral. Con una legislatura dócil, el desafío fue un necesario esquema que mantenga la iniciativa política –la oposición hace mucho para que esto suceda- la verticalidad y lealtad en tiempos nuevos y sin escenario de continuidad para Urribarri; y la ya casi natural capacidad de resolución que ha mostrado en estos cuatro años el mismo Gobernador y que los empresarios le reconocen con un ¡shapó! con el sombrero al viento.
Nadie está dispuesto, al menos públicamente, discutir el armado de este gabinete, que se muestra sólido y con espíritu de gestión.
Sin embargo se despierta, al menos en este cronista, una pregunta que no tiene la menor incidencia e importancia, como casi no lo tiene el periodismo en el último tiempo: ¿Resulta la elección de Roberto Shunck un síntoma de fortaleza o debilidad en virtud de todo esto y la escena que habrá que escribir en el porvenir?
El ministro de Producción era uno de los nombres que sonaron con más fuerza para ocupar un escritorio en el pináculo del poder nacional, y su destino pareció estar marcado en el Ministerio de Agricultura, pero algunas versiones también lo ubicaron en su momento en Trabajo, cosa que él habría rehusado.
Pero en el reparto nacional, el nuevo esquema dominado por la cercanía presidencial, parece más haber favorecido a provincias como Buenos Aires y Tucumán que a Entre Ríos, Salta o Chaco. Agricultura es un reducto de la militancia de bonaerense, que logró colocar a Julián Domínguez en el pináculo del Congreso y retienen la estructura de esa cartera.
“Los pingüinos, más temprano que tarde, leen el currículum de los compañeros a la hora de los cargos. Cuando te sentás a la mesa y sirven el café, tu pasado te condena o te proyecta, y creo que las personas que se habían pensado para la Nación son sólidos técnicamente pero estaban rengos en ese punto”, describió con crudeza un funcionario intentando explicar porqué finalmente Schunk se quedó en estos arrabales.
En síntesis, en algunos lugares el peronómetro sigue funcionando y muy bien.
Pero con todo, este Roberto Schunk no es el mismo que debió asumir a los tropezones tres años atrás cuando la Resolución 125 se llevó puesto a Héctor Motta, Oscar Montero y Marcelo Barrera, tres hombres fuertes del economía real entrerriana.

