DOS FLORINES

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POR QUE DOS FLORINES?

Porqué Dos Florines

En el siglo XII, los príncipes de Occidente y todas las ciudades de Italia se habían limitado a acuñar monedas de escaso valor de cobre o de plata, de título y peso muy variable (denarios, pequeños, gruesos, Etc.), que circulaban generalmente en el territorio comunal. En los contratos se fijaban siempre los precios según una moneda ideal (por lo general la Libra de 20 sueldos, de 12 denarios), pero era una ventaja muy limitada porque el valor de la misma moneda cambiaba de una ciudad a otra, o por lo menos, en grupos de ciudades.

Por tal causa se debía especificar en el contrato el tipo monetario a seguir; pero se entendía que debía tratarse de un valor corriente en aquel momento, mientras de un año a otro, o a menudo en menos tiempo, variaba el valor de la Libra con una constante tendencia a la disminución. En la práctica, la dificultad del comercio aumentaba enormemente por el hecho de que los pagos se hacían en moneda divisionaria local, que variaba de valor continuamente de acuerdo al capricho y el interés del partido que se encontraba en el poder o de las necesidades financieras de una comuna, y muy a menudo se acuñaban monedas faltas de peso, o monedas completamente falsas.

A mediados del siglo XIII, la República de Florencia era una potencia mercantil y económica en el Mediterráneo.

Los florentinos fueron los primeros en Occidente que acuñaron en el año 1252 una moneda parecida al Perpero o sueldo bizantino y al Maravedí árabe: el Florín de oro, que correspondía perfectamente, al momento de su acuñación, a Libra de plata de Lucca o Pisa.

Las continuas relaciones comerciales con países diversos y lejanos, las costumbres de las grandes ferias de los países del norte en las cuales ellos hacían el cambio de moneda y se encargaban de pagos y cobros por cuenta de terceros debieron haber despertado en el comerciante florentino el deseo de encontrarse en posesión de un medio de cambio que salvase cualquier dificultad y que fuese universalmente aceptado, y tal deseo debió ser aguzado por el contraste entre el desarrollo de la actividad productiva y las trabas contra las cuales debió luchar el comercio ciudadano, por la falta de una comunicación directa con el mar y sobre todo por la temible competencia de los de Siena por el comercio bancario.

El fin fue plenamente alcanzado. Al poco tiempo de su acuñación, el Florín de oro fue no sólo aceptado sino muy buscado en todas partes y llegó a ser la moneda universal del gran comercio internacional, y esta gran confianza se mantuvo constante por más de dos siglos, porque los florentinos supieron conservar inalterable el peso y el título, y mantuvieron de esta manera fijo su valor, mientras que la moneda de plata iba continua y rápidamente depreciándose.

El Florín de Florencia fue una moneda de oro cuya tipología fue muy homogénea, incluso en las imitaciones posteriores que de ella hicieron (debido a su éxito) en toda Europa, notablemente, en la Corona de Aragón, donde Pedro IV el Ceremonioso comenzó a acuñar el florín aragonés.

Esta fue, en el anverso, la flor de lis, emblema parlante de Florencia, con la leyenda Florentia y en el reverso, el patrón de esta república italiana, San Juan Bautista, en actitud de bendecir con nimbo y un báculo apoyado en su hombro izquierdo y superado con cruz, con la inscripción S.(anctus) Johannnes B.(aptista).

El prestigio del Florín florentino se debió en gran medida a la constancia de su peso y la pureza de su ley. Se trataba de una moneda muy valorada por su peso de 3,5 gramos de oro de casi 24 quilates, la más alta ley de las monedas de esta época.

Su valor era de veinte sueldos (solidus), pero la calidad insuperable hizo que solo veinte años tras su primera emisión ya valiera treinta sueldos. Tanta fue su estimación que pronto se erigió como moneda de cuenta en toda Europa. Hasta finales del siglo XIII fue ganando en valor y prestigio, que comenzó a decaer con la crisis monetaria del siglo XV y la aparición de imitaciones de menor calidad en el resto de Europa.

De algún modo, el Florín sentó las bases de un sistema de comercio y representa la arista romántica de una clase social y de un sistema económico que se preparaba para instituirse como universal apenas algunos siglos más adelante. El Florín de oro significa, en tanto símbolo, el umbral del renacimiento, una forma de confianza y seguridad de la primera globalización de la economía mundial.

Valores como respaldo, confianza, seriedad y un alto valor unitario también pueden acuñarse en un medio de comunicación de economía y negocios.

 

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