PICOS.
Su paso por la gestión tiene puntos altos: destrabó el conflicto con los pequeños productores a fuerza de presencia, subsidios para los más sufridos y prestar la oreja toda vez que fue necesario; trabajó a destajo –valor que empresarios y el mismo Gobernador reconocen-; y planteó tres o cuatro ejes de gestión vinculados a intervención del Estado en sectores en crisis, que más allá de ser discutibles para propios y extraños, no dejan de ser una definición meridiana.
De hecho, la primera gestión que realizó –aseguran fuentes muy calificadas- ante el flamante ministro de Agricultura, Norberto Yahuar, fue la de presentar y bregar en Buenos Aires por la continuidad de los fondos para Cotapa (que sigue sufriendo los avatares del sector, aún ama un destino de grandeza, pero sigue andando sin pensamiento); la Cooperativa de Jugos de Villa del Rosario (que para productores y empresarios es sólo un paliativo ante la carencia de más salida de frutas frescas al mundo y donde la gestión de Urribarri por abrir EE.UU. abre más expectativas); y la recuperación del frigorífico Swift (abrazada por la burocracia porteña y con señales inciertas sobre lo que hará JBS con la venta y el tiempo que llevará recuperarlo como un espacio para mejorar su infraestructura y el sostenimiento de los pequeños productores del centro y norte de la provincia).
Pero hoy, el principal problema está puertas adentro.
Él mismo sabe que el futuro de estos proyectos depende del flujo que siga llegando de la Nación, en tiempos de esa palabra que ninguno quiere expresar: ajuste.
No es menos cierto que Schunk se ha recostado sobre su círculo áulico, muy reducido, y ha terminado la gestión con diálogo nulo con la mayoría de sus funcionarios, que al cierre de esta crónica todavía no tenían certeza alguna de su continuidad, aunque claro está, y naturalmente, que el ministro quiere rodearse a futuro de tropa propia.
Pero el caracú del hueso reside en que se trata, en principio y en su gran mayoría, de personas con solventes conocimientos en la materia, con años de militancia y que representan a sectores internos de la vida del peronismo, que hoy muerden el polvo porque “no se valora no sólo la militancia sino y directamente a la administración pública”, según reseñan algunos.
Los más lastimados y con las heridas sangrantes en su epidermis política fueron aquellos que estuvieron en la línea de fuego de la 125, faena no menor en tiempos en que los combates eran cruentos y muchos esquivaron las trincheras.
Este parece por estos días, a todas luces, un capítulo que se escribirá no sin lesionados, y aun cuando Urribarri marque la cancha como lo hace en otros ministerios, se reclama un cambio en la estructura filosófica de la gestión del profesor universitario.
“No nos sirve que él acapare todos los resortes de la acción política, que debamos depender siempre de su firma y de la obsecuencia que nos pide. Laburar como estos dos años desgasta y angustia. No he podido lograr que me atienda el teléfono de muchos meses a esta parte. Cómo se puede gestionar la política con este escenario, sobre todo porque en esta gestión, con menos plata, la política tendrá un rol imprescindible. Si me confirman en el cargo pero se mantiene esta forma yo prefiero irme a mi casa”. Palabras más, palabras menos, al menos tres altos funcionarios de la cartera de Producción coincidieron en el diagnóstico sobre el momento que se vive en el ala de calle Santa Fe del primer piso de Casa de Gobierno.
Pero como si a esto le faltara algo, según especialistas públicos y privados, el clima amenaza con poner el ancho de espada sobre la mesa ya que se anuncia un período de seca, y una  nueva Niña, aunque más moderada que la anteriores, y sobreviene para nuestros campos, afectando ya a la producción primaria tiempos aciagos. El maíz y el trigo comenzarían –vade retro- a experimentar nuevos problemas a los que ya tienen.
Para afrontar estos y otros problemas, schunk demanda un gabinete de nombres propios afín a su particular dinámica de trabajo que genera odios y elogios, simultáneamente.
Urribarri sigue siendo, en este contexto, el principal salvoconducto ya que ha sabido construir de cero –y allí se apoya gran parte de su poder actual- un buen articulado con las principales entidades empresarias del campo, la industria y el comercio, y el feed back de hoy es la garantía de mañana, lo que brinda a Producción una plataforma de acción más solidificada, aunque a seguro lo llevaron preso.
La marca en el orillo del urribarrismo es el propio Urribarri, y ahí no hay tu tía.
El resultado de las recientes elecciones no es otra cosa que este principio indiscutible de la matemática política, con precisión euclidiana.
Todo lo anterior, o casi todo, dependerá de cómo él se mueva.
Se trata del mismo hombre que reconoció que deberá ser el titiritero en un retablo más obtuso, y el que intentó una impronta con gestión política para los cuatro años que vienen.
Si Roberto Schunk es un síntoma de debilidad o fortaleza sólo el tiempo lo responderá, y la forma en que ambos puedan continuar motorizando un esquema lubricado, en muchos casos, con fondos de la Nación, es la llave a la puerta de un futuro que busca reconvertir el aparato productivo de la provincia, generar valor agregado y consolidar más y genuino empleo.
Urribarri sabe que no se le estará permitido ser pesimita ante el futuro, pero para este caso ha tomado la precaución de convertirse en un optimista bien informado. La definición acerca que se vienen “tiempos más difíciles”, no puede remitir a otra cosa.


Gustavo Sánchez Romero
Periodista especializado en economía y negocios
Editor de www.dosflorines.com.ar

 

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